#47#

Edward llevaba toda la semana durmiendo mal. Estaba ojeroso, y las arrugas de su cara se marcaban demasiado. Ser realista y auto convencerse de que si hiciera lo que tenía en mente, le separaría de Bella, le ayudaba a quedarse en casa. Pero en qué estado.

Bella y él se encontraban en el salón, en frente del fuego. Cada uno tenía en sus manos un libro de la misma temática. Cómo ser papás. Estaban en ese momento en el cual, lo que venía, les sobrepasaba de alguna manera. Eran conscientes de que Antía no vendría con un libro de instrucciones. Pero Bella se dio cuenta que aunque su chico tenía el libro abierto, no leía nada en absoluto. La mirada perdida, la contracción de sus labios quedando estos como una fina línea de tensión. La mandíbula tan apretada que parecía como si los dientes le fueran a  estallar de un momento a otro.

Así llevaba siendo desde hacía días, y se sentía tan aislada. No le preguntaba en serio, porque su mente ya le había advertido de que quizá no le gustaría la respuesta, pero ya estaba algo cansada de no saber.

—Edward…—Le miró directamente sin siquiera cambiar la expresión.

Estaba tan sumido en sus pensamientos de lo que necesitaba hacerle a James, que ni se percató que era Bella quien le estaba llamando.

—Perdona…—Se disculpó al segundo cambiando el gesto.

—¿Qué pasa Edward?—Bella apartó su libro y respiró hondo, no las tenía todas consigo de que se lo fuera a decir. —Llevas por lo menos una semana así, apenas duermes, y…estás un poco ausente…

—No es nada, estoy…nervioso…por…ser papá…—Quiso salir del atolladero, y levantó el libro poniendo una pequeña sonrisa.

Bella se sintió decepcionada. Observó cómo él volvió la vista al libro y las dudas llegaron a su mente, raudas. Quizá ahora Edward se diera cuenta que no estaba preparado para ser padre, es posible que una vez pasada la efusividad sexual, además del reposo que impedía que tuvieran contacto de ese tipo, le hubiera hecho pensar. Trató de tragar, pero el nudo que sentía en su garganta se lo impedía.

Miró de nuevo al libro y una lágrima cayó en medio de aquella fotografía en la que salía un bebé mamando con su feliz mamá. ¿Y si era eso? ¿Y si se estaba arrepintiendo y ya no quería ser padre? Había notado desde hacía una semana que Edward apenas se acercaba a ella en la cama, que daba vueltas sin descanso y terminaba yéndose a dormir a otro dormitorio. Se limpió las lágrimas de manera discreta y trató de respirar hondo.

Si Edward no quería seguir adelante no pasaba nada, o de eso se quería convencer, porque se había convertido en alguien imprescindible en su vida, pero no lo obligaría. Ella estaba allí para serlo todo para su niña. Lo único que le alteraba más, era el tener que seguir en casa de los Cullen. Durante esta misma semana que Edward había cambiado y se le veía más distante, Kate había hecho un acercamiento a Bella. Hablaban poco, la hermana de su chico se había mostrado amable cuando estaba alrededor, no es que hubieran intercambiado palabra, a veces, los gestos, decían más que las palabras. Pero por mucho que con esa  familia se sintiera bien, si Edward no quería seguir con aquello, no servía de nada.

Sabía que tenía que seguir haciendo reposo, y que ya no era tan estricto. Hizo una nota mental para hablar con la Doctora Jackson, para preguntarle si podría cambiar de residencia sin que fuese un peligro para la nena. Tendría que hablar con Rose y con Emmet, a ver si a ellos no les importaba. Apenas serían ya unas semanas, la siguiente entraba en la semana 31. El parto estaba cerca.

Respiró hondo y Edward levantó la cabeza al escucharle.

—¿Te encuentras bien?—Cerró el libro.

—Claro. —Le sonrió, pero los ojos no mostraban esa sonrisa.

Bella estaba descansando en la cama tras la comida. Edward se quedó con Carlisle en el salón tomando el café. Esperaron a quedarse solos para hablar.

—¿Se sabe algo de lo de James?—Apenas podía contenerse. Solo deseaba que le dijeran que lo habían detenido. Estaba teniendo pesadillas con que se presentaba por casa y accedía a Bella de alguna manera.

—Le han detenido esta mañana. —Carlisle dijo  tajante y Edward respiró tranquilo—Parece ser que han descubierto que los materiales empleados en las construcciones eran de baja calidad, y se está investigando si pudo haber extorsionado al inspector de la obra para que se la aprobasen. Pero eso está por ver.

—Pero cuanta mierda tiene este tipo encima. —Edward se asqueó.

— Sabes que tu hermana está tramitando el divorcio. — Su hijo asintió mientras miraba al suelo, con los codos sobre sus rodillas. —Parece que las cosas volverán a su cauce. —Dijo un liberado Carlisle.

—Si…—Edward espiró fuerte y se recostó sobre el sillón. — ¿No vas a trabajar esta tarde?

—No. —Le sonrió pícaro. —Me llevo a tu madre a un Spa. Al Trumph Soho. Pasaremos la noche allí. —Le guiñó un ojo cómplice a su hijo.

—Vaya…Así que, celebrando algo ¿no?

—Celebrando que tengo la mejor mujer que puedo tener, ni más ni menos. Y que nos merecemos algo así. Por lo tanto…—Se levantó del sillón y se dirigió a las escaleras. — Nos vemos mañana que voy a hacer la maleta.

—¿Para una noche?—Edward elevó las cejas con una sonrisa.

—Tengo varios regalos para ella—Hizo un movimiento con las cejas con el cual Edward no quiso preguntar más. La vida sexual de sus padres era cosa de ellos.

Se relajó contra el sillón y pensó en los acontecimientos. James detenido, era cuestión de tiempo que ingresara en prisión. Esto hacía que Kate no se tuviera ni que plantear la custodia de Sofía, algo que le tenía en jaque realmente. Había pasado semanas planeando las visitas a través de un punto de encuentro familiar, vigilado siempre por especialistas y solo por horas, pero ni siquiera eso le convencía después de lo que había visto en su casa. Edward no pudo retener la información sobre las fotos cuando Kate le dijo lo de James, quizá hubiera sido  mejor no decírselo, pero ni siquiera lo pensó mientras lo hacía. Kate quedó horrorizada al saber que esas fotos eran realmente de Bella, pero le prometió que las recuperaría. Sintió una vez más que desconocía demasiado a quien fue su marido.

Ahora solo le quedaba esperar junto a Bella, a que Antía viniese al mundo sana  y salva. Se sonrió, casi por primera vez desde hacía semanas. Pensó en subir y despertar a Bella para darle la noticia de James. Sabía que había estado un poco ausente desde que Kate le dijo todo aquello que había visto en su casa, pero eso ya por fin quedaría atrás. Solo esperaba que ella no lo hubiera notado mucho. El irse a dormir a otro cuarto a media noche para no molestarla con sus malos sueños era algo que llevaba mal, pero Bella no parecía darse cuenta. Él estaba bien con eso, porque lo que menos quería era preocuparla.

Media hora después de que Carlisle y Esme abandonaran la casa como dos enamorados, Kate y Sofía entraron por la puerta principal. LA pequeña se abalanzó a su tío en cuanto le vio si dejar que su madre le quitara siquiera la bufanda y el gorro.

—¡¡Tío!!—Se subió a su regazo y le besó la mejilla con sus fríos y rojos labios.

—¿Qué tal el cole?

—Bien, pero tengo una profezora nueva para hablar.

—La logopeda. —Informó Kate.

—Pero no ze zi queiro, porque yo hablo ya mucho. —Le miró con los ojos muy abiertos. — Ademáz yo quería hacer ballet con Chriztine. Y con eza profe no voy a poder. —La mirada se le entristeció.

—Pero no va a ser para siempre, es posible que el año que viene puedas hacer ballet.

—No con Chriztine, ella zabrá maz que yo y no estaremos juntaz. Ya me lo ha dicho.

—Ven cielo, vamos a quitar ese abrigo, hace mucho calor aquí.

Kate ayudó a su hija a sujetarle las capas de abrigo y le animó a subir a su habitación a ponerse la ropa de casa. Entró en el salón con una mirada taciturna. Edward pudo hacerse una idea.

—¿Te has enterado?—Se sentó a su lado.

—Si. —Puso la mano sobre su rodilla apretándola ligeramente.

—Bueno, supongo que esto me hace las cosas más fáciles. —Al mirarla se dio cuenta de que le temblaba el mentón.

—Kate. —Le susurró tratando de consolarla sin saber nada que decir al respecto.

—Me siento tan engañada Ed…—Sollozó. — ¿Cómo es posible que durante años haya estado tan ciega y enamorada de un hombre tan vil?—Le miró de soslayo y volvió la vista al suelo, de manera que las lágrimas impactaron contrala tarima del mismo.

Edward la abrazó con fuerza dejando que llorara sobre él. Dándole el apoyo silencioso que necesitaba, pues no había mucho más que decir.

Tras unos minutos en silencio, con solo el crepitar del fuego y los sollozos de Kate, Edward habló.

—Es lo mejor para vosotras Kate. De esta manera no tienes que luchar por su custodia. Está claro que Sofía echará de menos a su padre, pero nos tenéis a todos. Eres una gran madre, no te vengas a bajo, a veces el amor hace que estemos muy tontos. Pero lo bueno es que no te has dejado arrastrar.

—Gracias a Bella, que le echó valor para hacer lo que hizo. —Era la primera vez que Kate hablaba del tema, y agradecía el esfuerzo que había sido para Bella todo aquello.

—Ahora a seguir con la vida, nadie dijo que esto de vivir fuera fácil ¿no?—Kate le miró sonriendo ligeramente y Edward le plantó un beso en su mejilla húmeda. —Te quiero hermanita, y sabes que siempre podéis venir a la isla a pasar unos días.

—No sé, esa Isla Ed…

—Esa isla no tiene la culpa, ven a crear nuevos recuerdos. En primavera aprovechando las vacaciones de Sofía podrías coger unos días, incluso forzar a los papás a que se vengan.

—No creo que sea necesario forzarlos mucho, ya sabes, mamá se muere por ver dónde está tu “casa”—Ambos hermanos rieron y así les encontró Sofía.

Bella llamó a Rose tan pronto como habló con la Doctora Ariane. No quería seguir sintiendo todo aquello cada vez que veía a Edward. La  inseguridad, su ausencia a pesar de que estuviera en la misma sala. Había cambiado tanto en una semana. Estaba incluso más arisco que de costumbre, o por lo menos eso le parecía a ella.

—Hola cielo ¿Qué tal estás?—La voz cantarina de Rosa le hizo sonreír, se le notaba tan feliz desde que estaba con Emmet que era una delicia hablar con ella.

NO es que antes no lo fuera, pero esa brusquedad que parecía tener contra todo se le había disipado.

—Hola Rose. Tumbada, estoy tumbada. –Le dijo con la voz lo más alegre que pudo.

—¿Qué pasa?

—No lo sé Rose…pero creo que lo mejor es que me fuera de aquí. —A bocajarro, Bella lo soltó sin darse cuenta de cómo sonaba aquello de repente.

—Frena, frena, frena… ¿Qué me estás diciendo?

—Creo que Edward no está bien conmigo, y  es posible que se haya arrepentido de todo esto Rose. —Golpeó la colcha dejando caer la mano de manera brusca. — Lleva una semana muy ausente, no me dice nada y ni siquiera duerme conmigo…

—¿Pero te ha dicho que no quiera ya estar contigo o algo?

—Se lo noto Rose, no soy estúpida.

—Eso de “Se lo noto “,  no es ni mucho menos un “me lo ha dicho directamente” Bells. —Rose empezó a enfadarse. —Y no me quiero mosquear, pero tiendes a no relativizar las cosas, quizá está pasando por algún momento durillo y no te lo quiere contar para no preocuparte por tu estado. Me consta que Edward quiere estar contigo, tendrías que escucharle hablar de ti…si no puede con la miel que derrama, cuando paso  algo de tiempo con él me sube el azúcar nena. —Le fue guiando y quitándole hierro al asunto, pero Bella no estaba muy convencida.

—Le he preguntado qué le pasa, y me ha contestado que estaba nervioso con lo de ser padre…

—Eso no quiere decir nada. —Dijo exasperada. —Bells… ¿tú no lo estás?

—Si, pero…

—No, ni peros ni nada. Deja de comerte la cabeza.

—Entonces… ¿No me dejas irme a tu casa pasar el resto de mi embarazo?

—Y vuelta con la burra al trigo. No hasta que no aclares con Edward eso de lo que tú estás tan convencida.

—No estoy segura de que quiera hablar conmigo.

—A ti lo que te pasa es que estás mimosa. Y un resquicio de inseguridad te manda al garete nena. No puede ser, habla claro con el padre de tu nena y con tu novio, que son los mismos. ¡Gracias al cielo!

—Joder Rose…casi que hubiera preferido halar con Emmet, no creo que se atreva a ser tan dictador conmigo como tu. —Por fin Bella se rió, pero no las tenía todas consigo de que Edward no pensara lo que le había hecho creer.

Edward entró en la habitación con un zumo de naranja. Bella se sentía como una reina, no se podía quejar en cuanto al servicio que mostraban con ella.

—Hola preciosa. —Dejó la bandeja en la mesilla y Bell bajó el libro que estaba leyendo sobre maternidad. Vio que de alguna manera había un cambio significativo en él, pero no sabía qué era lo que podía haber pasado para que de repente el entrecejo de su chico tuviera una posición normal.

—Quiero hablar…contigo. —LE dijo sin más.

—Vale…—Edward se extrañó de su rotundidad. —Te encuentras bien ¿verdad?

—Sí, estamos bien. —Se sonrió acariciándose la tripa, para evitar malos entendidos.

—Tú dirás.

—¿Quieres seguir con esto?— Vio como Edward parpadeaba varias veces.

—¿Perdona?—Volvió a fruncir el ceño. — ¿Me has sentido renunciando?

—Te he sentido distante…y esta mañana me has dicho que esto de ser padre….te ponía nervioso. No se Edward, quizá nos supere toda esta historia, yo desde luego que estoy implicada en ella y no me puedo desvincular, además que no quiero. Pero…para ti…es más sencillo, te lo digo en serio. —Hablaba sin poder parar, en lugar de observar como la cara de Edward se quedaba blanca por sus insinuaciones, tenía la vista fijada en sus dedos que se anudaban sin control los unos sobre los otros. — Me refiero a que si quieres salir de esto lo entendería, el poco tiempo que hemos estado ha sido porque había algo más que una relación entre nosotros, siempre ha estado la presión de ser padres, a excepción de…de esos días en Zanzíbar, ya sabes. —Levantó la cabeza y solo le miró los labios, no se atrevió a más, porque decirle todo aquello le provocaba un miedo atroz a sentirse rechazada por un hombre con el que había conocido la felicidad absoluta. — Y fue…sexo, sin nada más…no teníamos obligaciones de ser algo más. Luego todo esto…además de que no hemos parado de…ya sabes…—Se sonrojó al pensar en su actividad sexual. —Pero claro ahora ya no puede ser, estoy gorda y postrada, fea y sin poder satisfacerte de esa manera…entiendo que hayas perdido el interés, no soy nada apetecible, y…no se Edward, quizá lo que teníamos no tuviera la suficiente fuerza para afrontar esto. Yo lo entiendo pero…necesito que me lo digas claramente. He pensado en irme a casa de Rose hasta que dé a luz y así no tienes que ocuparte de mí, no quiero ser una carga y lo soy…

—Vale, vale, ya está…—Edward lanzó su mano hacia delante y atrapó los nerviosos dedos de Bella. —Creo que he sido yo quien te ha mandado todas esas señales y te has construido un castillo de naipes. Mírame Bells. —Alzó la cara y las lágrimas, retenidas durante su discurso, cayeron de su s ojos. — He estado muy distante estos días atrás, si, lo reconozco, pero tú no tienes nada que ver. Te amo Bells, eso ya nada lo puede cambiar, me encanta verte así de…grande por que llevas a mi hija en tu interior, no me quiero apartar de ti porque me falta la vida si lo hago. Ahora bien, tengo que contarte algo que no he querido hacerlo antes para no alterarte.

Bella sorbió la nariz y asintió mientras tímidamente comenzaba a enredar sus manos con los de su chico. Se sintió más tranquila y otra vez el calor desde el corazón comenzó a anegar su cuerpo, eso sí , no pudo frenar las lágrimas ahora mezcladas con las de liberación y de alegría tras escucharle.

—Han detenido a James por numerosos fraudes. Está en la cárcel y todo apunta que cuando le juzguen, pasará mucho tiempo a la sombra. —Bella no selo podía creer.

—¿En serio?—Nunca quiso preguntar sobre él, después de su última llamada, pensar en lo que ese desalmado estaba haciendo le producía temblores.

—Esta semana ha sido un calvario por…—No le iba a contar lo que Kate había visto, quizá más adelante, pero no  ahora en su estado. —…estar pendiente de su detención, ya sabes, hasta que no le han esposado no estaba tranquilo.

—Entonces era eso…—susurró

—Lo siento pequeña, pensé que no te daría mucha cuenta de mi cambio de ánimo.

—Ni de tus pesadillas, ni de que no durmieras conmigo…tus ausencias a pesar de estar en la misma sala que yo…—Acarició el dorso de la mano de Edward con su dedo pulgar.

—Perdóname. Estaba enfrascado en esas cosas y no te las quería contar por si no salían bien… Pero yo te quiero con locura Bells. Estoy feliz de compartir mi vida contigo. Si tuviera que empezar de nuevo, haría exactamente lo mismo si eso me garantiza que te voy a tener conmigo de esta misma manera. No me arrepiento de nada, ni mucho menos de olvidar el preservativo esa noche caliente. —Le sonrió taimado y moviolas cejas, por hacerla reír, para que sus lágrimas cesaran porque le dolía el alma cuando la veía llorar.

—Gracias…—Susurró ella alzando la mano y llevándosela a su mejilla. —Gracias por quererme Edward.

Edward se aproximó a ella y acomodó su cara entre sus manos para rozar sus labios.

—Gracias a ti por ser tan testaruda en el hotel esos primeros días, gracias por hacerte la difícil. — Estaba contra sus labios, y el aliento de Ed entró en el organismo de Bella haciéndole desearlo fuertemente.

Sus labios se unieron para acariciarse lentamente, los labios de Bella se partieron para dejarle espacio a la lengua de su chico, la cual entró rauda  para explorarle, para sentirle, para probarle. Hacía días que no se besaban así, reconociéndose en la danza exquisita que sus bocas echaban de menos. Las respiraciones se volvieron erráticas y la excitación hizo presencia de una manera rápida en los dos cuerpos. Ninguno quería parar, no tenían fuerzas para cortar un beso tan deseado.

Edward pasó sus manos a través del cuello de Bella enredando sus dedos en el pelo, atrayéndola con fuerza, evitando que descendieran y produjeran un mayor nivel de excitación en su chica, a pesar de que se moría por tocarle cada porción de piel de su cuerpo.

Bella no se lo pensó y bajó las manos hasta la cintura de él, metiendo sus manos ávidas de piel por debajo de su jersey, tocando su abdomen, sintiendo su garganta vibrar ante el gemido que Edward derramó en su boca con su beso incansable. Acarició con febril devoción su abdomen, su pecho, rozó sus pezones con los pulgares.  Bella notaba la excitación, y sabía que deberían de parar, pero sus almas se buscaban de una manera tan física que parecían irrefrenables en esos momentos.

Edward se puso sobre las rodillas, ansiaba el toque de Bella, lo necesitaba como el oxígeno. Sus manos palparon los hombros de Bella por encima del camisón. Ahogando jadeos contra su boca. Estaba tan duro que pensó que podría explotar. Un pensamiento furtivo entró en su mente, se dio cuenta que esto no podía pasar, que no era justo con ella.

—Bells. — habló contra su boca.

—Shhhh…. —Ella no iba a permitir que esto parara, sabía que ella no podría recibir las caricias que Edward podría prodigarle, pero eso no significaba que ella no pudiera hacer nada para él. —Déjame a mi ¿sí?—Entre beso y beso, entre lamida y mordida, Bella le habló falta de aliento. —Solo, deja de tocarme por favor…—Suplicó.

—Lo siento…—Edward se dio cuenta que sus manos abarcaban sus pechos por encima de la tela suave del camisón, y que ahora dos areolas húmedas coronaban la prenda.

—Túmbate. —Le rogó suave, abriendo la cama.

—No Bella…yo…—Se moría por recibir sus caricias pero lo que menos quería era incomodarla.

—Déjame…por favor. —Suplicó con los ojos brillantes, las mejillas rosadas, y el pelo ligeramente alborotado por el agarre de los dedos de Edward anteriormente.

Edward se tumbó, dándose cuenta que sus vaqueros estaban  desabrochados. Le devolvió una mirada expectante a  Bella.

—Disfruta ¿Vale?—Le dijo guiñándole un ojo.

—Dios…—Edward tembló de anticipación.

LA mano de Bella subió el jersey de Edward hasta dejarle el abdomen descubierto. Pasó sus dedos por los ligeramente marcados cuadraditos de sus abdominales, y tragó saliva de manera audible regocijándose en su tacto suave. Edward  se derretía en su contacto y se mordía el labio inferior para evitar gemir. No cerró los ojos, observó cada delicado y sugerente movimiento de Bella. Vio cómo se tumbó de manera oblicua a su lado, su cabeza a la altura de la de Edward.

—Me encanta tocarte Edward. —Ronroneó a su lado. — Sentirte bajo mis dedos… ¿sabes que están ansiosos por abrazar tu evidente dureza?… —Edward aguantó la respiración, no esperaba esto, sabía que si seguía así tras el tiempo que habían pasado sin tener esa intimidad, podría correrse sin necesidad de su toque.

Bella bajó despacio la mano hasta adentrarse en su pantalón, donde se topó con sus bóxers.

—Mmm…esperaba no encontrar nada…me vuelves loca cuando vas en plan comando, me imagino como tu pene se roza con la tela del vaquero…mmm…me calienta. —Bella se dio cuenta que a ella esto le estaba pasando factura, respiró hondo e introdujo su mano en el interior de su ropa, para acariciar el presto miembro caliente, suave y duro que pulsaba por salir de su cárcel. Bella le liberó con gusto.

—No hables pequeña…por favor…—Mendigó Edward desesperado y ahogado en el placer más intenso que había sentido durante los últimos meses. — No digas nada…—La manos masajearon  con firmeza una vez más su longitud y Edward se sintió perdido.

Bella se sonrió y besó su mejilla. Con el pulgar extendió la gota que quedó en su punta y continuó sus movimientos suaves, dejando  uno de sus dedos en la base del glande, presionando ligeramente. No necesitó aumentar el ritmo.

—Creo que…—Sintió la sacudida en su mano y supo que ya estaba a punto. Edward apretó los ojos y comenzó a perder la sensibilidad en todo el cuerpo excepto en esa zona.

—Te amo. — Edward estalló sobre su abdomen. El calor y el placer se extendieron por todo su cuerpo. Se volvió rápidamente a buscar los labios de Bella, sin darle importancia a manchar las sábanas.

—Madre mía…yo sí que te amo preciosa. —Su sonrisa lánguida fue lo último que vio antes de sentirse devorada por su boca.

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