#32#

Para Bella era una distracción absoluta que Alice y Jasper hubieran llegado de la Luna de Miel. Habían estado veinte días en Argentina y a Alice le había dado por hablar con acento argentino continuamente, escucharla hablar en español era algo muy gracioso, y si a eso le sumaba el acento que había copiado a la perfección durante su viaje, la mezcla era algo explosivo. Bella se reía sin parar cada vez que a ella le daba por hacerse la porteña, y Jasper rodaba los ojos cuando se ponía melosa con ese acento.

—¿En serio no te apetece venir  a yoga?— Jacob se levantó de la hamaca en la playa y miró a Bella desde arriba. Esta negó de manera enérgica, no era un buen día para ella. —Sabes que te viene genial y más si pretendes dar a luz aquí con la matrona…—Bella se bajó las gafas y le miró por encima con el ceño fruncido. —Solo te lo digo por tu bien.

—Dejálo ya con la pelotudez. —Alice y su extraño acento se incorporaron a la conversación.

—Tía, no te he entendido nada. —Le miró perplejo. Y Alice comenzó a reírse sin control ante su cara.

—Dice algo así como que me dejes en paz. —Recalcó Bella riéndose contagiada de Alice. —Sé que es bueno para mí pero hoy no tengo un gran día, no pasa nada porque me lo salte ¿no?—Jake levantó las manos en señal de paz.

—Me largo, creo que sobro, estáis…—Comenzó a caminar.

—¡¡Estamos qué!!—Gritó Alice retándolo.

—Raras…—Dijo volviéndose a mirarlas.

—¡¡Y vos sos un boludo!!— Alice se dejó caer sobre la hamaca llorando de la risa ante la negación de Jake en su caminar.

Cuando pararon de reírse Bella miró a Alice.

—Tienes que parar con Jake, le tienes hasta las cejas.

—Es tan divertido hacerle rabiar, no entiende nada de lo que le digo y me encanta la cara perpleja que se le queda.

—Cuando te entienda te las devolverá. —Le advirtió.

—No sé cómo. — Absorbió su zumo por la pajita y se encogió de hombros.

—Acuérdate de que Edward te devolvió la broma de los gemelos con creces. —Alice afirmó lentamente acordándose del momento.

—Es cierto, pero ya no me voy a volver a casar, ese estado catatónico no lo volveré a padecer, por lo tanto no soy vulnerable. —Chascó la lengua y Bella suspiró dándolo por perdido. — Así que tienes un mal día ¿no?

—Sí. Está siendo una mierda, me siento enfadada, inflada…

—Bueno se te va notando más, tienes que parar de comer Bells.

—Lo sé, el médico me ha dicho que solo puedo engordar doce kilos como mucho y si sigo con este ritmo…

—Deja de pasar por la cocina.

—Sería una solución, pero me puede la ansiedad. —Espiró con fuerza, sonó a frustración. —Le echo tanto de menos Alice…—Su tono lastimero alertó a su amiga.

—Nena…—Se incorporó y se puso en su hamaca para abrazarle con fuerza.

—Hoy más que nunca, es como si me ahogara por no tenerlo cerca. —La voz sonó amortiguada contra el cuello de Alice.

—Apenas queda una semana para que le vuelvas a ver. —Acarició su espalda mientras las lágrimas de Bella caían raudas por sus mejillas.

—Joder…—Dijo hastiada. —Una semana y tres días, y se me está haciendo eterno. Si al menos pudiéramos hablar más… pero eso de pasarse días seguidos con esa tribu no le da la opción.

—Pero hoy dijo que te llamaba ¿no?—Alice se apartó de Bella y con su pulgar limpió varias lágrimas. Bella asintió. —Ven, vamos a la cabaña, que tengo una idea para distraernos un poco.

Alice se había ido en cuanto Bella comenzó a hablar con Edward, y le notó un poco más relajada.

—¿Cómo está el bebé?

—En la gloria bendita, Alice me ha puesto un casco en la barriga con música clásica.

—Pero ¿está loca?

—Se supone  que ya escucha.

—Que no se lo ponga muy alto, seguro que tiene los oídos blanditos, a ver si nos lo deja sordo.

—¡Edward!

—Es que Alice a veces…

—Que es cierto, que yo también lo he leído…

—Que se lo ponga bajito…—Advirtió. — ¿Y tú?

—Bueno…no es mi mejor momento, estoy algo…irascible.

—Ya, te noto un tonito raro.

—Ya…—El malhumor le volvió de repente. —Si llevaras dos días sin cagar, y un cuarto de kilo  de jamón en el vientre, seguro que tu tonito— marcó la palabra— también sería raro.

—Vaya…—Edward se sintió fatal por estar tan lejos y que ella tuviera ese tipo de inconvenientes. — Pero por lo menos será jamón ibérico ¿no?—Trató de dar humor a las quejas.

—Eres imposible. —El mal humor de Bella aumentó.

—Te echo tanto de menos preciosa. —Edward cambió el tono y no pudo evitar que la ansiedad se filtrara en su voz.

—Yo también te extraño Ed. — Su mal humor cambió, notaba su interior como una montaña rusa y sonó melosa, haciendo que Edward sonriera al otro lado del mundo.

—Ya casi no queda nada.

—¿Cómo te está yendo? ¿Qué tal los días con la tribu?

—La verdad que es increíble que me hayan dejado pasar días seguidos con ellos— El otro día estuve en una ceremonia…—Edward dudó si contárselo, había sido algo extrasensorial y la toma de sustancias, con los hombres y el sacerdote de la tribu, había tenido mucho que ver.

—No me digas que tomaste peyote o algo así.

—No era peyote, eso es americano. Créeme, cada tribu tiene sus métodos.

—Te drogaste.

—Era una especie de sopa, y la verdad que tomé muy poco, ya sabes porque ya suponía de que iba la noche espiritual y eso. Pero fue suficiente, fueron unas horas…—Bufó acordándose sobre todo de la resaca que le dejó la noche.

—¿Viste algo?, ¿te comunicaste con alguien?—Bella estaba agradecida de desconectar de la mañana que había pasado.

—No me extraña que le llamen la noche espiritual, a ver si me entiendes, me faltó ver a Lincoln. —Bella rió y su carcajada reconfortó al fotógrafo, que le encantaba hacerla reír y evitar que durante sus conversaciones se deprimiera por la distancia.

—¿Se puede contar lo que viste?—Preguntó curiosa.

—Te vi a ti, y al bebé—Bella abrió los ojos por la sorpresa.

—¿Ya sabes el sexo?—Casi le gritó.

—No, no lo sé…—La duda transvasó su voz, pero se recompuso— Le tenías en brazos tapado con una mantita, me costaba mucho tocarte, era como si tú fueras  una estatua y yo estuviera ebrio y descontrolado, casi como si fuera un ente  a tu alrededor.

—Probablemente lo eras en ese momento, eso ácidos raros que se toman…

—Si, pero era precioso, tú me sonreías continuamente y yo era feliz. Luego recuerdo estar con mi abuelo materno, y con su padre, en una especie de rancho…eso fue todavía más raro y más volátil…—Edward rió. — Toda una experiencia.

—¿Y se puede saber qué conclusiones sacan de esas noches?, o solo se trata de noches de hombres y drogas disfrazadas de un nombre esotérico.

—Al día siguiente te hacen una especie de lectura, porque el sacerdote, o chamán, está como comunicándose con cada uno constantemente, es algo alucinante, porque con el colocón que llevaba yo con un cuarto de sopa, era imposible centrarme en el mundo real, y el tío este con un cuenco para él solo estaba al tanto de todo, o por lo menos de mi, que al día siguiente me contó la interpretación de lo que había visto.

—¿Y te puedo preguntar por lo que viste sobre el bebé?—Preguntó curiosa y cohibida por si era algo tan personal que no quisiera contar. —Solo si quieres…

—Si…—suspiró. — Me dijo que iba a tener bebés con la persona que más significaba para mí en esta vida, que nuestra unión era algo que los astros habían favorecido, que nos habíamos curado las almas mutuamente, y que mi vida giraría alrededor de la tuya y de nuestros hijos…

—Hijos…varios…—Bella se quedó asombrada.

—Sí. Que mi mirada fija en la tuya y mi felicidad por ella era porque mi amor por ti estaba por encima de la veneración. —Edward se quedó callado, esperando a que ella dijera algo.

—Vaya…que intenso…—Bella no sabía que decir. —¿Le creíste?

—Por supuesto. —Dijo tajante. —Eso lo sabía yo desde antes de que me lo dijera.

—Edward…. —su nombre sonó entre una risa nerviosa de Bella.

—En serio Bella, no sé si el alejarme de nuevo me ha dado otra perspectiva de todo, o si la última noche que pasamos me ha dado la seguridad de la que carecía, pero…eres mi todo.

—No sabes lo que me gusta escucharte así…—Las lágrimas se escaparon de sus ojos sin apenas darse cuenta.

—¿Más que llamando a nuestro hijo jamón Ibérico?— Había notado que estaba llorando y como tenía que colgar en breve no quería dejarla en ese estado, cambió el tercio, haciendo que Bella se carcajeara de símil.

—No le llames así…—le reprendió con humor…

—Tengo que dejarte, Kevin está esperando para que vaya a cenar.

—Ya…—Hizo un puchero.

—Te amo preciosa…—Bella quedó sin aliento, era la primera vez que se lo decía y sonó tan suave que le llegó directamente al corazón, sin filtrar, dejándola noqueada.

—Y yo…—alcanzó a decir.

—Te llamo dentro de cuatro días, ya queda menos para vernos.

—Cuídate por favor, te necesitamos entero ¿sí?

—Besos para las dos princesas de mi vida. — La futura mamá se derritió por completo, y no le pasó desapercibido que se había referido al bebé como si fuera niña.

—Otro grande para ti Ed.

Bella quedó con una enorme sonrisa en la cara, se retiró los cascos que tenía en la barriga y se la acarició despacio, amando su interior.

—Papá nos quiere mucho…y cree que vas a ser una princesita…¿Vas a serlo?…o vas a ser un Jamón Ibérico?— Rió con ganas y añoró la cercanía de Edward por enésima vez desde que se había ido.

Con mucho mejor humor se dispuso a hacer las cosas pendientes que tenía en el despacho. Se cruzó con Jasper en el pasillo y este se sorprendió de verla reír a carcajada limpia.

—¿Has hablado con Edward?—Le preguntó subiendo la voz.

—Claro. —Le contestó riendo.

—Luego paso a hablar contigo. —Le guiño el ojo y se fue hacia el restaurante negando y sonriendo por los cambios de humor de su jefa.

—Ahora si me vas a contar ¿De qué te ríes?—Jasper entró al despacho de Bella.

—Edward ha llamado al bebé jamón ibérico. — Bella se carcajeaba sin parar, y eso que hacía cinco horas que habían hablado. —Debería de llamarle para reírme con él.

—Estás un poco pirada. —Jasper con la calma que le caracterizaba se sentó en el sillón del despacho. —¿Llevas riéndote desde que te ha llamado?

—No—Paró de reír, pero la sonrisa era enorme…— En un principio me he enfadado un poco con la broma, ya sabes, esta mañana no estaba de muy buen humor. —Levantó las cejas.

—Sí, algo me ha dicho Jacob.

—Pero Edward me lo cambia en un instante.

—Vaya Bells, cuánta paciencia ¿no?

—Ya, pero por lo menos es simpático, aunque tarde en reírme.

—No, si me refiero a la que tiene que tener Edward contigo. —Le dijo sonriendo.

—Traidor. — Frunció los labios. —Dime, ¿está todo lo de la fiesta controlado?

—Si, Alice ha conseguido no se qué adornos a través de internet…ya sabes, estilismo y decoración.

—Es una genio, desde que ella se encarga de ciertas cosas temáticas han mejorado mucho las críticas, ¿Sabes que una revista de viajes alemana está interesada en hacer un articulo relacionado con las fiestas?

—¿En serio?… ¿sin nada a cambio?—Jasper sonrió abiertamente ante la sorpresa, las cosas parecían ir mucho mejor, y la profesionalidad y el trato de la plantilla, estaba dando sus frutos.

—Si…tengo la propuesta en mi correo. —Bella tecleó la contraseña para meterse de nuevo y su cara se iluminó con un mensaje en particular que había en su bandeja de entrada.

—Bueno, yo solo venía a recoger esto. —Jasper levantó la carpeta que contenía los currículos para contratar refuerzos para dentro de dos meses, cuando empezara la temporada alta. — Y me voy que creo que has recibido algo que quieres leer en privado.

Bella solo le devolvió la mirada brillante para despedirle. Miró de nuevo la pantalla del ordenador.

Mensaje de Edward Cullen.

Lo abrió emocionada, sólo había recibido uno de él desde que se había ido, la población donde estaba alojado, de vez en cuando, no era nada puntera en tecnologías.

Asunto: No se si te ha quedado claro que te quiero.

El estómago de Bella se contrajo y un gritito de felicidad salió sin permiso de su garganta.

Bella, Mi Bella:

Sé que he hablado contigo hace apenas una hora, y que seguro que te haría más ilusión recibir un mensaje en otro momento, para dosificarme, pero en el restaurante al que me ha traído Kevin, los dueños tienen una conexión; un poco lenta (llevo quince minutos esperando  a que cargue la página), pero conexión al fin y al cabo.

Solo quiero dejarte claro que mis momentos preferidos de este viaje son cuando me acaricias los oídos con tu dulce voz, y tu presencia se hace patente con tus palabras. Adoro cuando tu risa me provoca una vibración placentera en todo el cuerpo, que hace que mi corazón pare de latir solo para sentirte únicamente a ti.

Te echo de menos tanto que ya estoy planeando algo para no separarme de ti en absoluto, que son solo planes, pero que espero se conviertan en realidad.

Solo dejarte patente que te quiero a ti y al jamoncito de cuarto de kilo también. 😉

Te amo.

Edward-papá-Cullen.

—Yo también te amo…—Bella lloraba como una magdalena delante del ordenador releyendo una y otra vez las palabras de Edward.

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