#7#

—¿Bella?— Se quedó parada al lado de la puerta de Edward. Cerró los ojos con fuerza, esperaba que esto quedara en el olvido y de esta manera era imposible.

—¡¿Rose?!—Se volvió hacia la voz.

—Cielo… ¿estás bien?—La rubia se acercó a ella.

—Sss…Si…— El corazón todavía martilleaba sus oídos como un tambor africano.

—No lo parece Bells. — Le miró preocupada, vio su falda de lino arrugada, parte de la camisa por encima del cinturón,  su pelo suelto y ligeramente revuelto. — Por que te conozco nena, si no diría que sales de una momento lujuria total.

—¡SHHHH!—Bella chistó, estaban pegadas a la puerta de Edward y podría escucharles.

Se puso un dedo en los labios y la arrastró por el brazo a lo largo del pasillo. Rose no cabía en sí de su asombro.

—¿Y bien?—Se sentó en la cama mientras Bella caminaba de un lado para otro de la habitación atusándose el pelo una y otra vez, no entendía su respuesta…

—Rose…no se…

—¿Empiezo yo?, porque si te digo la sensación que me estás dando te vas a caer de culo. —Bella le miró interrogante, quizá si la suposición no era descabellada con asentir estaba solucionado. —Vale, ¿vienes de echar un polvo?— su amiga le miró asombrada. —Ya te lo he dicho en el pasillo, es lo que parece, ¿de quién era la habitación de la que has  salido?

—De Edward…del fotógrafo. —Se corrigió. La rubia abrió los ojos y la boca al mismo tiempo.

—¿Vienes de montártelo con él?. —Gritó.

—¡¡Baja la voz Rose!!—Le reprendió. Se sentó a su lado. —No. No me lo he montado con él. —Dijo tajante y miró para otro lado pensando que había estado a punto de hacerlo. Lamió sus labios de forma inconsciente y su sabor volvió a ella, suspiró.

—¡Pero os habéis besado!—Afirmó Rose. Bella le miró de repente asustada.

—¿Por…Por qué dices eso?.

—Te acabas de lamer los labios  Bells y has suspirado, además de…¡mírate!, llevas la ropa arrugada.

—Es lino…es fácil que se arrugue…

—Ya, pero has salido de esas trazas de su habitación…

—Que sí, que nos hemos besado,…bueno…más bien él me ha besado y…

—¡Qué fuerte nena!, ¿Cómo besa?— Rose se llevó las manos a la boca mientras se sonreía pensando en la sensación de besar a semejante semental.

—Rose ¡¡por favor!!

—A ver que me entere, ¿no te ha gustado?. —Negaba con gesto contrariado.

Bella se tomó su tiempo en responder. Miró sus manos entrelazadas, esas que habían acariciado su cuello, su pelo, esas que le habían atraído hacia sí misma con fuerza.

—No lo sé…supongo que sí, pero…no…—Miró a una perpleja Rose.

—Vale, te ha gustado, hubieras preferido que no fuera así. —Le miró esperando respuesta. — No esperabas que te gustara.

—Sabía que me gustaría Rose, pero no puede ser. No quiero sufrir, sabes cómo soy, salgo de una relación de mierda, y este tío solo quiere una buena noche.

—No sabes acostarte con alguien sin implicarte. —Rose le sujetó las manos.

—Creo que no…

—Deberías aprender, a veces es bueno tener sexo solo por disfrutar.

—Lo sé…

—Pero Edward Cullen no te gusta…o si.

—No, claro que no, pero no descarto que si pasara algo no caería en esa espiral tonta que suelo  caer. — Miró al frente acordándose de cómo pasó con James, alguien que tenía un patrón muy similar a Edward. — No puedo evitar pillarme por los más golfos.

Rose le abrazó.

—Sé lo que me estás diciendo, conozco todas tus relaciones, y sobre todo tus no relaciones y pilladas platónicas.

—Soy bastante patética ¿no crees?

—No cielo…eres especial…— Se sonrieron. —Por cierto ¿te gustó el beso?—Bella se sonrojó porque automáticamente la sensación de su estómago que lo tenía reciente se repitió.

—Demasiado…pero ha sido un poco…loco…

—¡¡UAU!!  ¡Cuéntame!. — Le pidió ansiosa.

—A todo esto… ¿Qué hacías en el pasillo a esas horas?

—Venía a pedirte una pastilla para el dolor de cabeza, creo que el calor que hace me lo estaba provocando. Ahora con tu historia me he olvidado del calor y de la cabeza, ¿qué te parece?. —Le guiño  el ojo. —Cuéntame.

Edward se despertó con el sonido de su móvil, era el último día de trabajo para la revista de moda, apenas había pegado ojo.

Cogió sus cosas para ir a desayunar, antes de abrir la puerta en el suelo encontró una goma con abalorios, la recogió y se sonrió tontamente acordándose del momento vivido en ese mismo sitio la noche anterior.  La puso en su muñeca  negando mientras sonreía y bajó al restaurante.

Había disfrutado de ese beso, de esos roces y del enorme subidón que le provocó tener cerca a esa chica. Le habría encantado que se dejara llevar, sus labios dulces su aliento cálido, sus manos ávidas de piel, su sexo…sintió esa sensación en su entrepierna  de la misma manera que en el momento en el que  ambos se rozaron cuando Bella le abrazó la cintura con sus piernas. Su olor…todavía lo recordada si hacía un esfuerzo.

Se sentó en  una de las mesas, estaba solo en la terraza, y sumido en esos recuerdos, los que apenas le habían dejado dormir durante toda la noche. Al fin y al cabo mañana se iría de allí, no había más vueltas que darle.

Bella, con unas gafas de sol para ocultar sus ojeras, apareció en la terraza del restaurante y en seguida vio la espalda del hombre que le había robado el sueño. Giró sobre sus talones dispuesta a no tropezarse con él.

—¡¡ Bella!!— La aludida cerró los ojos sabiendo que ese grito se había escuchado en toda la terraza.

Bella se volvió hacia la voz, y por el rabillo del ojo vio cómo Edward miraba en su dirección, el corazón volvió a hacerse notar. Respiró hondo.

—Dime Jormá. — El camarero se le acercó.

—Estamos llenando las cámaras para la fiesta, pero hay una que no se ha enfriado, he buscado a     Jasper, pero no lo he encontrado.

—Está bien, voy inmediatamente. ¿Sabemos algo de los de mantenimiento?.

—Tendremos que llamar a la externa…—Dijo apenado.

—Llamaré a Jazz a ver si es algo que esté en su mano. —Comenzó a caminar con el camarero hacia la zona de la fiesta.

—Bella…—Escuchó su voz a su espalda, estaba claro que no podía dejarlo pasar, lo de ayer sería algo que iba a tener carrete. “Se va mañana Bells”, pensó.

Le hizo un gesto a Jormá para indicarle que luego iría.

—¿Si Señor Cullen?—Se volvió, y no pudo evitar sentir una enorme atracción hacia él. Lo frenó. Edward se levantó para acercarse.

—No esperaba verle esta mañana, es más, después de lo de anoche…—le miró los labios mordiéndose el suyo ligeramente. — pensaba que con su destreza para desaparecer no la volvería a ver. — Llegó a su altura, más cerca de lo socialmente permitido. Bella se tensó.

—Regento el Hotel Señor Cullen, es imposible que no me vea por aquí, sin contar que esta noche tenemos una fiesta. —Bella se desentendió por completo de lo ocurrido la noche anterior y de su gesto incitante.

—Ya…la fiesta…es ¿una oportunidad para terminar lo que empezamos anoche?—Edward enarcó una ceja y Bella enrojeció al instante.

—Señor Cullen, tengo cosas que hacer como para estar perdiendo el tiempo hablando de algo que no va a volver a ocurrir. —Sintió el corazón en la boca del estómago y Edward la notó nerviosa.

—¿Acaso no lo disfrutó?, porque no me lo pareció…—Le sonrió ladeado, ella se sintió acechada.

—En absoluto, y tenga en cuenta que no volverá a pasar. —Le dijo con un tono de ira velada.

—Si es eso lo que quiere creer— Edward, con una sonrisa de suficiencia, lo dijo tan seguro de sí mismo que Bella se acaloró al instante.

—No voy a discutir de mi vida… con usted, si no tiene nada que decirme  me voy, tengo prisa. —Bella se dio la vuelta para irse a mirar la cámara del bar. Antes de echarse a andar Edward se colocó detrás de ella, que al sentirle pegado a su cuerpo se paralizó, y de un movimiento rápido sacó el coletero de abalorios de su muñeca.

—Puedes seguir con los formalismos Bella, aunque haya sentido tu húmedo sexo pegado al mío a través de la tela, y eso significa algo. —Bella tenía el pulso en la sien, y sintió con sus palabras una ola de excitación imposible de parar. — Te dejaste esto en mi habitación. —Le siguió susurrando y poniendo el vello de punta. — Gracias por el recuerdo. — Rozó ligeramente con los labios su mejilla, y se alejó para sentarse a seguir desayunando, con una sonrisa taimada en sus labios y sabedor del estado de Bella en esos momentos, parada en la terraza, sin reaccionar.  Era cabezota, pero le atraía, le gustaba lo que en ella generaba, incluso ese punto de reticencia con él.

Bella comenzó a caminar alterada, casi tanto como cuando la noche anterior había salido de su habitación.

Rose se quedó mirando a ese hombre de una forma muy descarada,  pero no pudo evitar contenerse. Estaba sobre el mostrador de la recepción, flirteando descaradamente con Fátima. Era fuerte alto y moreno. La rubia esperó con paciencia a que se diera la vuelta, se sentó en uno de los asientos entre la recepción y la terraza para no perderlo de vista.

A Emmet le asignaron la cabaña dos, y no podía esperar mucho  más para ponerse cómodo y sumergirse en las azules aguas del océano. Fátima le dio la llave y le orientó con un plano. Emmet le guiñó el ojo, cogió su mochila y se dirigió a la zona donde le habían indicado.

Rose se quedó impactada con la belleza del fornido hombre, ojos azules, adorables hoyuelos en la cara y unos labios perfectos, besables, se dijo a sí misma.

Emmet se percató del análisis de la rubia sentada a su derecha, y la imagen le encantó, era una belleza, y eso que no la estaba viendo de pies. Había hecho bien viniendo antes, se sonrió y siguió su camino.

—Es una isla perfecta para el submarinismo, pero Mnemba es todavía mejor. Seguro que el recorrido que Bella ha preparado pasa por allí. — Jasper tomaba con Emmet una cerveza fría en la barra del bar.

—Si bueno, esperaba no tener que contar con los servicios del guía, quizá me las podría apañar solo, ya sabes, tampoco quiero acaparar el tiempo de la directora. — Em trataba de quitarse el servicio del guía de encima, y más después de que el jefe de personal le dijera que la guía iba a ser la directora. Automáticamente una señora soñadora de Memorias de África, le vino a la mente, y eso iba a interponerse entre él y sus vacaciones en las islas.

—Bueno, creo que eso es el convenio con la revista. — Jazz se quedó extrañado. —No sé si puedes prescindir de  ello.

—No sería necesario decírselo a la revista, para ellos es como si lo hubiera hecho. — Emmet dio un largo trago a su birra.

—Es algo que deberías hablar con la directora. Ya sabes, ella manda. — Jazz le sonrió apuró el vaso de agua helada y se levantó, Bella era de las que cumplía los tratos a raja tabla, no le gustaba sentir que le regalaban nada. —Encantado Emmet, nos veremos por aquí, cualquier problema o cuestión no dudes en hacérmelo saber.

Emmet se terminó la fría bebida y se bajó a la playa. Le había caído bien el tal Jazz, alguien sencillo de tratar. Dejó de pensar en la historia de la guía, de momento faltaban dos días para comenzar el reportaje, por lo tanto él se dedicaría a disfrutar.

Se dio un chapuzón y se refrescó, al salir se encontró bajo una sombrilla a la rubia que le había observado en recepción, se acercó sin miramientos, nadie le iba a impedir pasar un buen rato.

—Buenos días preciosa. —Rose  le vio llegar, y se puso la coraza para enfrentarlo. La forma de andar le indicaba que era un pavo, hermoso, pero pavo finalmente.

—Casi tardes…—Le repasó el cuerpo desde los pies a la cabeza. Internamente se relamió.

—¿Es de las que cree en el amor a primera vista?, o…¿ha sido necesario este segundo análisis?— Emmet era consciente de sus miradas.

—¿Amor?… —Rose se incorporó en la tumbona. — Es temprano para hablar de eso ¿no cree?

—Casi tarde según usted. —Le sonrió y sus hoyuelos se marcaron más dándole a su rostro un toque juguetón.

Rose no pudo reprimir  la sonrisa.

—No me llames de usted.

—Bien, no lo  mereces. — Se agachó manteniendo el equilibrio en la punta de sus pies y colocando sus brazos sobre las rodillas. Las gotas de agua resbalaban por su cuerpo y a Rose se le hizo la boca agua.

Bella llegó por detrás, no se había percatado de la presencia de Emmet, iba a disfrutar de una hora de playa antes de la comida.

—Con el sitio que tengo y lo poco que lo disfruto. —Se dejó caer en la tumbona. —¡OH!, Perdón. — Entonces vio al chico en cuclillas muy cerca de Rose.

—No nena, no te disculpes, él es…—Rose le miró y se bajó las gafas de sol dándole una visión de sus enormes ojos azules.

—Emmet, Emmet Mcarthy. —Le tendió la mano a Bella.

Esta reaccionó al instante.

—Vaya…no esperaba tener que conocernos así, pensé que sería algo más formal, pero ya…Yo soy Bella Swan, la Directora de todo esto. —Acaparó con las manos el complejo.

Emmet se quedó perplejo, no se lo esperaba, una chica atractiva era la directora y por lo tanto su guía…quizá no fuera tan malo no rechazarla.

—¿Eres el periodista?. — Rose le miró sonriendo pletórica y con una ceja alzada.

—El mismo. Tu no me has dicho tu nombre. —Rose miró a Bella un instante para volverse a Emmet.

— Rosalie Hale. —Le dio la mano. — Llámame Rose.

A Edward no le había sido fácil la última sesión. Lo que le dijo a Bella tan cerca había hecho mella en él. Estuvo pensando todo el día lo que sería llevársela a la cama definitivamente, el calor que sintió proveniente de su excitación le estuvo torturando todo la jornada, y había tocado los abalorios de su muñeca más a menudo de lo que era consciente.

—¡¡Hemos acabado!!— Alice dio un estridente grito fruto de su alegría por finalizar el trabajo de toda una semana. —Por fin…—Susurró para si. — Mike, Louis, Christian, vamos a apurar en recoger, hoy tenemos fiesta en el hotel y no quiero perdérmela. — El sol se había ocultado. Alice era consciente que ya habría empezado cuando llegaran, y todavía tenía que ponerse el atuendo para asistir, lo tenía todo pensado.

—LA fiesta…—murmuró Edward. —No me acordaba de la fiesta…—Ya no tenía claro si le apetecía seguir intentando conseguir algo con Bella, estaba dedicándole más esfuerzo del habitual, y sus desplantes, aunque no se los creyera, siempre estaban ahí.

En un tiempo récord se subieron con todo recogido al pick up, todos tenían ganas de finalizar el trabajo, y para algunos eso lo marcaba que todo estuviera en las bolsas y maletas con estas cerradas.

—¿Vas a venir a la fiesta?—Victoria le preguntó a Edward en un tono meloso, la pelirroja estaba convencida de poder conseguir algo de él esa última noche.

—No lo sé, estoy…cansado. —Ni siquiera le miró.

—Vamos, es el último día de trabajo…

—Para mí no lo es. —Dijo cortante, le quedaba el reportaje con Emmet, pero eso no le incomodaba, unos días con su mejor amigo haciendo fotos no era problema. El caso es que no quería dar ninguna oportunidad a la modelo, ni siquiera un atisbo.

El grupo de trabajo de la revista de moda llegó a la recepción, a lo lejos se intuía la fiesta en la arena de la playa, las antorchas y una música hindú  con toques electrónicos reinaba en el ambiente.

Alice voló literalmente hasta su cabaña, no quería ver a Jasper hasta que no tuviera el saree puesto. Las modelos, resignadas ante sus infructuosos intentos con el fotógrafo se fueron a cambiar y Edward se quedó en recepción mirando alrededor. No buscaba a nadie en particular, o eso quería pensar.

El fotógrafo decidió ir a comer algo antes de subir a su habitación, así, si le apeteciera quedarse a dormir, no tendría que volver a bajar.

No bajó al bufete temático de la playa, prefirió quedarse en la terraza del restaurante y pedir algo del menú habitual.

Mientras cenaba observaba a la gente bailar y divertirse, había más de la que el hotel alojaba.

—¿Edward?— La voz de Emmet, inconfundible, resonó en la terraza. El aludido se volvió, y allí estaba, su enorme amigo caracterizado para la fiesta con Rose al lado.

—¡¿Em?!—Edward no salía de su asombro. —¿Qué haces aquí?—Se levantó y abrazó a su amigo, golpeando su espalda con las manos.

—Este es mi hotel, quiero decir, ya sabes, donde me alojo y con quien la revista ha hecho el convenio. — Em sonrió abiertamente.

—¿Y no te diste cuenta de la dirección a donde me mandaste el objetivo?—Edward rió, era muy despistado.

—Solo le di el papel que salió del fax a los de la empresa de paquetería, ni me fije…me despertase demasiado temprano.

—Ya. —Edward negó para sí.

—Por cierto ella es…

—Sí, nos conocemos. —Rose se adelantó al saludo. —¿Eres el fotógrafo para su reportaje?—Rose sonreía divertida, lo había preguntado por verificarlo, porque en ese momento hiló todo.

Edward asintió.

—Claro, es el mejor. —Apuntilló Emmet.

—Esto va a ser genial…—Susurró Rose. Edward le escuchó y se quedó extrañado.

—Vamos, ponte ropa de esta, en la recepción hay un montón. —Se señaló sus pantalones hindues . — ¡Ves! parece que vas cagado, —Rose le miró negando y riendo, su vocabulario era a veces demasiado tosco para ser periodista, pero le atraía ese chico rudo.

—Pues sí, estaba decidido a irme a dormir. —Golpeó de nuevo su hombro. — Ya he cambiado de opinión.

—Esto es un puntazo tío, mira que coincidir aquí.

—Es genial, necesitaba una noche desenfrenada y alcohólica contigo tío. — Edward sintió que se le quitaba un peso de encima, estar con Emmet siempre le hacía perder sus pensamientos, y era algo necesario.

De manera inconsciente tocó de nuevo los abalorios de la muñeca, gesto que no pasó desapercibido por Rose, la cual se dio cuenta que era el coletero de Bella, ese que llevaba siempre, y que misteriosamente ahora Edward lo tocaba como si fuera un ¿amuleto?… ¿fetiche?…

—Yo iré a buscar a Bella. —Rose se despidió de los chicos, Edward la miró y contuvo el aliento al escuchar su nombre, no quería hablar con esa chica obstinada, le hacía pensar demasiado, y no era el momento.

Mientras Rose se alejaba, Emmet acompañó a su colega a caracterizarse para la noche.

—Por cierto, no vamos a prescindir de la guía. —Le miró subiendo y bajando las cejas de forma socarrona, inclinando la cabeza hacia Rose, que se perdía por las escaleras. — Ni de su amiga, por supuesto.

Edward quedó parado en mitad de la recepción.

—Pensaba que al final ibas a quitártela de encima.

—La Directora del Hotel, que es la guía, —Edward quedó lívido. — Está buenísima, y ni que decir tiene de Rose…tu mismo la has visto, ella le va a acompañar. Menuda semana acompañados de dos pedazo de tías nos espera…bueno Bella parece un poco tímida…

—¿Ella lo sabe?—No podía salir de su asombro.

—Claro. — Emmet le miró extrañado. —Supongo que ella se lo propondría a Rose, me lo dijer…

—No, no es eso ¿Sabe que vamos los cuatro?—Le interrumpió interesado.

—Claro, tío, sabe que tengo un fotógrafo…

—Pero no sabe que soy yo…—Le miró casi perplejo.

—No…no le he dicho tu nombre…No te estoy entendiendo nada…

—Tío…tío…—Edward empezó a reírse nerviosamente. —Va a ser un jodido infierno. — Su mente voló a la noche anterior. Rió mientras sacudía su cabeza despacio. —Ya veremos cómo nos va

—Para…me estoy perdiendo Ed…

#8#

2 respuestas a #7#

  1. Elizabeth dijo:

    Halaaaaa halaaaa!! ¡¡Madre mía Anaidam!! Y yo que pensaba que no se volverían a ver!! ¡¿Pero esto que eeees?!

    Vale, me tranquilizo, porque me estoy riendo nerviosamente. Vamos a ver.

    Te habrás dado cuenta que estoy retomando el fic, creo que la última vez me quedé en el capítulo anterior y tu aún lo publicabas en el foro.
    La cosa se está poniendo buena, ¡Muy buena! Bella a Edward le está haciendo tilín, si, aunque él aún no lo sepa. ¿Enserio tiene su coletero en la muñeca? Va como mosquito hacia la luz y se está cegando.

    Emmet me encanta, ojalá tuviera un Emmet en mi vida, como amigo o hermanito jajajaja.

    ¡¡Y ahora… osea… que van a pasar los cuatro una semana!! Me meoooo jajajajajajajaja, ¡¡menudos pringaos!! Van a sufrir una poca.

    Bueno, nena, te dejo y sigo leyendo porque estoy enganchada. Lo he empezado hoy y antes de irme a ver mi serie quiero que que pasa!!!

    PD: cuando algo me engancha suelo quedarme hasta las tantas… Y hoy he hecho siesta asi que…. muahahahaha 😉

    Elizabeth.

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    • anaidam dijo:

      Leer comentarios de la historia es volver a revivirla a través de tí, jajajaja!!! me encanta!!
      Gracias, por retomarla porque se que ahora crepus no te va nada, y por comentarla.
      Besoide.

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