#44#

Kate se levantó de la cama y de una manera mecánica bajó a la cocina con su bata puesta, el pelo recogido en una coleta y las ojeras en su cara como tarjeta de presentación. Esme le miró con una tristeza infinita mientras  le daba a la pequeña Sofía un gajo de naranja.

—¿Qué tal has dormido cariño?—Esme le habló con dulzura.

—Las pastillas lo hacen por mi. —Dijo ronca. —Hola corazón, ¿cómo está mi pequeña hoy?— Trató de darle énfasis a su palabras pero ni ella lo sintió ni la pequeña lo percibió, que solo veía cómo su madre lucía apagada y gris.

—La abuela dice que la naranja ez buena, toma. —LE ofreció el gajo pensando que eso ayudaría a su mamá enferma.

—Gracias cariño, pero es para ti, la abuela me va a dar otra a mi también. —Acarició su pelo y le besó en la coronilla. Sofí asintió y salió de la cocina dispuesta a encontrarse con los juguetes que le había traído Papá Noel.

—Voy a ir a casa. —Kate habló solemne mientras se apoyaba en la encimera.

—¿A casa?—Esme le miró asustada.

—Quiero hablar con James, esto no puede quedar así.

Su madre trató de tranquilizarse y sonar serena, lo que menos quería es que su hija fuera allí y sufriera por ese mal hombre, o que volviera a caer en sus garras a pesar de lo contundente de las pruebas de Edward y Bella.

—Pero hija…

—No mamá, no quiero volver con él, pero…—Miro a la nada y reprimió sus ganas de llorar. —Necesito decirle a la cara lo rastrero que es, además, quiero el divorcio ya, no consentiré más manipulaciones por su parte. Y por mi hija tengo que sobreponerme todo esto.

Mientras hablaba el corazón se le rompía, seguía enamorada de él, hasta el tuétano, pero los hechos eran tan claros, todavía resonaban en su mente las palabras que dedicaba a Bella por teléfono en esa conversación que había escuchado. Ni siquiera se defendió en ningún momento de nada, pero era algo tan evidente. Inspiró profundamente tratando de pasar el nudo de su garganta.

—No vayas sola. —Esme no sabía hasta que punto su fortaleza se vería mermada por ese hombre que había manipulado sus sentimientos a sus anchas. —Le pediré a tu padre que vaya contigo.

—No mamá, necesito hacerlo yo. Sola. Por Sofía. Por mí.

—Hija, estás débil.

—Mamá. No me voy a dejar engañar. —A pesar de los medicamentos y el estado de sopor en el que había navegado esos días atrás, en sus momentos de lucidez había tomado una decisión irrevocable. Su fortaleza era su hija por encima de todo, y ello ayudaría a su ciego corazón a enfrentarlo y hacerle saber sus intenciones con él. No iba a ceder un ápice en cuanto ala custodia.

Mientras Kate se tomaba un café para despejarse mientras miraba a la nada, Esme se preguntó cómo se tomaría su hija la noticia de Bella. Habían acordado que sería lo más prudente, necesitaba descanso absoluto y en casa de su amiga no tendría las atenciones necesarias para llevarlo a cabo. Por lo tanto se quedaría en casa de los Cullen hasta que fuera necesario, incluso hasta que diera a luz. Pero Kate no sabía nada de ello, y Esme no estaba segura de cómo aceptaría las novedades.

—He hablado con mi madre, Bella se quedará en casa. —Edward daban vueltas a un café casi frío en la cafetería del hospital.

—Lo entiendo, yo con mi trabajo me va a ser imposible atenderla como es debido.

—Joder…

—Tranquilo Edward, ya está todo bien.

—No, no lo está. —Le miró con los ojos vidriosos. —Bella ha llevado una carga encima constante, me siento tan culpable por haberlo permitido. Y encima…está ese bastardo acechando. — No se había movido del lado de Bella. Por una parte le habría gustado ir a por James, porque la paciencia con él se había agotado completamente.

—Bella es muy cabezona, nada le saca de sus trece, no habrías evitado nada aunque lo hubieras querido.Y respecto a James. Creo que deberías denunciarlo, no se, acoso o algo. —Edward agachó la cabeza.

—No tenemos ninguna prueba. —Bufó exasperado.

Sintió una mano en su hombro y no necesitó levantar la cabeza para saber que era su padre.

—Os dejo solos, voy a ver a Bella un momento antes de irme. Carlisle. —Le miró y esbozó una tímida sonrisa a modo de saludo. Él le devolvió una más amplia además de un gesto de agradecimiento.

—Hijo. —Apretó su agarre a modo de saludo y de ánimo mudo.

—Papá. —Edward levantó la vista.

Carlisle se sentó enfrente de él y Edward le miró con el gesto agotado.

—¿Cómo está Bella?

—Estable, mañana le dan el alta, solo necesita descanso absoluto. —La última palabra la pronunció con fuerza.

—¿Y tú?

—Acojonado. —Carlisle levantó las cejas por la palabra utilizada.

—Aterrorizado entonces…

—Llámalo como quieras. —A la mente de Edward volvían los momentos de pánico vividos el día anterior y su corazón bombeaba con fuerza, el nudo en la garganta volvía y sus ojos se anegaban de lágrimas. —Si llega a pasar algo…. —La ira reemplazó todo aquello. James y su obsesión por Bella volvió con fuerza a su mente. No podía permitir que volviera a hacer de las suyas y poner a Bella en un estado incapaz de manejarlo. Le quería  lejos de su gente, y no sabía qué hacer.

—Pero ya están bien. Edward tienes que ser fuerte, por ella. Por ellas.

—Lo sé, pero, solo soy capaz de  mantener la fachada con Bella, en cuanto salgo de la habitación…joder…—blasfemó entre dientes.

—Tienes que tranquilizarte, así no consigues nada. ¿Para cuándo le dan el alta?

—En dos días, quieren asegurarse de que todo vaya bien. –Pasó sus dedos a través del pelo de manera exasperada. —Es posible que hasta el parto no pueda moverse de la cama apenas. —Sin quererlo le tembló el mentón.

—Pero si lleva a cabo las indicaciones todo irá bien.

—Claro…—Se encontraba tan cansado que apenas vislumbraba migajas de positivismo en todo aquello. —James le volvió a llamar, el mismo día que le ingresamos.

Carlisle aguanto la respiración. No se imaginaba que después de lo que habían demostrado con su grabación, siguiera tratando de hacer daño.

—Ese hijo de…—Edward le miró directamente, su padre no blasfemaba nunca. —Voy a ir a por él. —Dijo apretando los dientes. — Ni siquiera ser el padre de mi nieta me va a frenar.

—¿Qué piensas hacer?—Su hijo le miró sin entenderle, anhelando con una fe pesada que tuviera la solución realmente para hacer lo que decía.

—Cuando estuve investigándole para que tu hermana abriera los ojos tenía un montón de problemas por haber coaccionado a David Collin, de Collin Builders, una de las constructoras más potentes de Nueva York, para que saliera del concurso de los terrenos públicos en New Rochelle. Además de ser culpable de cohecho, sobornó al funcionario de urbanismo responsable de la administración de dichos terrenos. Consiguió que todos los que salieran a concurso tras aquellos, se los cedieran bajo manga. —Apretó la mandíbula. —En ese momento solo quería  que tu hermana se alejara de él. Los abogados me dijeron que si quería denunciarlo le hundía, pero no pude. Si sigo adelante con todo solo le habríamos acercado más a sus brazos, pero ahora ya…—Le miró con los ojos acerados.

Carlisle era Director General de una empresa de telecomunicaciones. Se había hecho así mismo, y gozaba de un buen equipo de abogados, además de contactos con las más altas esferas.

—Ya veo cómo se hizo un nombre este cabrón. —Edward soltó con los dientes apretados, acordándose del fanfarroneo las Navidades que supuestamente había desbancado a Los Collins en el concurso.

—Siempre con malas artes, está claro. Tenemos que tener en cuenta a demás, que ahora que su Constructora ha quebrado, sus abogados ya no están con él. Cayó poco a poco…

—Te lo pido por favor…—Edward le rogó. — Necesito que ese desgraciado se pudra en la cárcel. No hay manera de denunciarle por acoso, y aunque me muera de ganas de reventarle a golpes, creo que eso no ayudaría. No quiero ser yo quien vaya a la cárcel.

—Bien, me pondré con ello. —Inspiró profundamente. —Creo que deberías ir a descansar. —Recomendó su padre.

—No. Ella me necesita.

—Pero te necesita bien, no siendo una sombra. —Edward, como si no hubiera escuchado a su padre, sujetó la muñeca de este y miró el reloj.

—Voy a subir un rato.

—Subo contigo a saludarla y me voy a casa, he recibido una llamada de tu madre hace un momento. Y quiero hablar con Peter, para que se ponga con lo de ese bastardo.

Rose se estaba despidiendo de Bella. Estaba descansada, había dormido toda la noche, pero era consciente que Edward no lo había hecho. Ese incómodo sillón  no era una buena opción para el descanso.

—Preciosa. —Edward vocalizó esa palabra en cuanto Bella dio con su cara al entrar en la habitación, y sintió como su cuerpo se calentaba desde el corazón. Observó las ojeras y la cara cansada de su chico, no le pasó desapercibido el agotamiento de este.

—Hola Bella, ¿Cómo te encuentras hoy?—Carlisle se acercó mientras Rose pasaba al lado de Edward.

—Vete a descansar. —Casi fue una orden en voz muy baja. Edward frunció el ceño y Rose le miró suplicante.

—Hasta luego Rose. —Le despidió haciéndole notar que pasaba de su recomendación.

Edward miró a Bella sonreír mientras hablaba con Carlisle.

—Estamos bien, hemos descansado y la médica ha dicho que todo va perfecto. —Pasó su mano por la barriga y la acarició con ternura, tanto como si pudiera palparla. —Ahora solo tengo que conseguir que el papá, antes de que se convierta en el Señor Scrutch, descanse tanto como la mamá.

Desvió su mirada al hombre que estaba a sus pies en todos los sentidos. Con las manos apoyadas en la parte inferior de la estructura de la cama, este le miraba con amor absoluto.

—No voy a dejarte sola. —Le miró con una media sonrisa, que debido a su cansancio y a la tensión soportada no era tan sexy como pretendía para noquearla.

—Estás derrotado, ni siquiera te salen tus súper sonrisas. —Levantó una mano en su dirección y él la alcanzó en una zancada. —Y las necesito para que las enfermeras de por aquí tengan claro que son mías. —Edward besó su frente. —Carlisle, llévatelo y mételo en la cama. —Ordenó.

—Mi pequeña dictadora. —Le susurró mientras se incorporaba. Él supo que era irrevocable, y que no la iba a contrariar porque lo que menos quería era que se enfadara. — ¿Vas a estar bien?

—Claro, necesito un rato a solas. —Le guiñó un ojo.

Carlisle se despidió de Bella con un beso en la mejilla y salió de la habitación para darles intimidad.

—Esta noche cenamos juntos. —Le dijo Edward antes de besar sus labios.

—¿Es una cita?—Bromeó Bella.

—Lo es, y estoy seguro que no me vas a dar plantón. — Los dos rieron, sobre la sensación desconcertante de los acontecimientos, de nuevo, como pasó hacía tiempo en su despedida en Zanzíbar, ocultándose las verdaderas sensaciones que cada uno sentía.

Se besaron despacio, sin despertar más que el amor que derramaban el uno por el otro, y Edward salió de allí sin poder evitar la sensación de tener el corazón en un puño.

Bella se quedó sola en la habitación, sumida en sus pensamientos. Llevó su mano a la panza y acarició con ternura donde ella intuía que su hija estaba apoyada. Las lágrimas provocadas por una tristeza absoluta y una punzada de culpabilidad, comenzaron a rodar por sus mejillas.

—Perdona cielo…—Susurró en un lamento a su hija. — Perdona lo que mamá te ha hecho. —Cerró los ojos con fuerza haciendo que sus ojos descargaran más lágrimas que llegaban a su mentón precipitándose sobre el feo camisón del hospital. —Te prometo que no haré nada que te dañe, te lo prometo vida…

El llanto descontrolado movió su cuerpo. La culpabilidad hacía acto de presencia de una manera más determinante. Se sintió una mala madre, pensó que podría hacerlo y no pensó en su niña. Siempre creía que era fuerte para afrontarlo y por su cabezonería había puesto la vida de su pequeña en peligro.

—Si llega a pasarte algo…—Sollozó. — Dios…si no se cuidar de ti ahora…—Sorbió la nariz con fuerza.

Agitada por los sollozos se sintió indigna de ser madre, de tener a Edward a su lado, y a la gente alrededor cambiando su s días, estos días que deberían haber sido felices, por su forma de llevar las cosas. Cargarse con ello, haber alterado su vida sin pensar en lo más importante en ese momento.

—Desde antes de tenerte soy una madre pésima…— con la mano borró los surcos salados de su mejilla derecha y pensó en su madre.

Necesitaba tanto a su madre, a Reneé. Estaba tan desvalida en ese momento. Se sintió sola, dependiente, como si fuera una niña pequeña que no sabe lo que tiene que hacer, y culpable, terriblemente culpable de haber tratado así al ser que formaba parte de ella.

Cuando la Doctora Jackson entró en la habitación, el drama con el que se topó no era nuevo para ella. Era cuestión de tiempo que la culpabilidad acudiera tras estos episodios.

—Hola Isabella. —Le sonrió y acto seguido miró el informe que llevaba en las manos, dándole tiempo para que se compusiera, algo que hizo rápidamente tomando un pañuelo de la mesa auxiliar de su derecha.

—Doctora. —Susurró carraspeando después para aclararse la voz.

—Todo está bien. —Volvió a mirarla.

—Gracias de nuevo.

—Es mi trabajo. ¿Cómo te encuentras?

—No puedo ocultarlo, me acaba de pillar. —LA sonrisa de Bella a través de su cara roja y sus ojos vidriosos dejaban claro que hacía un rato que lloraba.

—No te martirices por esto Bella, el mundo en el que vivimos nos lleva a estar permanentemente en un estado de tensión. Eso sí, ahora necesitas ese reposo absoluto que no te has permitido anteriormente.

—Lo sé.Y lo voy a cumplir a rajatabla. No le quede ninguna duda.

—Tienes que ser positiva, y echarle ganas a esto. Apenas van a ser tres meses. Y la compensación posterior va a ser muy grande, créeme. —Apretó su mano con contundencia.

Bella asintió. Tenía claro como el agua que no iba a menearse de una cama si eso era lo que su pequeña necesitaba.

—He hablado con tu marido esta mañana. —Bella sonrió, no le sacó la idea de que no lo era, se sentía demasiado bien con ese apelativo para Edward. — En dos días, te daremos el alta. Simplemente queremos cerciorarnos de que todo va bien, y de que te vas tranquila a casa.

—Si…—La mirada se le perdió.

No iba a casa precisamente. Sabía que era lo correcto, ir a casa de Esme y Carlisle era la mejor elección, no podía cargar a Rose con esa obligación, ella seguía con su vida. Pero estaba Kate…y era consciente de que no iba a ser fácil. Además de que Edward se ausentaría, no sabía bien por cuanto tiempo, para no desatender el negocio en Pemba.

—Vamos. Estar en casa de la suegra no puede ser tan malo. —Bella observó a la Doctora, trató de hacerla sonreír.

—Ya. —LA sonrisa no llegó a los ojos. — Son buena gente. —Y no lo dudaba, ni siquiera de Kate, que sabía que solo le faltaba darse cuenta de lo que su marido era en realidad para reponerse, pero de ahí a que no le guardar ningún rencor, había un trecho.

—Por cierto, esto te lo recordaré en el momento del alta pero, espero que sepas que reposo absoluto significa nada de sexo. — Ariadne sabía que este tipo de recomendaciones hacía que las pacientes se sonrieran, se sonrojaran y perdieran el hilo de los pensamientos negativos , fueras cuales fueran los de Isabella Swan en ese momento. Y así fue, las mejilla de Bella se arrebolaron al instante.

—Supongo que eso va a ser difícil de llevar. —Pensó en el apetito sexual que había tenido esos meses atrás, y lo bien que había sido saciado por Edward. Algo le hizo fruncir el ceño y asustarse. —Doctora Jackson  ¿El sexo ha podido provocarme esto también?….me refiero, junto con el estrés.

—No Isabella, que ahora necesites reposo en ese sentido también, no significa que el haberlo practicado anteriormente haya sido un factor para lo que ha pasado. —Sintió como su paciente respiraba tranquila. —Te dejo descansar, duerme un poco, te vendrá bien. Y deja de pensar en lo que hiciste o no, y piensa en lo que vas a hacer a partir de ahora.

Kate había comido bastante más que los días anteriores, se había duchado mientras se repetía una y otra vez que lo que iba a hacer era bueno para ambas, su hija, principalmente y ella, por descontado. Se vistió con ropa cómoda y formal, aplicó maquillaje a su cara de una manera natural, tapando las ojeras, y tras volver a discutir con su madre el hecho de que quería ir sola a casa de James, había salido por la puerta abrigada ante la imponente nevada que cubría la ciudad de Nueva York.

El taxi la dejó en la entrada de la casa que compartía con James, esa casa que hacía poco tiempo había estado rebosante de amor, o eso creía ella. Se negaba a pensar que James nunca le amó. Porque sus cambios de humor y sus rarezas extremas, venían ocurriendo solo un año atrás. Era imposible que los siete años restantes hubieran sido un fraude.

—No es el momento Kate. —Se dijo en un murmullo e inspiró con fuerza, dejando el vaho de su respiración colgando en el aire mientras se dirigía a la puerta de la casa con paso firme.

Abrió la puerta con sus llaves, y le chocó la quietud, la semioscuridad en la que estaba sumida esa casa, y el olor rancio a cerrado. Antaño había sido tan alegre durante las fiestas navideñas.

Caminó despacio hacia el salón situado a la derecha, esperando escuchar algo. Olía a hollín, como si la chimenea llevara días sin limpiar. Cuando entró en la amplia estancia decorada en sobrios tonos marrones se quedó petrificada al ver la escena delante de sus ojos.

Un vaso hecho pedazos en el suelo, la mesa con varias botellas terminadas de licores fuertes, un Cd con una sustancia blanca en un pequeño montoncito y el billete de veinte enrollado al lado, le hicieron ahogar un grito contra su mano, era algo que no esperaba de James.

El olor a alcohol conforme se aproximó al sillón, hizo que tuviera que arrugar la nariz. En los sofás de una plaza había sendas fotografías de una mujer desnuda y embarazada. No se veía su cara, eran fotos artísticas, realmente preciosas. Kate arrugó la cara sin querer entender que era lo que había pasado allí.

Se asomó al sofá grande, el cual de momento se escapaba a su visión, y vio a James, dormido, con solo una camiseta puesta, su miembro fláccido cerca de su mano. Las manchas nacaradas, brillantes y secas por las piernas y camiseta, ofrecían una imagen dantesca a sus ojos.

Kate reprimió una arcada y se volvió siendo incapaz de seguir contemplando lo que su actual marido, de momento, representaba ante sus ojos. El bolso se deslizó de su hombro y el golpe ni la sobresaltó ni despertó a un James, agotado, tras varios días bebiendo y esnifando coca, completamente fuera de si, desde que le habían entregado las fotos que había comprado en la exposición.

—¡OH Dios Mío!—Su mano temblorosa tapó su boca para ahogar el jadeo desesperado que brotaba de su pecho. Le parecía increíble, pero  no podía evitar la asociación entre las fotos de la chica en estado y Bella. –Está enfermo…—Sollozó. —Está enfermo. —Caminó hacia la puerta, tras recoger el bolso con manos temblorosas, siendo incapaz de permanecer allí por  más tiempo.

De repente se encontró a dos manzanas de su casa, sin saber cómo había llegado hasta allí. Como una zombi paró un taxi y de manera autómata le dio la dirección de la casa de sus padres.

En ningún momento había cavilado sobre cómo se encontraría a James, pero esa manera no hubiera entrado nunca en su mente. Se sintió enferma, no sabía si conocía a su marido.  Pensó en Sofía, ¿qué le iba a decir de su padre?  No esperaba siquiera compartir custodia después de lo que había hecho, pero sabía que no podía negarle a su hija el derecho de estar con su padre. ¿Y ahora?, ahora eso era inviable, lo que había visto no se correspondía con el hombre al que había amado, al que seguramente seguía amando. Porque así era, seguía queriendo al James que le dotaba de una seguridad absoluta cuando se encontraba con ella, le hacía sentir completamente hermosa con su forma posesiva de ser. Quizá por eso le era muy difícil alejarse de él, porque sentía que si no estaba a su lado, se convertía en nada.

Se consternó, ordenó su mente tras lo que acababa de ver. No había ido a ver  a su hija en absoluto durante esos días desde que pasó lo de la conversación telefónica grabada, y ahora entendía por qué. Estaba ocupado con su obsesión hacia la novia de su hermano.

En frente de casa de sus padres, se aparató hacia los setos del jardín y vomitó  la comida que había ingerido poco tiempo antes, junto con la bilis final por el esfuerzo. Volvía a sentirse mareada tras los acontecimientos. Respiró hondo, agradeció haberse negado a  que su padre le acompañara. Debía componerse y hacer como que no le había encontrado. Esto no podía saberse en casa.

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