Capítulo 17

13 Diciembre

Edward POV

Me monté en el coche, estaba excitado, diablos, yo también habría necesitado una ducha  pero con ella.

Desde que la conocí mi mundo giraba en torno a encontrar tiempo libre para estar con Bella.

Era la luz de mis días.

Era tan espontánea que entró en mi corazón a una velocidad de vértigo.

Era natural.

Era ella, sin dobleces.

Atrevida, positiva, encantadora…

Tenía una imaginación excepcional, viajaba con la mente, me llevaba a muchos lugares de los que leía, de los que se informaba.

Ella soñaba despierta, y compartía sus sueños conmigo, en voz alta.

Perfecta…

Era difícil enfadarla, aunque incluso cuando lo estaba resultaba especial.

Una gran profesional, su jefe la tenía en alta consideración.

Verla trabajar había sido un regalo, una mañana de sábado le tuve que acompañar a una emergencia, un caballo había tenido una fractura grave tras una carrera y Bella tuvo que intervenirlo de urgencia. Era increíble su destreza, con razón su jefe le tenía en tan alta estima.

Era mimosa, cariñosa, sensual…

Sexual, buff muy sexual…

Mi entrepierna volvió a reclamarla, las imágenes de nuestros encuentros sexuales revolotearon en mi cabeza.

Iba con una estúpida sonrisa en mi cara a trabajar, como cada mañana desde que volví de Miami.

—Buenos días, Chloé. —La recepcionista me recibió con una gran sonrisa, y me escaneó de arriba a abajo, como cada mañana. Odiaba eso.

—Buenos días Doctor Cullen. Su consulta comienza en diez minutos, con Daniel, y la señora Smith.

—De acuerdo. —Asentí sin apenas mirarla y me dirigí a la consulta. No soportaba sus insinuaciones, a veces más directas que otras.

Me puse la bata blanca encima de mi ropa, mientras contemplaba la foto encima del escritorio, mi preciosa Bella, era una foto que Jake nos hizo una tarde en Central Park, estaba hecha de lejos pero el zoom de la cámara la convirtió en un primer plano.

Nos mirábamos a los ojos, la intensidad de la mirada lo decía todo. No necesitábamos hablar, nos pasaba muchas veces, simplemente nos quedábamos buceando el uno en la mirada del otro, yo me perdía en un océano de color chocolate brillante, mi paz.

Unos golpes en la puerta me sacaron del trance.

—Adelante. —Me senté en mi escritorio abriendo los archivos que me darían las historias clínicas de esa mañana.

Fue una mañana más, llena de historias, de niños y sobre todo de madres, algunas asustadas y otras no.

Me gustaba mi trabajo, se me daban bien los niños, creo que era porque en el fondo yo seguía siendo uno. Disfrutaba plenamente del tiempo que pasaba en la consulta.

Estaba con mi último paciente y sonó el teléfono, era la línea interna.

—Dime, Chloé.

—Doctor Cullen tiene una llamada de Boston— ¿Boston?, ¿Bella?…no creo, me llamaría al móvil. —Una tal Rosalie… —La corté de inmediato.

—Pásamela Chloé—Nunca me habían llamado a la consulta.

—Edward…—Era Rose, sonaba agitada.

—Si Rose, ¿Estás bien?… —Mi cabeza entró en modo alerta.

—Tu móvil…no me lo coges y yo…— Vi en mi mente como el aparato quedaba encima de mi cama, olvidado. —Es Bella…—Dios, Bella. —no está bien…—Seguía sollozando.

—Un minuto, Rose. — Tapé el teléfono y miré a las pacientes sentadas al otro lado de mi mesa.

—Perdone Señora Tisdale, en este momento no voy a poder atenderla yo, pero mi compañero, el Doctor Morgan lo hará sin problemas. —Toqué una tecla del teléfono dejando a Rose en espera. —Señorita Olsen, por favor atienda a la Señora Tisdale y consígale una cita inmediata con el Doctor Morgan.

Salió con su hija de la consulta musitando un “gracias”.

—Rose, por favor ¿estás ahí?—Los nervios hicieron que mi estómago se estrechara de repente.

—Edward, tienes que venir. —Le temblaba la voz.

—¡¡Dime que ha pasado Rose!!—Casi grité, —¿Dónde está Bella?—le exigí.

—Ha tenido un accidente— una arcada brotó desde el estomago, Bella…Accidente…—Está en el Massachusetts General Hospital, le están operando…—Rose no dejaba de llorar, la palabra operando resonó en mi cerebro golpeándome y creando dolor.

—Es grave…—no era una pregunta.

—Tienes que venir Edward, vente cuanto antes. —Fue tajante.

En una hora salía mi vuelo a Boston, Chloé me lo había conseguido de forma muy eficaz mientras hablaba con mis compañeros de trabajo. No sabía cuánto tiempo faltaría, solo sabía que sería todo lo que Bella me necesitase, y ese dato no lo conocía aún.

Me senté en el asiento correspondiente, en una hora y media estaría allí. Llamé a Rose, y le dije la hora a la que llegaba, estaba más sosegada.

No me había permitido llorar en esa hora en la que dejé todo organizado para mi ausencia, pero entonces; sentado, quieto, mi cuerpo comenzó a agitarse, con un llanto incontrolado. ¿Qué estaba pasando con mi Bella?, mi dulce Bella… y si… ¡no!, no me permití pensar más allá de nada.

Rosalie me había dicho que fue un accidente, con el coche, se chocó contra un camión, que estaba en quirófano, tenía varios huesos rotos, pero la operación principal era por el impacto craneal que sufrió. Revestía gravedad, no sabían más.

Llegaría allí, me informaría, había casos que salían bien… ¡no!, basta de pensar. Recordé todos y cada uno de los momentos pasados con Bella, dejando que mis lágrimas surcaran mis mejillas sin compasión, prefería eso a pensar… ¡no!…o Dios Mío…ayúdala…no puede ser…

La azafata me ofreció algo para beber, se lo agradecí.

Llegué al hospital, Alice estaba en la puerta de la calle, tenía los ojos rojos del llanto.

—¡Edward!—Corrió a mis brazos, lloramos juntos. — ¡Oh! Edward…

—¿Cómo está Bella?, Alice, ¿salió del quirófano?—Asintió, las lágrimas le caían sin cesar, la agité—¡Alice!—no podía ser, mi Bella—¡Qué pasa! —Bramé y le zarandeé injustamente.

—Está en coma Edward…Bella está en coma. —Mi corazón se paró, en ese momento mi cuerpo dejó de ser mío, esa mañana hacía apenas unas horas habíamos hablado…y ahora…

Sentía las lágrimas caer por mi cara, imágenes de Bella en mis brazos me golpearon fuerte la mente.

La mano de Alice se apoyó en mi pecho, en mi inerte pecho. Le miré negando una y otra vez.

—Quiero verla…—Susurré.

Encontré a una destrozada Reneé en brazos de Charlie, Rose estaba devastada, mirando al frente, sin ver. Las tías de Bella me miraron con el rostro descompuesto por el miedo, la angustia, el dolor.

Los abrazos en busca de consuelo se sucedieron, sin encontrar nada.

—¿Puedo pasar a verla?—Pregunté ansioso.

—Está en la UCI— hablo un intento de entereza de Charlie— a Reneé y a mí nos han dejado pasar, pero no al resto.

—De algo tiene que servir que yo sea médico. —Charlie asintió y yo avancé con la determinación de quien no recibe una negativa.

En apenas cinco minutos estaba frente a una cristalera, vestido con una bata verde, con mascarilla y gorro. Al fondo en una camilla estaba Bella, rodeada de todos los aparatos que controlaban sus constantes vitales.

Entré y me situé a su lado, estaba pálida, no parecía ella, era como si su personalidad hubiera abandonado su cuerpo.

—Bella…—susurré, las lágrimas caían una detrás de otra nublándome la vista. —Mi Bella…pequeña…soy Edward…soy tu rubio, mi amor. —Besé su frente a través de la mascarilla, lívida. Un nudo se iba formando en mi garganta, me temblaba todo, y lopeor era el dolor de mi cabeza, como si esta me fuera a estallar porno concebir lo que tenía delante de mí, sentí ganas de estrellarla contra la pared una y otra vez. —Mi niña…preciosa…estoy contigo…tienes que despertar dulce mariposa…—no era posible lo que estaba pasando—no puedes dejarme sin ti…formas parte de mi ser…te amo— los “te quieros” se habían sucedido en nuestras visitas y charlas, pero nunca le había dicho que la amaba, me maldije por no haberlo hecho.

Me derrumbé, lloré como un niño, caí sobre mis rodillas al suelo, en un llanto profundo, apenas audible, palpitante, doloroso.

Tenía que hacer algo, esto no era real, esto no podía estar pasándonos a nosotros. Frotaba mis manos contra la bata verde, sin control, noté que empezaba a hiperventilar, me levanté sin poder mirarla de nuevo, di la vuelta lo más deprisa que pude.

Salí, acelerado, quitándome a tirones las ropas médicas.

Corrí por los pasillos, sorteé a Rose, a Alice, incluso vi de reojo como Charlie se levantaba a mi paso, bajé las escaleras saltando.

Las puertas del hospital se abrieron al detectar movimiento. El aire chocó contra mi cara, el frío y húmedo aire de Boston, corrí… corrí sin rumbo, atravesé un parque y me quedé en medio de los árboles.

No podía respirar, no llegaba el aire a mis pulmones, notaba cómo el dolor se expandía por mi pecho, desde el corazón, estaba inmovilizándome por dentro. La ira se apoderó de mí, sentía como el continuo martilleo de mi cabeza no cesaba, se hacía más y más agudo.

La imagen de Bella entre tubos se mezclaba con las imágenes de ella entre mis brazos, riendo, leyendo, viviendo… La sensación lacerante de no tenerla conmigo me atravesó dañándome sin darme tregua. Sentía mi cara mojarse con las lágrimas calientes como si fueran sangre, como si fuera mi corazón deshaciéndose y vertiéndose.

—¿¿¿¡¡POR QUÉ!!???—grité dejando un rastro de vaho colgado del aire—¡¡¿¿POR QUÉ BELLA??!!

Pateé una papelera, la cual ni se inmutó.

Me dejé caer al suelo, la lluvia estaba empapando mi ropa, daba igual, no lo sentía.

Bella…

La impotencia se había apoderado de mí, quería respuestas, a preguntas inútiles.

Bella…

Lloré sin consuelo, me quedaba sin respiración tratando de entender.

Bella…no…

Los planes sin realizar me golpearon fuerte, mesé mi cabello con furia.

Mi Bella.

No sé cuánto tiempo pasó. Unos brazos me rodearon y me cubrieron con un abrigo.

—Vas a enfermar—Era Rose. —Y así no sirves, Ed. —Me hizo levantar, estaba tiritando.Me metió en un coche.

—¿Dónde vamos?—Pregunté. Ni siquiera sabía dónde quería ir.

—A mi piso Ed, tienes que entrar en calor, comer algo. Has pasado mucho rato a la lluvia.

Diciembre, Enero .

Los días se sucedieron, yo estaba en casa de Rose y Alice, aunque eso era en teoría, la práctica era que no me iba del hospital. El hecho de ser médico me dotaba de la posibilidad de estar con ella fuera de las horas de visita.

Cuando el segundo día me informaron de su estado y de la operación, el mundo se me vino encima.

No sabíamos si despertaría del coma, pero si lo hiciera probablemente uno de los síntomas sería amnesia retrógrada severa. Sabía cómo era la medicina, se llamaba preventiva, y te ponían en lo peor.

La pérdida de memoria, la incapacidad de crear una, el no poder realizar algunas actividades o incluso el no razonar, serían los síntomas.

No sabíamos si Bella volvería a ser Bella.

Las Navidades pasaron como un día más, yo con ella, las visitas de sus padres, de sus tías, de sus amigas.

Incluso mis padres se acercaron hasta Boston, fue algo realmente duro, que no la conocieran a ella, a mi niña inquieta, Esme la habría adorado tanto como yo, seguro. Quizá algún día…por favor algún día…

Las noches antes de irme a casa le leía fábulas. A Bella le encantaba cuando le leía, a veces pagaba altos precios por ello, sin saber que yo lo hacía sin necesidad de retribución, embelesado por su cara antes de dormir, recostada sobre mi pecho…joder…

A veces le describía viajes que haríamos juntos, como ella hacía cuando me permitía volar dentro de su mundo. Rara era la vez que no terminaba llorando, preguntándome si llegaría a ser realidad.

6 Enero

Otro día lluvioso en Boston, Rose y Charlie quedaron conmigo para tomar un café en una de las cafeterías fuera del hospital. No quería separarme mucho tiempo de Bella pero casi me obligaron.

—¿Qué tal Ed, muchacho?—Charlie siempre me abrazaba con fuerza.

—Decidme—Tras saludar a Rose, a la que apenas veía a pesar de estar en su casa, les apremié para que me contaran.

—Bien hijo. —Charlie comenzó. —Creo que esto es duro para todos. — Agaché la cabeza. —Pero la vida no puede parar, no para ti. —No entendía que me quería decir. Con mi gesto lo expresé. —No puedes pasarte aquí el tiempo. Reneé y yo…es nuestra hija, pero tú Edward, tú tienes que seguir adelante con tus cosas, con tu vida.

—Tienes que volver a trabajar Edward, tienes que hacer tu vida, no sabemos cuándo despertará…—Rose continuó.

—No sabemos si lo hará—Charlie le tomó el relevo, se le vidriaron los ojos, agachó la cabeza ante la dureza de tal evidencia. No pudo seguir hablando.

—No sabemos cómo lo hará. —Continuó Rose.

—Quiero estar aquí cuando lo haga—Dije tajante, mirando a ambos. Sabía que mi cara no reflejaba nada, hacía mucho que había dejado de hacerlo, pero no iba a cambiarde opinión.

—Edward, puedes venir siempre que quieras, y cuando despierte…

—Que lo hará—Corté a Rose sin siquiera mirarla.

—…que lo hará…te avisaremos…pero tienes que seguir con tu vida.

Me negué, por activa y por pasiva. ¿En qué carajo se convertía mi vida sin Bella?

Mis padres llamaron, siempre lo mismo.

“Vuelve a tu vida en Nueva York hijo, esto no significa que la olvides”.

Mis amigos también insistían.

“Bella no te querría ver así, tirando tu vida por la borda”

Maldita sea, maldita sea mi vida si no la tenía conmigo.

Capítulo 18

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