Capítulo 42

19 Septiembre.

Edward POV.

No era así como quería plantearle a Bella que se viniera a Nueva York, pero a veces las cosas no salen como uno quiere. Tampoco podría culpar a mi madre de ello.

Tras un rato de charla con mis padres poniéndonos al día de todo, y viendo como Bella se integraba mejor que bien, nos dejaron solos en el cenador.

—Ven. —Sin soltarla de la mano la atraje hacia mí y la senté en mi regazo. — Tenía ganas de estar a solas contigo y poder hablar. —Besé su nariz y sonrió.

—Dime…

—¿Qué opinas de ir a Nueva York a vivir?

—Me encanta la idea Ed, me parece perfecto. Siempre que tú quieras, claro.

—¿Bromeas?, nada me haría más feliz que vivir contigo. —Enterré mi nariz en su cuello. — No más horas por teléfono, solo verte a diario. — Besé su cuello sintiendo el efecto que mis caricias le provocaban. — Dormir contigo todas las noches…

—No odiar los domingos…—susurró Bella.

—Esos siempre se odian.

—Si no tenemos que separarnos, yo no los odiaré. — Comenzó a reír cuando metí mi mano bajo su camiseta para tocarle el abdomen.

—Entonces…— Paré y le miré a los ojos.

—Entonces tendré que conocer a Sally y aceptar su oferta si es que sigue en pie. —Me cortó.

—Y… ¿tus padres?— Pregunté con cautela. Bella se incorporó, quedó sobre mis rodillas igualmente.

—Reneé tiene que entenderlo, es lo que quiero hacer, le he demostrado que puedo hacer cosas por mí. Y Charlie sabía que tarde o temprano mi independencia se haría realidad. Papá lo entiende desde ya, y mamá, no le quedará otra que hacerlo. —Dijo tajante.

Estaba tan segura de lo que hablaba que, si no llega a ser porque estábamos en casa de mis padres, me la hubiera comido ahí mismo.

Terminamos de cenar y pasamos con mis padres al salón.

—¿Quieres un café, una infusión?—Mi madre preguntó a Bella.

—Una manzanilla, gracias. Creo que he comido demasiado. —Me miró. — Estaba todo delicioso.

—Yo tomaré otra, gracias mamá.

Mientras mi madre salió hacia la cocina para decirle a Lucy, la chica de la cocina, lo de las infusiones, yo, me senté al lado de Bella. No obstante se quedó inquieta, mirando hacia la chimenea, observando de lejos las fotos que mis padres tenían sobre ella.

—Ven. —Me levanté y ella me siguió. Nos pusimos frente a estas.

—¿Eres tú?— Un niño con chupete, pelo rubio y dormido sobre una almohada blanca en las escaleras que van a la parte alta de la casa, era la imagen que Bella miraba con una enorme sonrisa en la cara.

—Así es. —Cogí el marco.

—¡¡Pero qué bonito eras!!, mira como duermes. — Pasó la yema de su dedo sobre la carita de la foto.

—Era imposible que se echara la siesta en la cama. — La voz de Esme hizo que ambos nos diéramos la vuelta, ya sabía lo que iba a contar, en breve empezarían los ays y las miradas tiernas hacia mi persona, suspiré.

Con la foto en la mano nos sentamos en el sofá.

—¿Dormía en las escaleras?— Bella preguntó sin dejar de mirar la foto.

—Dormía donde le entraba el sueño, al principio trataba de que lo hiciera en su cama, pero al rato se levantaba con su cojín y el chupete puesto, paseaba por la casa cabeceando, y cuando le entraba el sueño, caía dormido allá donde se encontrase.

—Ay Edward, pero que lindo…— Bella me miró, y como si fuera de nuevo aquel niño de la foto, acaricio mi cara en un tierno gesto.

—Si me despistaba tenía que pasarme un rato buscándolo por toda la casa. A veces su hermano venía a decirnos dónde estaba. Una vez le encontramos en el cesto de la ropa de planchar, y como se había hundido tanto, tardamos casi una hora. — Mamá empezó a reír. — Ahora me rio, pero en su momento, me prometí a mi misma que ese niño dormiría en su cama si o si.

—Siempre fuiste muy inquieto Edward. —Mi padre entró en conversación. — Incluso para dormir.

—Que suerte que ya no lo haces. —Me dijo Bella.

—Será porque ahora tiene otro aliciente en la cama.

—¡Papá!— Parte de la manzanilla se me fue por otro lado y me dio un ataque de tos.

—Carlisle. —Mamá le dio en la pierna hablándole en un tono de advertencia.

—A ver, mujer. Para que dormir por las esquinas de la casa, pudiendo hacerlo con la preciosa mujer con la que está…no estoy diciendo nada malo.

—Pensé que te ibas a poner en plan…verde…—Dije cuando me recuperé.

—Está claro que eso también entra. — Empezó a reír, mamá le dio un pequeño empujón para que parara.

Miré a Bella que de repente se había puesto del color de las amapolas. Pasé un brazo por sus hombros y la atraje hacia mí.

—No nos hagas caso. —Y besé su sien.

—Ya, ya…—Susurraba ella.

Dejé la terraza abierta, para ser septiembre hacía demasiado calor, un poco de aire para dormir no vendría mal. Bella estaba en el baño y yo me metí en la cama a leer, solo para hacer tiempo, después del momento a su llegada en la habitación, apenas podía quitarme de la cabeza las ganas de hacerle el amor una y otra vez. Ella lo sabía, vio como al entrar cerré la puerta de la habitación con llave, y me sonrió taimada, no iba a entrar nadie, pero era mejor asegurarnos de ello.

Escuché la puerta a mi izquierda, y con mi visión periférica intuí su cuerpo acercarse a la cama, una vez entró en mi visión frontal me quedé sin aliento, llevaba un camisón negro de encaje que se ceñía a su cuerpo y le quedaba justo tapando su trasero.

—Hace demasiado calor ¿verdad?— Su tono seductor mandó millones de señales a mi cerebro. Solo tenía ganas de atraerla hacia mí y devorarla, pero intenté disfrutar un poco más de esa imagen.

Dejé el libro en la mesilla de noche y le miré de arriba abajo, recreándome en sus piernas, ligeramente bronceadas, en cómo el encaje tapaba la unión de estas en ese rincón del placer, noté mi miembro reaccionar. A través del encaje se intuía su ombligo, y su vientre plano, pensar en pasar mis dedos por allí tensaron mis terminaciones nerviosas. Me di cuenta que ella no se movía, estaba mirando igualmente mi cuerpo, solo llevaba unos bóxer. Volví a sus pechos, los pezones sobresalían en su camisón, me volví loco solo de pensar en lamerlos, y ascendiendo la mirada por su cuello, se lo tocó delicadamente incitándome a saltar de la cama, llegué sus labios, los cuales se relamía.

Era algo espectacular, no estaba para nada cohibida, disfrutaba de la vista, y también de que la mirara.

Me levanté y llegué hasta ella.

—Estas muy sexy pequeña. — Mi voz salió ronca producto de la excitación.

Retiré su pelo del cuello y comencé a besarle, a la vez que con mis manos la atraje y la pegué a mí. La escuché gemir bajo. Sus manos se enredaron en mi pelo, olas de excitación recorrían mi cuerpo. Tener a Bella otra vez en mis brazos, hacerle el amor… era el hombre más feliz del universo.

Una de sus piernas se enroscó con la mía haciendo que mi erección rozara con su vientre, jadeé bajo, no dejábamos de estar en casa de mis padres, y aunque durmieran al otro lado de la casa, el silencio nocturno era muy traidor.

No dejábamos de mirarnos, ella trataba de besarme, yo en un juego macabro también para mí, pero igualmente excitante, lo evitaba. La cogí por las caderas y enrosque sus piernas a mi cintura, dejando una de mis manos en su trasero, bajándola esperando sentir su humedad a través de sus braguitas, para encontrarme que no llevaba más que aquel camisón minúsculo. Mojé mis dedos con su excitación, rozándole suavemente y Bella volvió a gemir, esta vez atrapé sus labios con los míos evitando que se escuchara en la quietud de la casa. Mi lengua entró rauda a explorar su boca, el beso se convirtió en pasión pura en cuanto ambos empezamos a reclamar por igual cada parte del otro.

La tumbé sobre la cama, rompiendo el beso y quité mi bóxer, bajo la mirada de Bella, que destilaba deseo de una forma imposible, como si fuera ayer mismo cuando la poseí en el hotel de Miami. Me tumbé sobre ella, entre sus piernas, y noté como mi erección resbalaba por su húmedo centro, ambos gemimos al unísono, Bella un poco más alto.

—Me encantan tus gemidos Bella…—Le dije mientras besaba su cuello. —Pero esta vez tenemos que tratar de hacerlo en silencio.

—Oh…lo siento…— volvió a gemir. — Me haces perder el norte…— rió ligeramente, y a la vez atrapé uno de sus pezones entre mis dientes a través del encaje. Volvió a gemir. — Vas a tener que amordazarme. — Dijo divertida tirando de mi pelo para mirarme a la cara.

—De acuerdo…— Y caí sobre su boca, besándola con furia, acariciando su cuerpo con mis manos. Y rozando mi erección contra su humedad pensé que me volvería loco.

Despacio subí el camisón hasta debajo de sus brazos.

—Me gusta mucho esto. —Dije entre jadeos sujetando parte de la tela. —Pero ahora…quiero que solo lleves tu piel, preciosa.

Subió sus brazos y se incorporó dejándome vía libre para retirar el pequeño camisón. Iba a ponerme sobre ella de nuevo cuando me sorprendió.

—No…— empujó mi pecho haciendo que yo quedara tumbado con la cabeza en los pies de la cama. — Quiero hacerlo yo también. — Se sentó a horcajadas sobre mí, colocando su centro sobre mi miembro erecto. —Enséñame rubio…—Susurró. — Dime cómo tengo que hacerte el amor.

Y comenzó a frotarse contra mi excitación.

—Oh…sigue así. Lo…estás haciendo de miedo…— apenas podía hablar. Se tumbó pegando su pecho al mío.

—¿Te gusta Ed?

—Si cielo… ¿Y a ti?— Los jadeos se intercalaban en cada frase.

—Oh…si…— Noté cómo ahora rozaba su excitado clítoris contra mi glande, y aumentaba el ritmo. Puse mis manos sobre su trasero, y con una de ellas llegué a su entrada, metí un dedo en su interior. —No voy a aguantar más.

El ritmo de la fricción había aumentado notablemente, sentir a Bella masturbándose contra mí, el roce que estaba haciéndome perder el sentido, como con sus paredes oprimía mis dedos llegando ella al orgasmo, hicieron que al sentir sus espasmos me corriera sin tregua.

—Uau…—Apenas podía hablar, a ella le seguían dando pequeñas sacudidas. Su cara estaba enterrada en mi cuello.

—Vaya…— ella consiguió articular. — No sé si te he hecho algo a ti…pero…—Empecé a reír.

—¿No…sabes que…me has hecho?— Se iba a incorporar y presionó con su pubis a mi pequeño amigo, el cual estaba todavía muy sensible. —No… te muevas…—Me tensé.

—Perdona. —Volvió a caer sobre mi hombro.

—¿Estás incómoda?

—No…para nada, estoy en la gloria…escucho un pitido en mis oídos…—Rió sobre mi piel haciendo que me uniera a ella mientras mis manos paseaban por su espalda ejerciendo cierta presión a la que ella respondía con pequeños jadeos.

—Te quiero Edward, no sé que he hecho en mis otras vidas para merecerte…debí de ser una santa o algo parecido.

—No Bella, soy yo el afortunado de tenerte. Te amo mi vida.

Despacio rodé con ella para dejarla sobre la cama. Le besé la punta de su nariz, estaba tan bonita. Me quedé embobado.

—¿Qué pasa?

—Eres preciosa, pero después de hacer el amor te pones todavía más bonita.

—Tonto. — Me golpeo suavemente el hombro.

—Es cierto…—Me acerqué a ella, con mis dientes cogí su labio inferior, y mi lengua se lo lamió despacio. Deposité un beso suave sobre ellos. —no me creo que vayamos a vivir juntos…por fin.

—Es genial, estoy tan contenta. — Pasó una mano por su barriga y miré en su dirección. — Estamos pegajosos. — Me miró riendo.

—Para que luego creas que no me has hecho nada, ¿nos duchamos?

—Me da bastante pereza pero creo que será lo mejor. ¿Dónde has mandado mi preciosa prenda de encaje negro?

—Mmmm…—Miré alrededor de la cama. —No tengo ni idea…por cierto…¿cómo se te ocurrió?—Le miré pícaro.

—¿Qué crees?—Me dijo enigmática.

—Ni idea. — me senté en la cama.

—Fue idea de las chicas, no se cuantísimas cositas de esas tengo en mi armario, están locas ¿no crees?— Se había levantado y desnuda, perfecta, se dirigía hacia el baño.

Mi cuerpo clamó de nuevo por su cercanía, deseaba estar dentro de ella. Me levante y la alcancé.

—Tengo ganas de estrenarlos todos…—Le susurré al oído, mientras la abrazaba y caminaba junto a ella hacia la ducha.

Abrí el agua sin soltarla.

—Les dije que era imposible que en casa con tus padres hiciéramos nada, pero la verdad, desde el momento que me dijiste que estaríamos en la misma habitación, mi mente se volvió una caldera.

—No habría consentido dormir en habitaciones diferentes. — Comprobé el agua y como tenía la temperatura adecuada entramos en la ducha. — Ni siquiera en camas diferentes.

Comencé a frotar, con una esponja, el abdomen de Bella para retirar mis pegajosos restos. Ascendí por sus pechos con mi mano derecha mientras que mi izquierda se perdía entre sus piernas.

—¿Aquí… Edward?—Gimió por mi contacto con su centro. Mis dedos se abrieron paso por sus pliegues y tras meter la punta de uno de ellos en su interior levemente, volví a su clítoris mientras ella se derretía en mis brazos.

—En la ducha nos encanta preciosa…—Ronroneé en su oído.

Su trasero rozó mi presto miembro y me hizo gemir. La volteé y la besé con pasión, bajo la ducha el agua se colaba en nuestras bocas, lo hacía verdaderamente erótico.

En un solo movimiento la levante y enroscó sus piernas a mis caderas.

—Entra en mi Ed…—Solicitó en un gemido. Mi interior brincó jubiloso, la excitación me recorría sin pudor.

—Un momento preciosa. —Besé su boca con pasión. — Tengo que ponerme protección. — Dirigió la mirada al suelo, y con mi mano le levanté la cara. — Son sólo unos segundos, y estaré dentro de ti.

Empapando el suelo busqué el preservativo en mi neceser, no quería que las cosas se precipitasen, aunque según las cuentas no estaba en sus días fértiles, no era cuestión de tentar a la suerte.

Entré en la ducha, ella estaba bajo el chorro de agua empapando su pelo, terriblemente sensual. La abracé por detrás.

—Ya estoy aquí pequeña… ¿Qué era lo que me decías?— Le pregunté mientras mis manos acariciaban toda la piel que les era posible abarcar.

Ella gimió, la volteé y la subí a mis caderas. Me sonrió tímidamente, supongo que la situación le cortó el momento, no había problema, yo le llevaría al mismo sitio. La besé con pasión, y sus manos volaron hacia mi pelo, con una mano comencé a acariciar su entrada, en seguida perdió la vergüenza.

Ayudándome con mi mano introduje mi miembro en su lubricado interior, haciendo que ambos gimiéramos. Quedé estático, acomodando mi pene al cuerpo de Bella, al sentir como ella se movía contra mí comencé a embestirla apoyándola contra la pared. Sus labios volaron voraces por mi cuello, sus manos tiraban de mi pelo, sus gemidos bajos inundaban mis oídos como el sonido más erótico jamás escuchado.

—Oh…pequeña, se está tan bien dentro de ti…eres tan estrechita…— La cadencia de las penetraciones aumento el ritmo, su cuerpo y el mío me lo pedían.

—Se siente tan bien…—Gimió en mi oído.

Escuchar a Bella así me encendía más, si era posible, me volví loco con sus palabras.

Sentí como sus paredes estrechaban mi miembro, llevándome a cotas de placer elevadas. Nuestras respiraciones eran erráticas.

—Edward…yo…

—Si pequeña…vente…conmigo…

Y a la vez que los espasmos la recorrían de arriba a abajo, que sus paredes palpitaban alrededor de mi pene, me fui en su interior.

Pasamos un par de minutos sin decir nada, abrazados, con Bella contra la pared, su cuerpo desmadejado sujeto por el mío.

—Cielos….esto es demasiado…—Suspiró.

Capítulo 43

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