Capítulo 24

28 Junio.

Bella POV

—Si mamá, estamos comiendo bien. — Llevábamos por lo menos diez minutos hablando.

—Pero coméis en casa o fuera…

—Depende mamá, hemos cenado fuera estos dos días, ¡pero es que sólo llevamos dos días aquí!— me estaba sacando un poco de mis casillas con el test que trataba de cubrir, no sé muy bien a qué fin.

—Y en casa… ¿no coméis?—Reiteró.

—Ayer comimos en casa, de hecho, Edward me estuvo enseñando a cocinar.

—¿Cómo? ¿Qué tú has estado cocinando?—no sé que dije para que su tono cambiara tan bruscamente, pero de repente papá se puso al teléfono.

—¡Hola hija!—El tono era bastante más jovial que el de mi madre. —¿Cómo estás?

—¡¡Papá!! Bien, estoy bien ¿qué le pasa a mamá?, ¿está enfadada por algo?—Estaba sentada en el suelo, apoyada contra un lado de la ventana, miré a Edward en la cocina preparando el desayuno, me miró y guiñó un ojo. Era asombroso cómo con un pequeño gesto me hacía sentirme mejor, él estaba conmigo.

—No Bells, ya sabes que a veces se altera un poco, es que te echa de menos.

—Pero si solo llevo dos días fuera… —soné desganada.

—Lo sé ranita—me hizo sonreír. —Ya sabes cómo es. Pero cuéntame ¿Cómo lo estás pasando?, ¿Te gusta LA Gran Manzana?.

—¿Manzana?

—Nueva York Bells, a veces se le llama así.

—Aha…Si papá, esto es genial. Edward vive en frente del Central Park ¿sabes?, y dentro hay miles de cosas para hacer. Ayer estuvimos en un concierto de Jazz, ¿sabías que me gusta el Jazz?

—No, no lo sabía. —Le noté risueño.

—Pues me gusta, mucho, hace que se me llene el cuerpo de alegría, ¿sabes?, así como cuando estoy con Edward…—Me sonrojé, no debería contarle esto a papá.

—Ya…ya…—papá rió al otro lado de la línea. — ¿Y ya tenéis planes para hoy?

—Creo que…—Miré a Edward—creo que vamos al museo de Historia Natural.

—Te gustará hija, verás.

—Eso dice Ed, claro que si hay animales y yo soy veterinaria, seguro que me fascina ¿no?

—Verás tiene más cosas. Bueno Bella cariño, mamá y yo te mandamos un enorme beso.

—Yo también os lo mando papá, os quiero.

—Nosotros también, disfruta hija, disfruta mucho de todo. —Solté un beso al teléfono y colgué.

—¿Te lleno el cuerpo de alegría como el Jazz?—Edward me preguntó apenas colgué. Mi cara parecía una cerilla seguro.

—Sí. —Susurré.

Agaché la cabeza y me fui al baño a terminar de asearme .Me había estado escuchando…esas cosas no debería decírselas a nadie, y el…

—¡¡Por cierto!!—Grité sacando la cabeza por la puerta del baño—¡¡No creo que esté bien escuchar las conversaciones ajenas por teléfono!!

Pasamos toda la mañana en el museo, salimos a comer fuera y volvimos a entrar después. Estaba embelesada con todo lo que veía, ya no solo los animales, sino también las tribus, la historia… No me cansaba de caminar por los pasillos y pararme en cada enorme escaparate metiéndome en la historia que contaba. Edward me las iba relatando, como si se las hubiera estudiado. Me confesó que era uno de sus museos favoritos.

—¿Estás cansada?—Eran las seis y media de la tarde cuando salimos del museo.

—No. —Respondí tajante.

—¿Te apetece un helado?—Abrí los ojos con asombro.

—Me apetece, en serio que si. —Me relamí anticipándome al frío dulce.

—Pues vamos, a comprar un gran helado de chocolate. —Pasó su brazo por mis hombros, y yo le correspondí abrazando su cintura.

Entramos a Central Park, y en un carrito conseguimos el helado. Edward cogió un plano y se puso a estudiarlo.

—A ver…—estaba pensativo mientras lo miraba. —Está aquí al lado el primero…

—¿De qué estás hablando Ed?— Lamía con avidez, ya que el calor hacía que se fuera derritiendo por el cucurucho.

—¿Me das?— Me dijo de repente, él no se había comprado helado.

—¡Claro!—Se lo ofrecí.

Vi cómo lamía la bola de chocolate, y el compartir el helado de esa forma me provocó unas sensaciones un tanto extrañas en mi cuerpo. No las entendí. Lamí inmediatamente el helado, como si compartiéramos un beso… me sonrojé al instante.

—Es por aquí, ¡vamos!—Me tendió la mano.

Llegamos a un rincón precioso, donde varias personas iban vestidas de época, y allí rodeados de bastante gente comenzaron a representar una escena.

—Es Romeo y Julieta—Edward me susurró—Cuida con el helado…—rió por o bajo.

Miré el helado que se estaba deshaciendo y las gotas rodaban por la mano que lo sujetaba. Estaba embobada con la escena. Edward me tendió un pañuelo, y me limpié como pude.

La obra se sucedía en escenas por todo el parque, en rincones preciosos. Me maravilló todo, el ir caminando de una parte a otra buscando la siguiente, como en el juego en busca del tesoro; los diversos escenarios…y la obra en sí.

Las escenas de amor, los besos que se dieron, me sonrojaron una y otra vez pensando en si Edward me besara de esa manera.

Terminé llorando desconsoladamente cuando mueren, y Edward me calmó con su cálido abrazo.

Eran las diez de la noche, y después de un vaso de leche fría con galletas me fui a dormir. No podía más, los ojos se me cerraban.

Edward como las noches anteriores sacó la cama del sofá y se quedó allí.

—Buenas noches Bella. —Me dio un beso en la mejilla, el cual yo le devolví. —Que descanses.

—Eso seguro…—Le sonreí al marchar. —Buenas noches Ed…—Ahogué un bostezo mientras caminaba a la habitación

Me desperté por segunda vez en mitad de la noche, tenía sed .El calor era sofocante.

Toqué el lado de la cama sin deshacer, si durmiéramos juntos… ¿seríamos novios otra vez?, los amigos también podían dormir juntos, tal vez él no quería dormir conmigo…

Me levanté a la cocina, atravesé el salón, Edward dormía estirado ocupando toda la cama que formaba el sillón, claro si duerme así, no cabemos en la cama.

En la cocina me serví un vaso de agua de la nevera, me senté en un taburete, desde allí veía las piernas de Edward. ¡Las piernas!, eran bien largas sus piernas, y fuertes. Eran preciosas, todo él lo era. Realmente sería genial dormir con él, que me abrazara… duerme muy estirado, ocupa mucho. Vi como se movía, y quedaba sobre un lado, ya no ocupa tanto…¿y si me meto con él a dormir?…me puse nerviosa, y el vaso, que del calor estaba resbaladizo, se me escapó de las manos, no me dio tiempo y además de caer el agua rodó por la encimera y cayó al suelo rompiéndose y haciendo tremendo ruido.

—¿Bella?—Me mordí el labio, había despertado a Edward por pensar en mis locuras. Rápido me bajé del taburete.

—Sí, soy yo—susurré. Estaba incorporado y se volvió.

—¿Estás bien?—Se levantó. Su voz sonaba alarmada.

—Si. —Seguí clavada al suelo. —Lo siento, se me ha caído un vaso, se ha roto.

—¿Te has cortado?—Se levantó y medió de nuevo la espalda.

—No, no me he hecho nada, solo el desastre que he preparado…

—No te muevas ni un milímetro Bella, no te vayas a cortar. — Ví como iba hacia la habitación. No me moví, los cristales brillaban con la luz que entraba por las ventanas.

Al momento apareció, se acercó, le vi tragar y una mueca confusa se formó en su cara, me cogió en brazos. Sentí su olor, con mis brazos le rodeé el cuello, y no dejé de mirarle la cara, me tenía obnubilada, incluso con su cara de sueño era perfecto…

—Lo siento. —Musité.

—No pasa nada preciosa, ha sido un pequeño percance, no te has hecho nada, y eso es lo importante. —Me dejó sobre la cama. —Voy a recogerlo. Duérmete—Me dio un beso en el pelo.

Me levanté mientras el salía de la habitación, me puse unas zapatillas y salí a la cocina. Edward tampoco había dado las luces, con la de la calle era suficiente, la luna llena iluminaba la estancia bañándola de sombras azules. Edward se veía como una escultura griega, recuerdo un documental que vi con mi padre, era clavado a esas estatuas de mármol, pero más guapo, claro.

—Déjame hacerlo a mi. —Estaba con la escoba y el recogedor, me echó un vistazo y reparó en mis zapatillas. Dudó unos segundos, pero me los cedió.

—Para las próximas noches podrías llevarte agua a la habitación, está haciendo mucho calor ¿verdad?—Le noté nervioso.

—Sí, así no saldré de excursión por la noche…—Aunque verle dormir había sido casi mejor que beber agua. El calor me recorrió de nuevo el cuerpo.

Terminé de recoger los cristales. Miré la encimera y Edward había secado el agua. Le vi sentado en el mismo taburete donde antes había estado yo. Estaba en calzoncillos, y estos presentaban un bulto. Le miré detenidamente, el resto del cuerpo, no era bueno mantener la vista ahí precisamente. Tenía un cuerpo alucinante, cuando me abrazaba intuía que estaba marcado, pero a la vista…era demasiado… Me sonreí, mordiéndome el labio. Me gustaría tanto tocarlo…

—¿Estás bien?— y le miré a la cara, me sonreía prudente. Estaba encorvado, su postura había cambiado. Mis ojos se abrieron en un gesto de sorpresa, me había pillado mirándole de arriba abajo.

—¿Te has dado cuenta que vas en calzoncillos?—Las mejillas me ardían. Él miró al suelo.

—El calor… es asfixiante. Vamos a intentar dormir…. ¿Vale?—Me miró fijamente a la cara, estaba raro, me figuré que el que te despierten con un susto no ayuda a estar de buen humor, seguro que le había enfadado.

—¿Estás… enfadado?—Me mordí el labio de nuevo y miré a otro lado.

—No Bella…no estoy enfadado, de verdad. —Noté como volvía mi cara, pero a una distancia prudente, no se acercó. —Vámonos a dormir ¿sí?, mañana tenemos la barbacoa con los chicos, tenemos que estar descansados.

Cuando le miré supe que no lo estaba, no estaba enfadado conmigo, pero sí que estaba raro.

Capítulo 25

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