#34#

Alice, Bella y Jacob salían de la cocina con tres bandejas de comida en  las manos.

—Se te ve pletórica. —Alice miró directamente a Bella que sonreía sin parar.

—Lo estoy. —Dijo conteniendo la emoción. —Y eso que no me parece real que esté aquí.

—Pregúntaselo a tu entrepierna. —Sugirió Jacob riendo.

—Estás salido. —Le regañó Bella.

—Habéis estado cuatro horas sin salir, y uno de los huéspedes le iba diciendo a su mujer que en la cabaña 12 debían de estar de luna de miel…—Jacob levantó las cejas pagado de sí mismo y Bella se sonrojó.

—Hacia un mes que no estábamos juntos. —Se defendió.

—Di que si, a quererse que son dos días. Deja de joder a Bells, que seguro que cuando te declaraste a Vasu te dejó el culo como la bandera de Japón.

—¡Alice!— Bella le miró escandalizada.

—Si me lo merezco por capullo…quien me mandará…—Adelantó el paso y llegó antes que ellas a la mesa.

Cuando llegaron a  la mesa,  los chicos hablaban animadamente. Bella se puso al lado de Edward y dejó la bandeja sobre la mesa inclinándose ligeramente. Este, sutilmente y ajeno a las miradas de los comensales, deslizó su mano por una de las piernas de Bella, haciendo que esta se tensara, acarició su parte interna subiendo despacio hasta el muslo. Bella le miró alarmada y acalorada abriendo mucho los ojos. Edward le hizo un puchero disimulado y sacó su mano de entre sus faldas.

—Estás hecho un trasto ¿sabías?— Le habló al oído mientras tomaba asiento.

—Si nos hubiéramos quedado en la habitación a hacer feliz al bebé con las endorfinas, no haría estas travesuras. — Le besó en los labios rápido y volvió a prestar atención a la conversación sobre espiritualidad que Vasu y Jasper mantenían con fervor.

—Si te hubieran planteado hacer un viaje con ellos a lo Marlo Morgan ¿lo habrías hecho?—Vasu que  estaba interesado en el viaje de Edward, iba todavía más allá.

—Pues…—Dudó el fotógrafo. —Creo que si esto me lo hubieran propuesto hace medio año, seguro que lo habría hecho sin pensar, pero dado que estaba ansioso por ver a esta fabulosa chica de mi derecha, ahora habría sido inviable. — Se metió un pedazo de pescado en la boca.

—Pues tiene que ser alucinante, atravesar el desierto casi hasta perder el raciocinio. —Jasper asentía ante las divagaciones de Vasu.

—Místico, como poco. —Aportó el chico rubio.

—Tuve una experiencia algo diferente, no sé si llamarla mística o alucinógena. —Añadió Edward sonriendo.

—¿En serio?—Vasu dejó el tenedor en el plato y bebió vino de su copa, se limpió los labios con la servilleta y poniendo toda su atención esperó a que Edward les relatara su experiencia.

—Ya sabéis, sustancias que toman en las noches estas de rituales mágicos.

—Drogas. —Aportó Jacob. Bella asentía sin parar de comer, le encantaba escuchar a su chico hablar, pero el sexo que habían tenido en la habitación toda la tarde, le había abierto el apetito.

Cuando terminó de contar su viaje astral, todos, excepto Bella que seguía picando de las bandejas, le miraban con  los ojos como platos.

—¿Quieres dejar de comer?—Jacob se dirigió a ella. — Edward está hablando de algo súper bonito de lo cual tú eres la prota, junto con el bebé y no paras de tragar.

—Ya…. —Se encogió de hombros. — Tengo hambre Jake. Y me lo sé. — Le sonrió dulcemente mientras bebía agua.

—Me dejas alucinado Bells, no paras. — Continuo el profesor de yoga.

—Es pescado y verduras, esto no engorda. —Le miró haciendo un puchero.

—Le he dejado hambrienta. —Dijo Edward abrazándola y haciendo que se pusiera colorada como una remolacha.

—De eso somos conscientes. Nosotros y todo el hotel. — Vasu rió a lo que le siguieron todos.

—Somos muy escandalosos Ed. —Le susurró Bella ocultando su cara en el cuello del fotógrafo, y dejándose achuchar por él.

—Envidia…Seguro que hemos supuesto un afrodisíaco para algunos, porque escucharte a ti enciende a cualquiera. —Le susurró de una manera que a Bella le pareció únicamente erótica.

—¡Ya vale!—Alice se levantó para recoger los platos. — Que sois insaciables, ahora entiendo a Rose…

—¿A Rose?—Preguntaron al unísono Edward y Bella.

—Dijo que durante los días de la excursión, erais como perros insatisfechos. —Bella volvió  a sonrojarse.

—¿Algún problema?, esto es todo por el bien del bebé, para que esté feliz y tranquilo. —Dijo Edward sobrado.

—Si es por prescripción médica…—Dijo Jasper levantando las manos haciendo que todos terminaran en  carcajadas.

Alice  llegó a la mesa con un bizcocho de chocolate enorme.

—¿Estaba escondido? –A Bella se le salían los ojos de las orbitas.

—Que crees sino…—Jacob le miró alucinando con su expresión.

—¿De mi?—Se sorprendió, miró  a Alice y esta levantó las cejas para mirar a Jasper rehuyendo la mirada de Bella.

Bella miró a Jasper directamente como si tuviera algo que ver.

—Oye…a mi sacadme de esto. —Dijo Jasper aguantando la risa y sabiendo que así era, Alice lo tenía poco menos que bajo llave.

—Qué barbaridad…—Bella hizo un gesto de exageración con la cara. —Ni qué me tuvierais miedo.

—Es que devoras. —Le dijo Jake por lo bajo.

—Exageras. —Le devolvió queda.

—Estaba cogiendo fuerzas para mi llegada. — Edward se le acercó y hundió la nariz en su cuello, le resultaba muy complicado mantener las manos fuera de ella. —Ahora podrás comer lo que quieras, porque yo me encargo de que lo quemes después.

—Exacto. —Bella sintió un escalofrío que le subió por la columna y trató de cuadrarse mirando al resto.

—En serio…sois de lo que no hay. —Concluyó Vasu comenzando a cortar el apetitoso dulce.

—¿Cómo fue el viaje por Argentina?—Edward mordisqueó el chocolate de un pedazo de bizcocho.

—¡No!—Jake exclamó mirando repentinamente a Alice.

—¡¡Bárrrrrbaro che!!—Alice rescató su acento y su español, y Jacob hizo una mueca desagradable. — ¿Algún problema pelotudo? ¿No podés soportar mi acento?—Alice se puso a reír y a aplaudir como una lunática y todos le acompañaron excepto Jake, que había sido el más vapuleado con la guasa de la pequeña chica.

—Tendremos que volver a ir cuando sea verano, nos dejamos la zona sur, pero lo que vimos nos dejó con ganas de más. —Jasper respondió a Edward.

—La verdad es que Ushuaia y el Perito merecen la pena. Pero, en general toda Argentina es  Bárrrbara. —Edward dijo la última palabra en español y con acento, esto hizo que Alice volviera a mirar a Jacob.

—Eres el único que no entiende esto. — Jacob le mostró su dedo central y ella le sacó la lengua.

—Ya se ha establecido que se llevan así. —Le dijo Bella a Edward. —No hay quien los pare. —Elevó los hombros mientras comía bizcocho.

Después de una sobremesa larga y salpicada de bromas, Edward y Bella se dirigían a la cabaña 12 abrazados como lapas. Él besó a Bella en la cabeza y la apretó contra si como si no se creyera que la tenía a su lado.

—Son increíbles Jacob y Alice, no me dirás que te has aburrido.

—Imposible, excepto cuando se metían con mi hambre voraz, y eso que estoy cuidándome.

—Pero no estás excesivamente gorda. —Sonó a duda, él no la veía así, pero no estaba seguro de si había algún límite en eso del embarazo.

—Lo sé. —Dijo muy pagada de sí misma. —El doctor me dijo que me mantuviera entre unos pesos y es lo que hago, pero a veces…—Rodó los ojos.

—Eres una golosa. —Remató quedo.

—Hablando de golosinas…—El recuerdo de su despedida le vino a la mente. —Me debes una…—Ronroneó Bella buscando el cuello de él.

—¿Perdona?— Preguntó escéptico.

—Si…—Se paró a tres metros de la puerta de la cabaña y atrapó el lóbulo de su oreja en un mordisco juguetón— Una piruleta…mmmm—Volvió a ronronear, provocando en Edward una oleada de placer.

—No sé si tengo…—Bromeó conteniendo el aliento mientras la mano de Bella acariciaba su abdomen y franqueaba la barrera de su pantalón.

—Yo creo que sí…—Metió la mano dentro del vaquero y se encontró que no había más barreras, por lo que tropezó directamente con el miembro de Edward casi presto a sus toques. — Como me pone tocarte. —Le susurró al oído abrazando su erección con los dedos y moviéndola despacio sintiendo como iba  adquiriendo más dureza.

—Bella…—A Edward se le pusieron los ojos en el cogote. —A mi no me importa hacer aquí lo que tengas pensado pero…—Inspiró con fuerza. — Tú eres la directora.

De repente paró y se avergonzó de sus formas.

—Oh Dios mío. —Le miró mientras sacaba su mano del pantalón. —Dime que me has hecho, yo nunca he sido así. — Le miró coqueta se mordió el labio seductoramente y se dio la vuelta para entrar en la cabaña.

Edward reaccionó y le siguió rápidamente al interior.

—Piruleta decías…—La abrazó por detrás frotando su dureza contra el trasero de la excitada chica.

—Ven aquí. —Ordenó tirando de su brazo y despegándolo de su trasero. — Quítate esos pantalones y túmbate. —Le dijo seria. Estaba muy excitada, y quería agradecerle su despedida.

—A_sus_órdenes_— Ralentizó cada palabra y le sonrió de lado, quemándole con sus ojos verdes.

Para deleite de Bella se quitó la camiseta, blanca de algodón, que llevaba, de una manera lenta y sinuosa, sin apartar su mirada, y luego cayeron sus pantalones. Así, desnudo y con un cuerpo que le quitaba el aire, se le quedó mirando pícaro. Bella levantó una ceja queriendo remarcar la orden completa. Edward levantó las manos disculpándose y se dejó caer en la cama.

Solo los grillos, las cigarras de la selva y las olas del mar se escuchaban en la habitación.

Se apoyó en los cojines del cabecero y observó como Bella se fue desnudando despacio, como había hecho él, sin retirar la vista de sus ojos. Dejó caer las bragas al suelo sin quitarse el vestido y salió de ellas mientras se desabrochaba el sujetador. Deshizo  el lazo que ataba la parte superior del vestido, tirando del cuello para que se agrandara del todo. Lo deslizó por los hombros y lo fue bajando junto con el sostén. Edward le miraba embelesado. Ayudó ahuecándolo en la zona de la tripa y lo dejó caer del todo. Estaba delante de Edward, completamente desnuda y encendida.

Se acercó a la cama y se relamió mirando su entrepierna. Abrió la boca ligeramente y Edward, con la anticipación corriendo por sus venas, jadeó. Ella sonrió taimada y  arrodillándose en la cama, comenzó a gatear hacia él.

—Bella…—Susurró impaciente. Bella sintió que su sexo también estaba húmedo, pero estaba gozando de la espera como una niña.

—Shhh…—Seria, se puso el dedo en los labios instándole a callar y despacio, cerca ya de su erección, se metió el dedo en la boca, retorciéndola lengua en él, y mostrándoselo. Él dejó caer la cabeza sobre las almohadas cerrándolos ojos con fuerza. Imposible soportarlo.

Ella descendió sobre su cuerpo y lamió como de casualidad su masculinidad, escuchando el jadeo que escapó de sus labios. Volvió a hacerlo esta vez en toda su longitud. Edward tembló.

—Nena…—Suplicó entre dientes. Besó su punta y se irguió.

—Dime…—Dijo solícita, y su mano comenzó a masturbarlo.

—Oh…— observó cómo apretó sus ojos y se descubrió apretando sus piernas para buscar algo de fricción.

—Bien…—Susurró y volvió a agacharse. Introdujo todo su miembro en la boca y comenzó a succionar con fuerza, en un ritmo pausado. Edward luchaba por no mover sus caderas hacia delante, sujetó las sábanas con fuerza. Bella aumentó el ritmo y acompañó a su boca con la mano para abarcarlo todo, presionando. Mantuvo la cadencia marcada y jugueteo con sus testículos, tirando con suavidad.

—Bells…—Edward se quedó estático y su miembro se agitó en la boca. —No…—Gimoteó. — Así no…—Bella no dejó su actividad y sintió como en unos segundos su boca se inundaba de la simiente de Edward, que temblaba como una hoja. — ¡¡WAW!!—Soltó el aire de sopetón y Bella se incorporó relamiéndose, satisfecha y profundamente excitada. —Dame un minuto…—Jadeó. —Dame un minuto y estoy contigo…— Bella rió en un gorgorito y Edward volvió a sentir un espasmo en el cuerpo. — ¡¡WAW!!

Bella se tumbó a su lado sonriendo, encantada de procurarle tanto placer, como él le procuraba a ella.

—Deduzco que te ha gustado. —Le dijo al oído y le besó en el cuello. Se acomodó contra su cuerpo y Edward tratando de serenarse le acogió de buena gana.

—Y yo que pensaba que después de esta tarde y del Jet Lag no se me levantaría. —LE dijo sonriente.

—Soy infalible. —Bromeó ella.

—Desde luego…—Se puso de lado y comenzó a acariciar sus muslos. — Quiero ver en qué estado te deja a ti todo esto. — En un movimiento  su mano estaba entre las piernas de Bella, provocándole un sobresalto. —Madre Mía…estás…—Acarició su sexo despacio, pasando el dedo índice por su hinchado clítoris, y abriendo sus labios con cuidado, para deslizarlo hasta su interior. Ella jadeó. —Nena, estás empapada. Apuesto a que no tardo ni segundos en hacerte venir.

—Engreído. —Dijo conteniendo la respiración.

—No. —Sonrió y continuó moviendo su dedo dentro y fuera, mientras su pulgar hacía círculos perezosos en su clítoris. — Estoy tan seguro de mis posibilidades Bells. —Ronroneó en su oreja y acto seguido lamió su cuello. — Me gusta tanto sentirte tan húmeda entre mis dedos… ¿Sientes cómo entra?…¿Sientes lo bien que se desliza?— Introdujo un dedo más en su cavidad, y según hablaba hacía exactamente lo que sus palabras dictaban. — ¿Notas lo hinchado que está?… —Bella ahogaba los gemidos mordiéndose el labio y pronto sus caderas empezaron a moverse contra su mano. — No…no te muevas, aguanta quieta, verás que es mejor…—Bella hizo lo que le pidió, y aguantó estática, absorbiendo el placer que le estaba provocando, sintiendo como en su abdomen comenzaba a formarse un nudo tenso de placer. —¿Te acuerdas de lo que mi lengua hace exactamente aquí?. — Aumentó el ritmo de su pulgar en su centro y Bella explotó, su grafismo la había llevado al límite y sus movimientos expertos hicieron que Edward ganara su apuesta.

—Amo ver cómo te vas…—Le susurró mientras ella temblaba contra su mano y él prolongaba su placer con movimientos en su sexo.

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