Capítulo 16

13 Diciembre

Bella POV

Durante estos últimos tres meses mi vida era plena. Entre semana trabajaba en la clínica, mi trabajo me gustaba, y lo disfrutaba. Cada dos fines de semana, sin excepción alguna, incluso a veces cada fin de semana, veía a Edward. O bien me iba a Nueva York yo, o venía él a Taunton.

También quedábamos con los chicos. Alice y Rose venían a Nueva York conmigo cuando podían. Ángela consiguió el traslado en menos tiempo de lo esperado, y se puso a vivir con Jacob directamente. Se les veía genial juntos, como si no hubiera pasado el tiempo.

Cuando Edward venía a Massachusetts apenas salíamos de mi casa, Taunton no tenía mucho que ver, por lo que nos dedicábamos a nosotros durante todo el fin de semana. Veíamos películas, leíamos disfrutando de nuestra cercanía, teníamos charlas interminables sobre cómo arreglar el mundo, cocinábamos juntos y por encima de todo nos amábamos sin barreras.

Mi ático era de por sí pequeño, pero a mi sin Edward me quedaba grande, cada vez que se iba el domingo miraba el espacio, como si en vez de treinta y cinco  metros cuadrados fueran cien, y vacíos, así me quedaba sin su presencia. Pero esto estaba solucionado, y la emoción me colmaba al pensarlo.

Durante la semana hablábamos todas las noches una hora por teléfono, el día estaba salpicado de mensajes de texto, y de vez en cuando nos mandábamos cartas manuscritas, con fotos, recortes que nos recordaban al otro, con detalles que las hacían nuestras.

La mañana del 13 de Diciembre comenzó como siempre, un mensaje de texto me despertó a las 7:30 de la mañana, era mi rubio.

“He soñado contigo pequeña, será porque he dormido en tu lado, que huele todavía a ti. Estoy tomando un café en la cocina y parece que te veo en el sofá inmersa en tu lectura. Te extraño tanto, amor. Besos con sabor a chocolate”

Era perfecto, una sonrisa se ponía automáticamente en mi cara, y saltaba de la cama sintiendo su mirada cerca. Lo amaba con locura.

Me puse música, un CD de Jazz que Edward había traído en su última visita a casa.

Conecté la cafetera, la cual estaba cargada desde anoche, escuchando los acordes del saxofón con el contrabajo de fondo, todavía con el móvil en la mano, releyendo una y otra vez su mensaje.

Me senté en uno de los taburetes de la barra, que dividía el salón de la cocina, tapada con una mantita por el frío de la mañana, llovía, se sentía el ruido en el techo de casa.

Comencé a mordisquear una galleta integral.

“Te siento a mi lado, tan cerca…Estoy escuchando Jazz, y cada nota me recuerda que tu y yo somos diferentes melodías y que si nos mezclan en un mismo pentagrama, la fusión es la más perfecta de las piezas. Me voy a duchar… ¿te vienes conmigo?”

Terminé mi galleta, le di a enviar, y me metí en el baño. No me había empezado a desnudar y sonó el móvil.

—Buenos días, dulce…

—¿Me invitas a la ducha?—su voz sonaba pícara.

—¿Quieres entrar?—Ronroneé.

—¿Por qué diablos estas tan lejos?—Reí, ante su tono de frustración.

—Mañana nos vemos y… te esperaré en la ducha, te lo prometo…—la última parte la cargué de sensualidad.

—¡OH! Bells, gatita, esto no es bueno, así de mañana…tengo que salir pitando a la clínica—Reí.

—Lo sé…—me mordí el labio—Lo siento…—Susurré.

—Dios Mío, Bella, ¿te estás mordiendo el labio?—Su tono era bajo.

—Aha…—Un sonido ronco se escuchó a través del teléfono.

—Tócate… como si fuera yo ¿sí?—su voz sonó ronca, y me excitó— Y córrete gritando mi nombre. —Mi centro volvió a reaccionar mojando las braguitas que llevaba puestas.

—Ed…—Gemí.

—Me estás poniendo a tono preciosa,—el matiz bajo de su voz me estaba transportando a sus brazos directamente— Pero te tengo que dejar, esta noche me contarás que tal ha ido tu ducha…un beso húmedo para mi pequeña gatita. Dime que estás sintiendo mis dedos.

—Te quiero…—Sonó a jadeo.

Colgamos.

La ducha fue excitante, todo lo que me pidió lo hice, y salí de ella, completamente nueva.

Estaba saliendo por la puerta y sonó el móvil de nuevo, era de la Clínica.

—Hola Bella, soy Martin.

—Buenos días. jefe.

—Buenos días Bella, no me llames jefe diantres,—reí. —Ha surgido una urgencia, tienes que ir a la cuadra Spencer, una de las yeguas se ha puesto de parto, ya tuvimos problemas con ella el año pasado, hay que ayudar.

—Bien Martin, tardaré…20 minutos, más o menos…pero…no tengo nada de material en el coche—bufé ante el imprevisto. —Tengo que pasar por allí.

—Está bien, llamaré a John. Para que no entre en parada, ya sabes.

—Sí, está histérico seguro, quizá debería anestesiarle a él primero —Ambos reímos.

En tres minutos estaba en la Clínica, normalmente iba andando, en Taunton todo estaba cerca.

—Hey Martin. —Saludé nada más entrar. — ¿Cómo se presenta la mañana?

Entré en la sala de esterilización, noté que él entró detrás de mí.

—Bueno, está movidita, hay que operar al perro de la señora Smith de urgencia, Alissa está preparando el quirófano.

Martin me pasó varias bolsas de material estéril que yo iba metiendo en la maleta de emergencias.

—Así que nos hemos levantado con ganas de actividad hoy ¿no?—Cerré el maletín y me dispuse a salir.

—Parece ser, déjate este en tu coche. —Me dijo Martin desde la puerta. Asentí.

—Cuando vuelvas hablaremos de las vacaciones de Navidad. —Se me hizo un pequeño nudo en el estómago.

—De acuerdo Martin, y así…bueno, hay algo más que te quiero comentar.

Me metí en el coche, y empapada, porque no dejaba de llover, arranqué.

El fin de semana antes de Navidades nos iríamos a Miami, a pasar unos días en la playa. Así cargaríamos pilas para las fiestas. Justo el día de Noche Buena llegaríamos a Detroit, y por fin conocería a sus padres. Según decía Edward, Esme, su madre, estaba ansiosa por conocerme, sería la primera chica que Edward llevara a casa.

Ese apunte desencadenó un aumento de tensión en mi cuerpo, después de cómo había lidiado Edward en mi casa, con mi familia, yo no podía ser menos, pero claro, en esas circunstancias yo me solía convertir repentinamente en un ser asocial y tímido.

Yo esperaba que, aunque fuera por obra divina, conectara con sus padres solo la mitad de bien que Ed lo había hecho con los míos, con eso me conformaba

Edward y Charlie se llevaban muy bien, habían conectado, tenían en común el gusto por el baloncesto.Era genial ver como se compenetraban. Se notaba que a Charlie le gustaba Edward, me hacía gracia que le llamara hijo, y que tratara de defenderse de las mujeres de la casa poniéndole de su parte.

Me acordé de Acción de Gracias y me reí, lo mejor sin duda fue el largo fin de semana que pasamos solos en casa, la de veces que llamaron al timbre y nos negamos a abrir, haciendo ver que no estábamos, cuando lo cierto era que no salimos.

Tras su proposición firme de irme a Nueva York estuvimos hablando horas, finalmente quedamos en hacer las cosas con la armonía necesaria para que no fuera precipitado.

Mi novio insistía que Sally estaba más que dispuesta a que me incorporara inmediatamente a la Clínica.Llevaba casi cuatro años trabajando con Martin, era como un segundo padre para mí. Había aprendido mucho a su lado, era un gran profesional. Iba a resultar duro dejarle.

Pensé en hablar con mi jefe a la vez que decidiéramos las vacaciones de Navidad. La idea era esperar hasta finales de Enero para que encontrara a alguien, y yo en Febrero instalarme con Edward.

Siendo sincera conmigo, no me ponía nerviosa empezar a vivir con Edward, es más, estaba deseando. Casi lo que peor me ponía era pensar en comunicárselo a mis padres en Navidades, sobre todo a Reneé, que ella daba por supuesto que de haber algún cambio Edward se vendría aquí.

Llovía sin parar, tuve que reducir la velocidad del coche, me encontraba a menos de diez kilómetros de las cuadras.

Estaba atenta a la carretera, los limpiaparabrisas iban veloces sobre el cristal, apenas daban abasto, pensé que debía de parar, sabía que tras la curva había un área de servicio. Si seguía con esa fuerza, pararía y llamaría a Martin para decirle que tardaría un poco más.

De repente y a cámara lenta un camión salió de la curva, la cual  tenía escasa  visibilidad, derrapando, con el remolque casi adelantando a la cabina.

Silencio, mis oídos dejaron de escuchar la radio. La adrenalina recorrió todo mi cuerpo en décimas de segundo provocándome un sudor frío por todo el cuerpo, y sentí los pinchazos en las extremidades que me informaban de que algo no iba bien.

Miré a los lados, no había espacio, no entendí la situación. Me sujeté al volante.

Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos ante la macabra realidad. Sabía lo que estaba pasando y quedarme con todos los detalles como si hubieran ralentizado la película de mi vida me estaba diciendo lo que iba a pasar en segundos.

Mi mente se llenó de imágenes…

Las palabras de mi madre aconsejándome, los arrullos de mi padre, las risas con Alice, las maratones de estudio  con Ángela, las preguntas de mis tías, los abrazos, las fiestas en la facultad tras los exámenes, las palmadas de Martin después de  una operación complicada, la sensación de orgullo de mis padres ante mis logros, los secretos con Rose, los besos de Edward, las miradas cómplices, los planes con él, nuestras manos unidas,…la sensación de felicidad…arrebatada…

Silencio…

Poco a poco y sin reaccionar, abandonada al momento, el camión se me echó encima.

No más silencio…

Un ruido de hierro doblándose, atronador, inundó mis oídos.

El dolor insoportable sumergió mi cuerpo en la inconsciencia.

Cerré los ojos.

Y vi sus ojos.

Sus ojos verdes.

Mi paz…

Negro…

Todo negro…

Edward…

Capítulo 17

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