#48#

—Edward…Edward…—Bella balanceaba a Edward que dormía emitiendo un pequeño ronquido contra su cara.

Llevaba un rato demasiado largo  sintiendo las contracciones. Hacía ya semanas que le habían retirado la medicación y le informaron sobre esto. De hecho las había sentido la semana pasada, pero por su corta duración no les había dado importancia, claro está, después de que la Doctora Jackson, le quitara el susto del cuerpo.

Edward no se meneaba y Bella sentía que lo que le estaba pasando ya no era algo normal.

—Dios mío…Edward…. —siseó cerrando los ojos con fuerza e incorporándose para quedarse sentada.

Edward ni se inmutaba.

—¿Será posible?—La contracción alcanzó su punto álgido y Bella le pegó un manotazo en el brazo que inconscientemente trataba de abrazarla.

—¿¡Qué!?—Se incorporó de un susto y al notar que Bella no ocupaba su lugar en la cama, dio la luz de la mesilla. — ¿Qué pasa?—Se la encontró de espaldas inclinada hacia delante y sin emitir ruido alguno, le pareció que ni respiraba. Acto seguido la sintió hacer unas respiraciones profundas.

—La leche que te han dado Edward. — Le dijo entre dientes.

—¡Bells!—Salió de la cama, medio tropezándose y se puso en frente. — ¡Ya viene!— Sintió la adrenalina como un disparo cuando vio que Bella asentía. —¡¡Madre mía!!—Se llevó las manos a la cabeza. — ¿Qué hacemos?— Preguntó desesperado, como si no entendiera nada de lo que estaba pasando. Bella le miró.

—Yo. Parir. Tú. No tengo ni la más remota idea. — Observó a un perplejo Edward parpadear entre el sueño y la realidad.

Se levantó como un autómata y sacó del armario la bolsa que llevaba preparada por lo menos mes y medio.

—¿Te visto?— Le miró alarmado. Bella negó, con un brazo alcanzó la bata de tejido polar y trató de pasársela por los brazos. Edward acudió en su ayuda.

Edward ayudó a que se acomodara en el coche, algo que fue complicado para Bella; entre la bata, el abrigo, la bufanda que Edward se empeñó en ponerle y el gorro que le enfundó hasta las cejas.

—Vale. — Cerró la puerta y el aliento quedó colgado dentro del coche. —Vámonos, tranquila preciosa, lo tengo todo, absolutamente controlado.

Bella se hubiera echado a reír si hubiera podido, porque Edward estaba sentado, con el pelo revuelto, una marca en la cara producto de las sábanas arrugadas sobre su piel, y los ojos queriéndose salir de las órbitas por el susto que tenía en el cuerpo.

Bella fue respirando todo el camino, consiguiendo bastante tranquilidad. De todas las veces que había pensado en el parto, esta realidad le sorprendió. Estaba ansiosa por ver a su niña, y sentía cada contracción como bienvenida por la llegada inminente de su pequeña.

—Tranquilo cielo. —La dulce voz de Bella en esos momentos tranquilizó a Edward que alertó con el claxon al único coche con el que se encontraron en el camino hasta llegar al hospital.

—Claro, claro, si estoy perfecto. — Miró de reojo a su chica y se percató de la enorme sonrisa que llevaba en la cara. Tras volver la vista a la carretera y volver a mirarla se dio cuenta que estaba de nuevo inmersa en esa situación dolorosa que suponía una contracción.

—Son muy seguidas. —Alcanzó a decir bajo el aliento.

Entraron en urgencias y apenas sin que se dieran cuenta ya estaban en la sala donde Bella tendría que dar a luz.

Todo había sido rápido, Ariane Jackson se encontraba allí, y tanto Bella como Edward se preguntaron internamente si esa mujer tenía vida propia. En seguida le habían metido en la sala y Edward se había vestido, para entrar, de una manera casi robótica.

Edward estaba nervioso, solo se aferraba a la mano de su chica pensando en lo valiente que era, y en lo absurdo que se sentía sin poder manejar, ni su cuerpo, ni su mente. Su hija estaba en camino, y para ello Bella iba a sufrir, pensaba que se iba a caer al suelo del colapso.

—OhDiosMíoOhDiosMío…aquí viene…— Edward la observó mientras apretaba.

El fotógrafo, completamente nuevo en la experiencia que tenía entre manos, miró hacia su izquierda, Ariane estaba entre las piernas de Bella, además de una oronda señora y un chico que parecía demasiado joven para estar ahí. Sintió un impulso de acercarse a ese chaval y golpearle en la cara por estar mirando esas partes de Bella que él consideraba suyas…

Pensó en su niña saliendo por ahí, y se dio cuenta  de nuevo que le faltaba el aire. Le era imposible escuchar lo que hablaban en la sala.

Miró a Bella de nuevo, tratando de sonreír, pero los ojos de pánico formaban parte de su cara. Apretó su mano contrarrestando la fuerza inhumana que Bella hacía contra él. Vio como su cara se ponía casi como la grana, y el sudor bajaba por su frente a raudales, el pelo se le empapaba, y ruidos guturales salían de su pecho.

Estaba claro que para sacar a un ser humano de su interior tenía que convertirse en una bestia, preciosa, pero una bestia al fin y al cabo. La admiración por la valentía que demostraba en cada empuje hizo que el mentón  comenzara a temblarle.

Se acercó a su cara y le besó en la sien.

—Vamos preciosa, eres una valiente, vamos cielo, aquí estoy contigo nena…

Bella empujó una vez más con las directrices de Ariane y en cuestión de segundos la niña cubierta de sangre fue colocada en su pecho desnudo.

—Antía…—Bella vibró al sentirla en su pecho, y se maldijo porque las lágrimas que atesoraban sus ojos no le permitían verla con claridad.

Edward a su vez, comenzó a llorar como un niño. Temblando soltó la mano de Bella que arrulló a la pequeña mientras esta  se amorró al pezón para ponerse a mamar de una manera ávida.

Las miradas de Edward y Bella se cruzaron para volver a mirar a la bebé con devoción absoluta. Edward se agachó de nuevo para poner su cara a la altura de Bella y susurrarle.

—Es preciosa, mira que cosa más linda hemos hecho…es nuestra niña Bells.

—Acabo de enamorarme locamente Edward…mírala…

Mientras  la felicidad flotaba en el ambiente, y los padres  miraban obnubilados a su pequeña, entró una enfermera para retirar a Antía y lavarla, una vez que ella se cansó de mamar.

Bella sentía el sopor atenazando su cuerpo. El sueño le arropaba sin querer, a pesar de que lo que ella quería era que le trajeran a su pequeña de inmediato. No había tenido suficiente de ella.

—La quiero conmigo…—Susurró a Edward que sorbía la nariz completamente emocionado.

—Lo sé preciosa, pero…tienes que descansar un poquito. —Pasó su mano por la frente. Ajustó el cobertor que le habían puesto tras limpiarle y le besó derramando en ese beso todo el amor y la admiración que sentía por ella. —Sabes que estoy orgulloso de ti, que te quiero más que  a mi vida, y que no podría estar más feliz en este momento ¿verdad?

—Mmmm. —Bella estaba ya más en los brazos de Morfeo que al lado de Edward.

Cuando Edward salió a la sala de espera para dar la noticia se dio cuenta de que no había avisado a nadie, y que en casa no se habían percatado de que se habían ido. Ni siquiera se acordaba de si habían hecho o no ruido, pero no debió de ser así, ya que nadie se levantó mientras salieron de casa.

Estaba pletórico, y le importaba bien poco que no hubiera nadie conocido para decirle que era el  padre del ser más… ¿bonito?…en cuestión de belleza no podía decirlo de su pequeña ensangrentada, pero estaba convencido de que era perfecta, fea y arrugadita, su bebé era perfecta.

Se percató de que el móvil tampoco lo tenía consigo, entonces se acercó al teléfono de esa planta que estaba ocupado. El chico que lo hacía colgó y se volvió hacia él.

—¡He sido padre!—Le dijo Edward colmado de alegría y sin poder contenerse.

—Enhorabuena, yo he tenido gemelos. —Le contestó con la misma cara de alucinado que Edward. —Y he reventado el móvil mientras metía a mi mujer al coche. —Señaló la cabina como justificándose.

—¡Ah!—Dio riendo sin dejar de asentir como un idiota, se sentía en conexión con el chico que tenía delante. —Yo me lo he dejado, sin más. Bueno, voy a avisar a casa.

Se despidieron con una palmadita en la espalda y Edward habló con su madre.

—¡¡No me lo puedo creer!!…¡¡¿Cómo no has dicho nada?!!…¡¡Carlisle, despierta!!…Somos unas marmotas hijo…—Esme se lamentó por no haberse dado cuenta.

Edward entró en la habitación de Bella con un enorme ramo de rosas blancas. Esperaba que estuviera dormida todavía, quería que despertara con él en la sala, pero se encontró que estaba despierta y con Antía en brazos.

—Viene papá. —Le susurró a la pequeña que descansaba en los brazos de su madre.

—Mis preciosas mujeres. —Se acercó y dejó las flores en una mesa.

Besó la frente de su hija con ternura infinita para después alzar su boca a la de Bella y depositar un casto beso en los labios.

—¿Cómo está mi vida?—Le susurró.

—Feliz—Sonrió llena de amor. —Feliz de tener a las personas que más quiero en mi vida junto a mi. —Edward no se pudo resistir a besarla de nuevo, esta vez con un poco más de ímpetu, el justo para retirarse a tiempo y volver la vista a esa pequeña que habían creado.

—¿Has avisado a alguien?—le preguntó Bella en un tono bajo.

—Mis padres vendrán en un rato, me traerán el móvil.

—Rose se va a poner como loca cuando le digas que ya llevamos aquí bastante tiempo.

—No le temo. —Bromeó Edward tocando con delicadeza las manos de la niña, la cual se aferró a su dedo por acto reflejo, pero a Edward le pareció que era un signo de reconocimiento.

—¿Quieres ir con papi?—Bella besó su frente y se ahuecó para pasarla a sus brazos.

Edward la recibió nervioso y lleno de júbilo, todavía no era consciente de todo lo que significaban  lo que estaba pasando. Inspiró con fuerza  mientras sujetaba a la niña siguiendo los gestos que Bella le indicaba.

Cuando se sentó con ella la miró detenidamente. Los labios pequeñitos como una fresita se movían despacio. Abrió los ojos y movió las manos, entonces Edward volvió a llorar porque sintió que las emociones le sobrepasaban. Los meses atrás esperando que todo pasara y que fuera bien habían terminado así, con esa pequeña regando su s vidas de felicidad absoluta.

Bella les miraba perpleja, con la perenne sonrisa en su cara.

—Sois lo más bonito que he visto en mi vida. —Les susurró tras permitirles esos momentos entre ellos.

—Menuda familia de preciosuras somos, desde luego. —Bromeó Edward alzando la cara y parpadeando varias veces para dejar de llorar.

—¿Las flores?—Preguntó Bella mirándolas sobre la mesa.

—Son para ti. —Dijo sin levantar la vista de Antía.

—Amo a mi pequeña. —Rió Bella. —Pero voy a sentirme celosa si me regalas flores sin dejar de mirarla. — La risa sonó tan llena de amor que Edward se unió a ella, observándola con un afecto que superaba todos los niveles.

—Son rosas blancas preciosa, para ti, para decirte como bien dice su color, que esto es para siempre, que nosotros seremos para siempre.

—Oh…—Bella hizo un puchero y de nuevo volvió a llorar de forma descontrolada. Pero la sonrisa volvió a su cara.

Tocaron a la puerta y Esme asomó la cabeza.

—¿Se puede?—ambos papás asintieron y entraron. — ¿Cómo estás hija?—Esme alcanzó la mano de Bella y se la apretó con cariño.

—Bien Esme, bueno…—Miró a la pequeña. —En la gloria.

Ambos besaron a Bella para luego volverse a Edward.

—Mi nieta…—Se agachó para ponerse a la altura de Edward, sintió que su madre quería cogerla. —No me la vas a dejar ¿verdad?—Esme le miró solícita.

—No. —Dijo quedo. —Es mía, no me apetece soltarla. —Se carcajearon de Edward el cual volvió su vista a la bebé. — Además, a ella le encanta estar con su padre…—Dijo mostrando su dedo cogido en el puñito.

A la mañana siguiente, la habitación se encontraba llena de flores y globos y cestas de bebé. Rose y Emmet se habían vuelto locos, además de Esme, que se había frenado durante la estancia de Bella en la casa, y ahora había desatado su locura con la ropa y accesorios para la niña y Bella.

Edward salió de la habitación tras comprobar que Bella estaba conforme de recibir a Kate. Su hermana le había pedido por favor que le preguntara si estaría dispuesta a hablar con ella. Había esperado a que ella diera a luz para hacerlo, no quería tratar el tema, que suponía incómodo para Bella.

Sofía entró la primera, asomando su carita curiosa por la puerta.

—¿Tía  Bella?—Susurró dejando ver solo su cabeza.

—Pasa corazón, ven a conocer a tu prima. —Bella la sostenía en brazos, pues ya había terminado de alimentarla.

—Ez muy pequeñita ¿no?—Dijo subiéndose de pies a la silla que estaba pegada a la cama e inclinándose para verla. — ¿Puedo darle un besho?—La niña trató de no pronunciar la z.

—Claro cielo. —Bella se la acercó y Sofía depositó un beso tierno en su frente…—Y ahora yo quiero otro. —Solicitó Bella.

Después de besarla y quedarse fijamente mirando a su prima tendió el brazo y le mostró la cuerda que ataba el globo rosa a Bella.

—Ez rosha porque ez niña. Y porque a mí me guzta mucho el rosha.

Kate que se había quedado en un segundo plano en la habitación tras la entrada de su hija se acercó a la cama. Para agarrar el globo y atarlo a la silla.

—Hola Bella. —Le sonrió, todavía avergonzada de la situación.

—Hola Kate. —Bella le devolvió la sonrisa. —Mira Antía, aquí tienes a tu tía. — Le habló a su hija para de alguna manera hacer sentir a Kate que ella no tenía nada que reprocharle, y menos en este momento.

—Yo tengo veztidoz de muñecaz roshass, te loz puedo dar para la prima. —Sofía le tocó el puñito con el dedo índice sin dejar de mirarla.

—Es preciosa, tiene el pelo claro, como Edward. —Añadió Kate.

—Sí, yo creo que se parece a su papá. Es una belleza.

Edward entró en la habitación y sonrió a las dos mujeres.

—Sofía, te voy a llevar a un sitio lleno de bebés. Vente conmigo.

—Pero yo prefiero a la prima. —Rieron con la espontaneidad de la niña y Edward se acercó hasta donde ella estaba y la alzó en brazos.

—¿No quieres estar con el tío?—Le puso un puchero.

—Vale, pero me guzta mucho…—Se quedó pensando mientras miraba a la niña por encima de su hombro.

—Antía. —Le dijo Edward cariñoso. — Chicas, me la llevo un rato. —Con un guiño cómplice salió de la habitación.

Kate inspiró profundamente y Bella rompió la tensión.

—¿Te importaría ponerla en su cuna?— Kate negó sin perder la sonrisa tímida, Bella parecía querer hacerlo fácil y ella lo agradecía.

Depositó a la pequeña en la cuna y se sentó  en la silla que estaba pegada a la cama. Sacó de su gran bolso un paquete envuelto en papel brillante y se lo dejó en la cama.

—Es…algo para vosotros.

—Gracias Kate.

Lo abrió y se quedó extrañada al ver una tela elástica y de algodón fuerte, fucsia y verde pistacho.

—Es para llevar a Antía con vosotros, es una especie de mochila pero con diferentes posiciones dependiendo del tamaño de la nena.

—Ah. Había visto alguno de estos por internet.

—Supongo que en la playa, en el hotel y demás, te sería complicado andar con el carro de un lado para otro, así que pensé que esto sería, cómodo. —Se encogió de hombros.

—Muchas gracias Kate. —Le devolvió realmente agradecida, porque en cierta manera ni  siquiera lo había pensado, ella se veía cargando gustosamente con su niña en brazos a todos los lados.

—Bella…yo…quisiera disculparme por todo lo que en su día dije sobre ti.

—Kate…—Bella negó tratando de que no lo hiciera, con recuperar el tiempo perdido le era suficiente.

—No Bella, déjame hacerlo. Supongo que estaba ciega y …enamorada…Solo quiero que sepas que estoy feliz de que estés con Edward, se siente que te ama, y no puedo dudar de que tu eres una buena persona, además de…una víctima …con…—Ni siquiera quería nombrarlo.

—Ya está Kate. Ambas lo fuimos y… solo espero que Sofía y tú seáis felices con la decisión que habéis tomado. Yo no tengo que perdonarte nada, las circunstancias te llevan a ciertas cosas, y nadie puede asegurar que no se comportaría de un modo otro, dada la situación. Lo importante es que hemos llegado a un entendimiento. —Bella sonrió y se miró las manos en un intento de darse valor para zanjar el tema del cual ya no quería seguir hablando más. — ¿Sería muy precipitado si te pidiera un abrazo ya?

A Kate se le iluminó el semblante y se levantó dispuesta a hacerlo. Hacía semanas que hubiera querido entrar a su habitación en la casa de sus padres, pero no quería alterarla.

—Gracias Bella. — Se fundieron en un abrazo mientras ambas respiraban profundamente, sintiendo que habían deshecho el nudo tenso que entre ellas se había formado.

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