#28#

—¿Seguro que no te quieres quedar unos días más?—Rose sentada en la cocina con un café le miró haciéndole pucheros. —Me encanta tenerte aquí, aunque estés en plan adolescente con Edward.

—En serio Rose. —Le miró sonriendo y con un brillo precioso en los ojos. —Tengo que irme, llevo quince días aquí y es el momento. —Cogió una pasta de té y la mordisqueó deleitándose en su sabor a mantequilla. — Edward puede acompañarme, y no me quiero ausentar mucho. Sé que Vasu y Jacob están al pie del cañón, pero como cuando sea mamá, quizá necesite más tiempo para mí y mi pequeño, prefiero cumplir mientras pueda. —Le quitó la guinda del centro y la dejó en el plato de su taza. — Además, nos queda esta tarde juntitas.

—¿Cuánto tiempo se queda?

—Tres días, tiene un reportaje en Australia, se va a pasar un mes con una tribu aborigen de la zona norte. —La mirada le cambió.

—Le echas de menos sin que se haya ido. —Le dijo Rose asombrada.

—Parece ser…ahora que me he acostumbrado estos días a que esté, se me hará difícil…—Se encogió de hombros y bebió de su batido de helado de chocolate.

—Pues será la tónica de vuestra relación ¿no?—LE cogió la mano por encima de la mesa.

—Así es. En vez de ir a parar a Nueva York en sus periodos de descanso, vendrá a Pemba. —Sonrió. —Si todo va bien claro, tenemos que tener en cuenta que no nos conocemos a pesar de todo esto que ha pasado.

—¿Estás enamorada de Edward?—LE preguntó suavemente. Bella se quedó mirando su vaso medio lleno. Hizo gestos contradictorios con su cara y finalmente miró a Rose achicando los ojos.

—¿Si?— Era la primera vez que lo admitía en voz alta.

—A mi no me lo preguntes nena…afírmatelo tú. —Apretó su mano.

—¿Sabes?, creo que lo he estado casi desde el primer momento que lo negué…

—¿Y él te ha dicho algo?

—No estoy segura de que él sienta lo mismo.

—No claro. —Ironizó Rose. —Como que no se le ve, otra cosa es que te apetezca estar ciega con él…

—No seas así. —Le reprendió. — Creo que tenemos una atracción fuerte, le gusto, y que lleve un hijo suyo en mi hace que se quiera esforzar al máximo, pero de ahí a que sienta lo mismo que yo.

—Que sí, que sí. Que lo que tú digas, que paso de desasnarte, total, el tiempo pone cada cosa en su sitio.

Bella se quedó pensativa, no se podía admitir a si misma que él estuviera enamorada de ella, no le había dicho nada, le había demostrado con creces, durante esa semana, que le apoyaba, que le deseaba y que se había acordado de ella durante este tiempo lejos, pero era poco tiempo para saber más. Otra cosa era ella, que sin querer había caído en las redes de ese hombre antes de proponérselo, y que el estar embarazada de él le habían dado un vínculo especial.

—Y cuéntame tú. —Interrumpió sus pensamientos. — Vamos a cotillear sobre ti y Em. —Movió las cejas y le sonrió. Acto seguido los ojos de Rose chispearon.

—Ay…nena. Es genial, no me puedo creer que de aquello saliera lo que tenemos ahora. —Rose levantó y se fue hacia la cafetera. — ¿Otro batido?—Bella negó. — Cuando llegamos aquí ya te dije que la idea era tomárnoslo con calma, pero fue imposible, las dos primeras semanas se las pasó viviendo prácticamente en mi casa. Éramos como perros…

—¡Rose!—Se escandalizó Bella.

—Me has pedido cotilleos, y que tú seas una mojigata que no cuenta sus encuentros con Edward no significa que yo no los cuente. Me encanta fardar, y más si tengo tanto de que hacerlo. —Estallaron en una carcajada.

—Vale, dejo de reprenderte, prometido. —Levantó la mano en señal de juramento solemne mientras sonreía.

—El caso es que la tercera semana decidimos darnos un tiempo y un espacio, nos propusimos  comenzar con citas, para saber si además de en las artes amatorias puras , éramos compatibles a nivel social, ya sabes, estar en una bar sin tocarnos, o pasar una comida completa sin guarrear con los alimentos.

—Sois increíbles. —Bella negaba asombrada.

—Pues te voy a advertir una cosa, como no te dejes llevar por tu imaginación y por la de Edward vais a aburriros mucho.

—¿Y tú que sabes?—Fingió indignación.

—No sé, eso de que te asustes de nuestros juegos…

—Rose, nosotros estamos empezando a conocernos. Tenemos algo importante entre los dos, y tenemos que hacerlo con pies de plomo.

—Ya pero no solo dormís juntos ¿no?

—Bueno, desde que llegó…—Bella quedó pensativa. —Nos hemos acostado dos veces.

—¿¡Solo!?

—Si…¡Joder que tenemos que ir despacio!

—Tú estás tonta, ¿pero es que no te apetece?

—No me toques las narices, ¡claro que me apetece!, si te soy sincera no saldría de encima suyo, pero tengo que contenerme. ¡Leches!— Rose se sorprendió del enfado repentino de Bella y comenzó a reírse como una demente. —Yo no le veo la gracia. — Bella le miró de soslayo.

—Yo si…—Siguió riéndose. —ME apuesto las orejas a que Edward se muere por follarte cada vez que te ve y se reprime porque tú no te insinúas, por lo tanto…estáis los dos tontos haciendo el tonto. —Y continuó riéndose. —Ahora os vais a Pemba, con el calorcito que hace todo el día en bañador a miraros de lejos a dormir juntitos y a aliviaros por separado, —Se tapó la boca para seguir riendo. — Te recomiendo la velocidad tres de la alcachofa…—La risa estruendosa de Rose revotaba por las paredes de la cocina y a Bella toda su retahíla comenzó a hacerle gracia.

—Si es que yo creo que esto de las hormonas me tiene loca, a ver que a mí el sexo me gusta…y él lo sabe, aunque solo sea por las veces que nos acostamos en la isla, créeme batí mi record. Pero te lo juro que ahora parezco una perra salida…— Y Bella explotó con Rose, poniéndose una mano en el estómago porque no podía parar de reírse.

—No me puedo creer que todavía te creas lo que te está contando. —Edward en el salón de su casa encaraba a Kate mientras Esme y Carlisle no salían de su asombro.

—¿Cómo sabes que ese hijo es tuyo?— Kate atacó a su hermano sin miramientos.

—Ni lo dudes. —Destiló ira en cada palabra.

—Chicos por favor, sentaros y calmaros. —Carlisle instó a sus hijos a la tranquilidad. No le caía bien James, y menos después de haber dejado a su hija en un estado deplorable, pero todo esto era demasiado.

—¿Sabes que él volvió a por ella diciéndole que estaba separándose de ti?—Soltó Edward afilado.

No podía creerse que esto estuviera pasando. Sabía que James se estaba aprovechando del amor que Kate sentía todavía por él, para volver sobre sus pasos.

Kate se quedó pensativa, no quería creer a su hermano, porque por encima de todo seguía enamorada de su marido, y deseaba con todas su fuerzas que lo que le estaba contando fuera verdad, aunque esto dañara la relación que Edward había comenzado con Bella. Ella no conocía a la que decía ser la madre del hijo de su hermano, y con esto conseguía deshumanizar su figura hasta tal punto de repudiarla, contando con que para ella, Bella había sido la culpable de que James y ella vivieran esta desagradable situación.

Cuando James vio a Edward y a Bella en una cafetería de Manhattan, dedicándose miradas que traspasaban la piel, los celos y la ira se apoderaron de sus entrañas, ideando un plan en el cual, él recuperaría a una enamorada Kate y dañaría tanto a su cuñado, al que odiaba de una manera irracional, como a Bella, de la que no se había podido olvidar.

—Mira Edward, esa chica te ha podido contar lo que quiera. Le estuvo llamando durante los seis meses que él despareció de su vida, diciéndole que estaba embarazada, que tenía que volver con ella. — Kate temblaba mientras lo contaba, la tensión del momento y los ansiolíticos le producían una extraña sensación.

—Tranquilízate cielo. —Esme se puso a su lado y le abrazó haciendo que se calmara.

—Cuando volvió y se dio cuenta que era falso lo de su embarazo, le dijo que tú ibas a contarme todo porque lo sabías, y que o se divorciaba de mi, o conseguiría a través de ti que yo me pusiera en su contra hasta quitarle la custodia de Sofía. —Le miró desafiante, creyéndose todas las palabras que James le había contado. —Te está manipulando, y quien te dice que ese hijo es tuyo Edward…—Estaba más calmada.

—Menuda sarta de sandeces y mentiras sin pies ni cabeza Kate. — Edward se levantó y caminó hasta la ventana. —No creo ni una palabra de ese farsante. Y no me cabe ninguna duda de que ese hijo es mío.

—Lo que esa mujer quiere es tu dinero, al igual que en su momento quería el de James. —Siseó Kate viendo que su hermano no claudicaba.

—¡¡Maldición Kate!!—Mesó sus cabellos y la encaró de nuevo. —¡¡Tiene su propio hotel!! Tú misma lo viste, ¿acaso crees que necesita más?— Miró a sus padres de nuevo. — Hacer que entre en razón, ese tío es un embaucador, y la va a destrozar, además de a toda la familia. Fue un error no contarte todo esto antes de que ese tío se pusiera a decir gilipolleces. — Estaba agotado de toda la situación de la que llevaban una hora discutiendo sin llegar a ningún sitio.

—Edward…—Esme se llevó la mano a la boca.

No sabía que pensar. Veía a su hijo con una luz, como nunca había visto, sabía que deseaba y amaba a ese niño con todo su ser, y a Bella, aunque él no lo hubiera expresado abiertamente. Pero era cierto que no sabían nada de esa chica. No sabía si creer a James, Kate lo hacía ciegamente, y desde que había vuelto a hablar con él, había mejorado notablemente en su depresión, pero para ella no era fácil. Solo veía un enfrentamiento  radical entre sus dos hijos que estaba destrozándole el corazón.

—¿Cómo puedes confiar en ella? ¿De cuánto tiempo la conoces? ¿Un par de meses? ¿Menos? Dijo Kate desdeñosa.

—No me hace falta más Kate. —Le dijo tranquilo y mirándola  a los ojos. —Solo espero que te des cuenta que James no es buena persona, porque alguien que hace esto, y pretende separarnos como hermanos, con mentiras, no es bueno. ¿A santo de qué vuelve? ¿Por qué ahora no quiere el divorcio? No es trigo limpio.

—Porque me quiere.

—¿Acaso no te quería cuando llegó y  te pidió el divorcio por teléfono sin pensar en el daño que te iba a causar?— El tono subió.

—Esa le había amenazado. —Dijo con menosprecio. Edward espiró con fuerza.

—Créete lo que quieras, se está a provechando de tu situación, sabe que estás mal y lo está utilizando. No tiene sentido todo esto. —Metió las manos en el bolsillo y salió del salón. —Me voy a hacer la maleta, mañana sale mi avión, y de verdad, paso de todo esto, todo caerá por su propio peso.

—Hijo. —Carlisle se levantó y se acercó a Edward antes de este subiera las escaleras.

—Qué papá—Se volvió con gesto cansado.

—No te puedes ir así…—Carlisle tampoco sabía que pensar, no sabía si confiar en lo que James decía, a pesar de saber que el criterio de su hijo era muy acertado normalmente. Pero tampoco quería posicionarse y dañar a su hija que sabía que se encontraba en una situación delicada.

—¿Y cómo solucionamos esto?—Le miró interrogante.

—No lo sé Ed, pero esto no puede separaros. Sois hermanos por el amor de Dios. — La impotencia de Carlisle era visible.

—Lo sé papá, y yo no quiero que esto me separad e Kate y de Sofía, pero entiende que tengo que defender lo que es mío. — Se sitió complacido formando parte de la familia que estaba creando. — No conocéis a Bella, y por ello podéis pensar lo que queráis, si la conocierais os daríais cuenta de su pureza. Todo eso que cuenta James son mentiras. Lo que yo conté nada más llegar de allí es lo que pasó. A mi Bella ni siquiera me dijo nada después de que viera a James, me fui sin hablar con ella. No entiendo toda esa patraña que cuenta de que le amenazó para que se divorciara porque con mi ayuda le iban a quitar la custodia. — Agitó las manos asqueado. — Creo que Kate se va meter en la boca del lobo, en serio que yo no me he inventado nada, ¿de qué me serviría mentirme?, no soy un estúpido papá. –Puso la mano sobre el hombro de su padre. — Ayudadla a ver cómo es James, el tiempo pone todo en su sitio, pero a veces tarda tanto que provoca mucho dolor.

Carlisle miró a su hijo, había madurado tanto en un par de meses, que la admiración por el se despertó en su pecho. Sin decantarse abiertamente por su versión le habló seriamente.

—Voy a hacer lo posible por deshacer este entuerto. Ten paciencia con Kate, no está bien.

Edward asintió y se dio la vuelta para subir a su cuarto, solo quería ver a Bella, toda esta historia le estaba minando la paciencia, y aunque pensaba que no afectaría a su vida con ella, la situación en su familia era diferente. Si Kate creía a su ex marido y se volvía atrás con la demanda de divorcio, dejándose llenar la cabeza por las sandeces de ese tío, la distancia entre los dos hermanos, iba a ser enorme.

Pensó en un momento ir a buscar a James y reventarlo a golpes, pero tenía que contenerse, al fin y al cabo, toda esta mentira caería, pero a qué precio… si ese bastardo  arruinaba la vida de Kate y de su sobrina no le quedaría más remedio que ir a buscarle y hablarle más de cerca que nunca.

Tenía que controlarse, no podía ser tan visceral,  ese tipo provocaba que sus instintos más bélicos afloraran sin control.

El móvil sonó mientras Edward terminaba de meter las últimas cosas en su petate.

—¿Qué pasa Em?

— ¿Qué planes tienes para esta tarde?, se que es el último día en la Ciudad, ¿plan familiar o…te puedes escapara un rato a tomar una cerveza con un amigote al que vas a tardar en  ver más de lo habitual?—Chantajeó Emmet.

—¿Es que me quieres hacer llorar o algo por el estilo?, si además sabes que ceno en casa de Rose, y duermo allí. —Contraatacó el fotógrafo.

—Cuando estás con Bella estás atontado. — Contestó el periodista. — Quiero una tarde de chicos.

—La verdad…—Se alborotó el pelo tratando de despejarse. —…es que me vendrá bien.

Se despidió de su madre con un abrazo intenso, la tristeza en su cara se podía vislumbrar a leguas, y él odiaba que esto quedara así, pero sentía que no podía hacer nada, y la impotencia de sus padres también era algo visible. Ponerse en contra de lo que James decía haría que Kate se inclinara hacia su ex, provocando la ruptura total con la familia.

Carlisle le miró con ojos comprensivos, y para Edward le bastó esa mirada para saber que estaba más inclinado a creerla él, aunque sabían del miedo que padecían ante Kate.

—¿Para cuándo nos veremos hijo?— Esme tenía los ojos brillantes, disfrutaba tanto de su hijo en casa, que no se podía creer que ya se iba y que esta vez iba a tardar más que las anteriores. Además de la desazón que quedaba en su cuerpo tras el altercado esa misma tarde entre su hijos.

—No lo sé, ya sabéis que ahora pararé en Pemba. Hasta que dé a luz…Siempre podéis venir a vernos, y así la conocéis. — Le habría gustado que Bella fuera a su casa y conocer a sus padres. Así ellos tendrían una imagen real de todo lo que él contaba de ella, pero tampoco quería ponerla en una situación tensa, y ella se ponía intranquila cuando se lo proponía. — Hablamos ¿vale?—Le besó en la mejilla.

—Cuídate cariño…y cuídala…—Lo último lo susurró, y Edward sintió un descanso interno con aquella simple palabra. Supo que su madre le creía.

Kate por su parte no salió del salón, incluso impidió que Sofía corriera hacia su tío a abrazarle, algo que a la niña le provocó un gran berrinche, porque no comprendió a su madre y adoraba a su tío.

—¿Y se lo vas a contar a Bella?—Los dos amigos charlaban en la barra del bar, en el que solían encontrar siempre que coincidían en New York.

—Ella no puede solucionar nada, ese cabeza buque va a continuar mintiendo para dañar. Me niego a que ella sufra por esto. —Dijo fastidiado. Era absurdo alterarla con algo que no eran más que mentiras, y de momento no quería involucrarla.

—Entonces nada, no lo vas a hablar.

—No de momento. No creo que vaya a venir nadie a Pemba para contárselo…aunque visto lo visto y lo reducido que puede parecer el mundo por momentos…— Quería aparentar que estaba siendo fuerte frente e todo esto, pero se sentía agotado.

—No te vuelvas, Irina está justo detrás de la columna del fondo. — Emmet apuró su cerveza.

—No te digo yo…Los astros confabulan para joderme la vida o algo así, solo faltaba que esta tipa venga a tocarme las pelotas. — Edward agachó la cabeza no tanto para ocultarse como para rendirse ante el día que estaba viviendo. Por lo menos hablar con Emmet sobre lo que había pasado con Kate era algo que le había relajado.

—Pues la morenita de pelo corto le acaba de avisar.

—No jodas. —Le miró asustado.

—Viene hacia aquí.

—¿Por qué no será ya mañana?—Sonó a súplica y Emmet le entendió perfectamente.

—Edward…—La voz sibilina de Irina entró en sus oídos recordándole que era una serpiente. Este se volvió lentamente haciendo girar el taburete. Emmet hizo el amago de levantarse y Edward le miró haciéndole un gesto para que no lo hiciera.

—Irina. —Dijo quedamente.

—¿Después de más de dos años a si me saludas?

—¿Acaso te mereces algún saludo diferente?

—Sigues dolido…—Ladeó la cabeza y se mordió el labio, el tono era pueril, y a Edward le asqueó.

—Hace muchísimo que no Irina, no eras tan importante en mi vida.

—Vamos…no seas tan empecinado…éramos la pareja perfecta.

—Éramos…—Edward le sonrió irónico.

—HE oído que tienes novia, y que está embarazada. —Edward alucinó con la fuerza que tenían los cotilleos en una ciudad como Nueva York. — ¿Te tengo que dar la enhorabuena o el pésame?

—¿Por qué no te vas a tu nido de víboras sin más y te dejas de formalismos?, ambos sabemos que de bien educada y de formal tienes poco. —Sonrió irónico.

—Edward…Edward…no te recordaba tan cortante…

—Pues quédate con esto, contigo soy así, y no hay más— Se volvió hacia la barra. — Y ahora por favor, que es lo único que te voy a pedir de forma cordial, lárgate. — Le dijo sin mirar.

—Estúpido. ¿En serio crees que vas a ser suficiente para ella?, para mí no lo fuiste. — Se marchó airada.

—Explícame que veías en esa zorra estúpida para durar tanto con ella. — Emmet hizo una mueca de asco.

Edward, que pensaba que todo eso había quedado atrás, sintió su seguridad tambalearse. De repente las cosas se habían puesto tan difíciles que parecía que esa vida no le correspondiera.

¿Estaba preparado para ser padre? ¿Para ser una pareja segura? ¿Sería lo que Bella necesitaba? ¿Estaría a la altura de las circustancias? La inquietud de sus pensamientos colonizó cada parte de su cuerpo.

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