#43#

—¿Pero la van a dejar ingresada?— Edward estaba realmente preocupado por Kate, todo esto le hacía querer ir a buscar a James y darle una paliza.

—No. —Esme habló tratando de ocultar su nerviosismo. —La llevamos a casa, pero la medicación la deja casi sin voluntad…

—No sé si será bueno que pasemos la noche allí, quizá nos quedemos con Rose…

—No Edward por favor, es Noche Buena, los planes siguen igual. Está Sofía que no entiende nada y por ella debemos mantener la normalidad.

—De acuerdo. Os quiero. —Edward quería remediar algo del dolor que la familia padecía, algo le hacía sentir culpable, aunque no lo fuera en absoluto.

—Y nosotros hijo. Esta tarde nos vemos aquí ¿vale?, y por favor que Emmet y Rose os acompañen.

Bella no pudo evitar escuchar la conversación de Edward, este se había ido a la cocina para que ella no se despertara, pero al ir a por agua se quedó tras la puerta y con la tensión en su cuerpo escuchó atenta a todo.

LA mano volvió a acariciar su vientre de manera casi inconsciente, tratando de calmar las molestias puntuales que sentía desde hacía unos días atrás. De hecho ni siquiera le había apetecido volver a tener sexo con Edward desde el día de la exposición, y eso era algo raro en ella.

Estaba convencida que el hecho de que fuera el día de Noche Buena le estaba proporcionando más estrés de nuevo, y no estaba por la labor de pedirle  a Edward no pasar la noche con sus padres.

Respiró profundamente y caminó de vuelta a la habitación. Pensó que si se tumbaba y relajaba en la cama, cederían como siempre.

Edward no volvió al cuarto, se preparó un café y  se quedó mirando a la nada mientras apoyado en la encimera daba vueltas al café. Su hermana y su sobrina ocupaban su mente provocando un torbellino de sensaciones.

—Buenos días Ed. —Emmet entró en la habitación en bóxers y con los ojos hinchados de dormir.

—Em. —Salió del trance y le saludó levantando las cejas.

—¿Todo bien?—Abrió la nevera y sacó el brick de zumo.

—Han tenido que llevar a Kate a urgencias con una crisis de ansiedad.

—Joder. — Em no supo que decir, aquello se le escapaba de las manos.

—Pero van para casa, sedada, pero a casa al fin y al cabo.

—Quizá sea mejor que Rose y yo…

—No, que va, mi madre me ha pedido que por favor vayamos a pasar la noche allí, por Sofía, por ellos…Además Kate está sedada en la cama.

En ese momento Rose entró en la cocina.

—Buenos días chicos. —Se acercó a Emmet con mirada ladina y atrapó sus labios en un apasionado beso. Él respondió aturdido en un principio pero sin problemas en el transcurso, poniendo su mano en el trasero que su culote del pijama no tapaba.

Edward se sonrió y se puso de espaldas a la escenita de sus amigos, ni siquiera se molestó en carraspear, estaba en su casa, en su intimidad, simplemente les dio el tiempo necesario para que el decoro llamara a sus calientes mentes y pararan.

—Mmmm…buenos días. —Emmet le susurró al oído una vez cortado el beso mordisqueando su cuello con dulzura.

—Esto es por lo de anoche. —Ronroneó Rose de vuelta presionando su abdomen contra su miembro semi—despierto por el despliegue de sensualidad matutina.

Como si de repente se diera cuenta de que no estaban solos Rose se apartó de su chico y se dirigió a la máquina de café.

—¿Qué tal habéis dormido?—Preguntó a Edward que se volvió hacia ellos sonriendo pícaro.

—¿Al margen de los ruidos en la pared?—Levantó una ceja interrogante.

—Si. —LE devolvió resuelta. —Al margen de eso. —Sonrió poniendo una taza en la máquina.

—Pues bien. Tengo que agradecerte tanto que nos acojas por aquí estos días.

—¿Estás tonto? Estoy…—Miró a Emmet. —Estamos felices de teneros.

Edward miró a Emmet interrogante.

—Vamos a vivir juntos. —Soltó el enorme chico con una extensa sonrisa.

—Eso es estupendo. —Edward levantó la tacita de café solo.

—Debería sacar el escocés de 10 años para brindar.

—Sí, las diez de la mañana es una buena hora para un escocés. —Bromeó Edward.

—Esto no nos lo hubiésemos planteado hace un año, me refiero a la hora. —Rebatió el moreno.

—Entonces no brindaríamos porque te fueras a vivir con una chica.

—Ni tú estarías entregado como marido fiel a la madre de tu hijo.

—Si golfos—mujeriegos—rehabilitados. —Rose se sentó en la mesa. —Brindad porque somos tan especiales para vosotros que habéis dejado de ser cófrades del Santo Ligón. —Dijo solemne levantando su café con leche.

Emmet brindó con su zumo.

—También brindo por este nuevo Edward que estoy conociendo.

—Mejor o peor.

—Depende. —Respondió y bebió de su vaso. —Si  hablara el Emmet de antes que necesitaba de tu destreza y elocuencia con las tías, la elección sería peor si duda. —Rose rodó los ojos y se levantó de la mesa para salir de la cocina negando para sí, dejándolos solos.

—Pero me habla el  Emmet que va a vivir con Rose. —Sonrió el fotógrafo.

—He de admitir que te estás convirtiendo en un gran… ¿marido—papá? Y tengo que decantarme por mejor. —Le miró con orgullo.

—Gracias amigo. Podría decir lo mismo de ti, quitando el papá ¿no?

—Quítalo, quítalo. Nosotros usamos métodos para que eso no pase de momento.

—Como si Bella y yo no lo hubiéramos hecho.

—Seguro que compraste condones normales y necesitabas extras o algo así…—Emmet rió como un demente y Edward negó con la cabeza esforzándose por no carcajearse igual, pero no lo consiguió.

Tras unos minutos riéndose el silencio quedó suspendido en la cocina, cada uno evaluando lo pasado en esos últimos meses.

—¿Sabes esa sensación de tenerlo todo?—Edward rompió el silencio. —ME refiero a saber que no quieres ni necesitas nada más que lo que ya tienes  a tu lado.

Em asintió sonriendo, podría decir que él se sentía igual.

—Bella es todo lo que quiero, lo que necesito, y lo siento aquí. —Su mano señaló el pecho. —Es posible que parezca un gilipollas, hace meses ni se me ocurriría decir todo esto en alto, pero es que es tan intenso. ¿Para qué reprimir mis ganas, mi amor, mi necesidad por ella? Tío, si solo ansío resultarle tan transparente, que la confianza que deposite en mi se plena. Que me quiera como soy, siendo yo.

—Joder…me vas a hacer llorar tío. —Bromeó Em.

—No me jodas, ¿te has visto  mirar a Rose? Porque no sé si te has dado cuenta, pero anoche, rodeado de mujeres impresionantes, solo tenías ojos para ella. Y eso quiere decir…

—Que estoy completamente jodido.

—Entiendo por jodido enamorado. — Dejó  la taza vacía en la pila.

—Si…, como sea. —Le costaba admitirlo en voz alta. —Estoy aterrado. Te veo a ti tan seguro con todo. Me refiero. —Le miró directamente a los ojos. –No solo te admites a ti mismo todas esas cursiladas que has dicho, sino, que además, a va a ser padre y estás como si te pasearas… Tranquilo. Y yo estoy acojonado. —Caminó hasta la ventana, para mirar la calle, y para confesar todos su temores a tumba abierta. —Me vengo a vivir con ella… ¿y si sale mal?, ¿Y si me deja porque hago las cosas como el culo?…me quedaré hecho una puta mierda…

—Habla bien tío, haz el esfuerzo. —Le reprendió Edward quitándole dramatismo a las palabras de Em.

—¿Propósito de futuro padre?

—Sí, de año nuevo. —Se puso a su lado. — Solo se tú. No reprimas nada, eres un gran tío y lo sabes, y ella te quiere así. Supongo que las cosas no son fáciles, pero si la quieres no te engañes y muéstrate. —LE dio un ligero empujón en el hombro. — Mira, si me tengo que parar a pensar, mi cabeza podría explotar. Bella y yo no estamos teniendo una relación lo que se dice muy normal. ¡Vamos a ser padres!, y esto supone un gasto extra con apenas siete meses de relación. Es decir, empezamos poco menos que con el pack completo. Pero…con ella, y por ella, afrontaré las cosas como vengan, eso sí , dándolo todo.

—Joder con el maduro…Hace menos de un año ibas de cama en cama, sin repetir ni una sola noche y ahora…—Negó incrédulo, aplicándose esas mismas palabras a si mismo pero mentalmente. — ¿Te has dado cuenta que tus padres te miran y no se lo creen?, la otra noche en la exposición  era alucinante. Era como si vieran un espejismo de su hijo con las atenciones a Bella.

—Lo sé…solo espero que esta situación en casa cambie para que todo esté en equilibrio. —No pudo evitar pensar en su situación familiar en esos momentos.

Bella no se había metido otra vez a la cama, estaba algo asustada por las sensaciones que estaba notando en su abdomen. Por momentos reconocía los dolores como si le fuera a bajar la regla, pero se pasaba en seguida.

El móvil sonó ronco contra la mesilla. Estaba puesto en silencio, pero la vibración contra la madera de la mesilla le hizo prestarle atención. Lo descolgó sin mirar la pantalla.

—¿Dígame?—Preguntó distraída mientras acariciaba su abultada tripa.

—Bella. Necesito verte. —Era James. —Esto no va  a quedar así, te lo aseguro.

—No…—Susurró y colgó dejando caer el teléfono al suelo.

Se quedó inmóvil, el pánico invadió su pecho y se extendió por el cuerpo como si estuviera incorporado al torrente sanguíneo. Notó el corazón acelerado, y el estómago se le encogió, el dolor de sus entrañas se acrecentó mucho más que lo que había sentido antes. Sujetó su barriga y abrió la boca, pero ahogó el grito en su gesto doloroso, como si por el pinchazo profundo, se hubiera quedado sin respiración.

Comenzó a sentir que el dolor descendía. La respiración se volvió agitada. Quiso calmarse, y lo hizo inspirando lentamente y soltándolo despacio. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Ese dolor ya no era normal, quizá los anteriores tampoco, pero este en concreto lo había sentido como si le arrancaran las entrañas pulsando sobre su bebé.

Rose llamó a la puerta y ella se incorporó en contra del cabecero haciéndole pasar.

—¿Estás remolona Bells?—Con una gran sonrisa se sentó al lado de Bella y sorbió el café.

Le miró a la cara y se quedó rígida. Bella no parecía estar remoloneando en la cama.

—¿Estás bien?—Rose se levantó de inmediato y dejó su taza en la mesilla.

Bella negó cerrando los ojos, las lágrimas bajaron veloces por sus mejillas.

—Me duele…—Dijo susurrando, sujetando su tripa. Estaba desconcertada. Por la mente le corrían tantas cosas, su bebé…

Rose se abalanzó a la puerta de la habitación para abrirla y gritar el nombre de Edward a todo pulmón. En cuestión de un segundo este apareció por la puerta seguido de Emmet.

—Bella…—Se acercó a ella y de repente ella relajó el rostro.

—Creo que ya estoy bien. —Dijo en un hilo de voz. No quería asustarlo tanto como estaba ella, pero era tarde, porque Rose había llegado en un momento en que no podía negar que estaba mal.

Recibió un beso en la frente de un Edward preocupado y sintió sus varoniles manos sujetar su cara con infinita ternura. Tenía la frente perlada de sudor.

—Confía en mi ¿vale?— Le susurró contra su boca y le besó queriendo confiar en que todo iría bien, con un miedo atroz que no demostraría en ningún momento delante de ella. —Vamos a urgencias. Ya. —Concluyó  tajante, sin esperar réplica.

Emmet salió de la habitación para prepararse. Edward comenzó a sacar ropa del armario para Bella

—¿Te ayudo a vestirte?—Rose acercó con el pánico grabado en su cara.

Bella asintió porque pensaba que si se movía el dolor volvería. Lloraba en silencio mientras la cabeza le hervía.

Edward paseaba nervioso de un lado para otro en la sala de espera, bajo la atenta mirada de Rose y Emmet. Hacía un rato que había desaparecido por las puertas abatibles en una silla de ruedas y no sabían nada.

El futuro padre quizá no estaría tan nervioso, si el estado en el que había ingresado, fuera distinto. En el momento en que llegaban al Hospital, el episodio doloroso de Bella volvía a repetirse y ella no cesaba de sufrir por su hijo y padecer un dolor para todos inexplicable. No podía ponerse de parto, no cuando faltaban por lo menos doce semanas para salir de cuentas.

La mente de Edward bloqueada en una única imagen, le provocaba un daño irrevocable. Era incapaz de soportar ver a Bella sufrir. Viéndola en ese estado solo deseaba absorber su dolor y padecerlo él para evitárselo a ella por completo.

Se acercó al mostrador con una furia incontrolada. Emmet saltó como un resorte tras él.

—¿¡Me puede decir alguien de este maldito sitio qué mierda pasa con mi mujer y mi hijo!?— El bramido hizo que la mujer tras el mostrador se sobresaltara en la silla.

—Tranquilícese caballero, en cuanto se sepa algo será el primero en ser informado.

—Ed tío. —Emmet le cogió por los brazos y le retiró.

—¡Aquí no tienen corazón!, ¿acaso no entiende que la incertidumbre me va a reventar los nervios?… ¡Díganme algo!—Edward seguía gritando mientras Emmet lo retiraba con un gran esfuerzo.

Comenzó a hiperventilar y cerró los ojos.

—Ed por favor, así no haces nada, en cuanto se sepa algo…—Una médico acompañada de un enfermero atravesaron las blancas puertas por donde Bella había entrado.

—¿Edward Cullen?—Casi sin escuchar su nombre se acercó a ellos, seguido de Rose y Emmet. — Mi nombre es Ariadne Jackson, soy la ginecóloga que ha tratado a su mujer. —Edward asintió nerviosamente esperando que dijera algo que le sacara de la espiral dañina en la que su cerebro primario estaba inmerso. — Isabella está bien…

—¿El bebé?— Respiró con la primera noticia pero necesitaba una segunda confirmación.

—La bebé está bien. Isabella ha sufrido una amenaza de parto prematuro. Ella está estable, le hemos puesto un tratamiento para relajar las contracciones y lo único que ambas necesitan es un reposo absoluto. —La mirada amable de la Doctora y sus palabras hicieron que Edward respirara tranquilo. No había procesado toda la información, solo las palabras están bien resonaban en su dolorida cabeza una y otra vez.

Rose se metió entre los brazos de Emmet sintiéndose desfallecer tras los momentos de tensión vividos durante la mañana. A ella no le había pasado desapercibida que la Doctora Jackson había dicho ambas, es decir que venía niña. Se sonrió ligeramente, Edward estaba tan en shock todavía que parecía no haberse percatado.

—¿Puedo verla?—Preguntó ansioso.

—Sí, la han subido a planta. Habitación 518. Pero es bueno que descanse.

—Gracias. —Edward sujetó la mano de la Doctora y junto con sus palabras, sus ojos derramaron gratitud.

Edward abrió la puerta de la habitación y odió ver a Bella tan vulnerable. Dormía con una cara tranquila, tan diferente a su última visión.

Pensó en todas las situaciones tensas que habían pasado esos días, y los últimos en Pemba por la historia de James. Se preguntó si era posible que tuviera algo que ver con eso que había dicho la doctora. La ira amenazó con apoderarse de su raciocinio y trató de calmarla.

Se aproximó a la cama y cogió su mano con delicadeza. Una vía le llegaba al dorso de esta. Acercó sus labios a los nudillos suaves de su pálida mano. Los besó con ternura. Miró su hinchado abdomen, y despacio, sin casi tocarla, acarició a su hija por encima de la sábana que le cubría.

Se había sentido tan desamparado pensando que pudiera pasarles algo a ambas. Entonces se dio cuenta que hablaba de las dos en femenino con una certeza mayor que antes. Recordó la voz de la Doctora y se sonrió dándose cuenta de que era porque se lo habían confirmado. La garganta se le cerró y la vista se le nubló al ser consciente que las tenía con él, que estaban bien.

—Hola…—La voz adormilada de Bella le hizo volver a mirarla.

—Preciosa. — Se acercó hasta su rostro y besó su frente.

—¿El bebé?—La voz ronca de Bella denotaba el rato que llevaba sin hablar. Con movimientos lentos llegó hasta su propia barriga para cerciorarse de que estaba ahí.

—Está bien, todo está bien. — Sintió como las lágrimas se escapaban de sus ojos y sonreía mientras tanto. —Las dos estáis bien. —Le susurró  para después depositar un casto beso en sus labios.

—¿Las dos?—Bella casi se echó a reír de nuevo por la insistencia de Edward con el sexo del bebé. Pero se encontraba cansada incluso para eso. Aunque lo tenía más que incorporado, pues ella también se había dirigido así a su bebé cuando se encontró con la Doctora.

—Si preciosa, es una niña. — Bella levantó la mano y secó las lágrimas de Edward, lágrimas de liberación. La tensión se había ido de su cuerpo.

—OH…— Los ojos de Bella empezaron a brillar. Las caras de ambos eran unas enormes sonrisas, quedando el miedo de hacía unas horas relegado al olvido.

—Ahora tienes que descansar de manera absoluta. Y yo me voy a encargar de ello.

Bella asintió y alzó de nuevo la mano a la mejilla de Edward.

—¿Sabes que te amo?— Tenía la necesidad de hacérselo saber, era junto con su hija lo más importante de su vida, y allí estaba, a su lado.

—Lo sé, pero me encanta oírtelo decir. Yo también te amo, y ahora duerme un rato, no me moveré de aquí.

—Ed…—Tenía que decírselo, él le miró sonriendo. —James me llamó, antes de venir aquí.

A Edward le faltó el aire.

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