Capítulo 12

31 Agosto.

Bella POV

—Estás guapísima, Bella. — Mi tía Hilary me abrazó efusivamente cuando me bajé del coche.

—Gracias, tía—Trataba de ocultar un claro gesto de agobio.

No es que no me gustara ir a ver a mis tías, pero la semana que llevaba sin ver a Edward me estaba pasando factura, había creado una dependencia a ese chico que ni siquiera la veía sana. El haber estado hablando con Rose sobre su viaje a Nueva York me había puesto peor, me había entrado un anhelo imparable tras escuchar sus planes de vuelo.

—Desde luego que sí, ¿qué te has hecho, Bella?—Mi tía Jackeline me abrazó.

—No, no me digas más. —Hilary abrazaba a mi madre sin parar de hablar. —Se ha echado novio.

Tragué seco, la percepción de esta mujeres me dejaban pasmada.

—Algo tiene que haber, desde que vino de vacaciones está realmente extraña, Charlie anda con la mosca detrás de la oreja, no para de decir que está tan guapa como cuando yo estaba embarazada…—Aportó mi madre, la miré desconcertada, no sabía ese dato de mi padre.

—¿Embarazada?—Mis tías preguntaron a la vez.

Negué mirando a las tres, que soltaron el aire, aliviadas. Me fui al maletero, tratando de hacer caso omiso a las tres mujeres que no cesaban el parloteo.

—¿En serio Bella?—Mi tía Jackie, con la cual me llevaba muy bien y tenía mucha confianza, se puso a mi lado para ayudarme con las bolsas. —¡¡Jesús Bendito!! Qué traes aquí ¿ladrillos?—Hizo una mueca de espanto al cargar con mi mochila.

—Son libros, tía. —Le sonreí cambiándole la mochila por la bolsa de mamá que pesaba menos.

—¿Una tonelada de libros para tres días?—Exageró. —Sobrina…estás un poco…—hizo el gesto con el dedo en la sien. Reí cerrando el maletero.

Mi madre y Hilary se metieron en la casa de dos plantas sin parar de hablar.

—¿Y bien?—Preguntó mi tía de nuevo.

—Y bien, qué…—traté de sonar despistada.

—Si embarazada no estás… ¿hay alguien aquí?—Me señaló el pecho a la altura del corazón.

Desvié la mirada, azorada, gesto suficiente para que mi tía entendiera que sí.

—Oh Bells…—puso una sonrisa tierna. —Me lo tienes que contar. —Me guiñó un ojo, cariñosa.

Mi móvil vibró en el bolsillo, me paré en la puerta mientras mi tía entraba en casa.

—Ahora entro tía.

“Hola linda hadita de los bosques…si te doy el poder de convertirte en mariposa… ¿vendrás a posarte sobre mi mano? Te extraño cada segundo de mi día”

Los mensajes de Edward conseguían cambiar mi estado de ánimo. Todo el agobio pasado momentos atrás se había disipado, él me transmitía una sensación de paz y dicha que me alegraba el momento.

Con una sonrisa tonta en los labios y mis mejillas calientes, me senté en el asiento de piedra que había en la entrada de la casa.

Releyendo el mensaje por sexta vez, sonó el móvil, la primera impresión es que sería Edward, pero al mirar la pantalla bien me di cuenta que era Alice.

—Hola Allie—Contesté tratando de ocultar la decepción de mi voz.

—Vaya, esperabas otra persona…—Afirmó.

—¿Ya ha llegado Jasper?—Cambié el tercio.

—No todavía, llega sobre las diez, no ha podido coger un vuelo antes. ¡¡Estoy atacada Bells!!—Gritó la última parte.

—Me das una envidia…

—¿Ya estás en Milford?

—Exacto.

—Bueno, mi llamada es para una duda. Voy a hacer el brownie que haces tú siempre, pero…primero no tengo báscula, y segundo ¿le puedo echar almendras o nueces?

—Vale Allie, me dejas anonadada, la tipa más sana de este lado del planeta ¿haciendo un postre hipercalórico?—Le pregunté con burla.

—¿Tienes una idea de cómo voy a quemar absolutamente todas las calorías?—rió al otro lado de la línea, me hice una idea y me volví a golpear mentalmente por la diferencia de nuestros planes. —Vamos, no me vaciles, contéstame…—Rogó.

—Bien, la báscula es necesaria, imprescindible diría yo, en repostería las cantidades diferencian la perfección de la mediocridad, porque en esto no hay punto medio. Así que hazte con una…y respecto a los frutos secos, nueces, ponle nueces, claro que…le estás sumando calorías…—Reí traviesa.

—¿Quieres detalles de cómo quemaré los extras?—Me picó.

—Joder cómo andas.

—Me ha poseído tu espíritu. —Rió.

—Ya ves, unas llevan la fama y otras cardan la lana. —Rodé los ojos automáticamente.

—Como sea Bella, a mi no me importa cardar la fama, te tengo que dejar que no sé dónde conseguir una báscula.

—Mira que no tener una tú, no me lo esperaba.

Mi madre asomó la cabeza por la puerta de la entrada.

—Bella, dulce…entra, tus tías nos van a enseñar las fotos de su viaje a la India. —Y se metió de nuevo en casa.

—¿Te toca turismo eh?

—Si guapa, disfruta de Jazz, le saludas de mi parte si es que os da por hablar…—Me reí de nuevo.

—Adiós Bells. —Me colgó con una risa cantarina.

—Mmmm…cordero a la miel con castañas. —Me relamí ante el plato que había puesto mi tía en el centro de la mesa.

—Para una vez al año que vienes a casa, ¿Cómo no voy a complacer a mi sobrina favorita?

—No tienes otra, tía. — Le saqué la lengua jugando con ella.

Estábamos las cuatro sentadas en la mesa, una vez que mi madre nos sirvió, yo me dispuse a probar el manjar de manjares.

—Bueno sobrina favorita. —Dijo con soniquete. —Cuéntanos qué tal ese chico que tienes escondido.

Mi tía Hilary abrió la veda de las preguntas indiscretas.

—Dejadme cenar, por favor. —Dije poniendo pucheros.

—Así que lo hay ¿no?—Mi tía no desistía.

Sabía que de este tercer grado no saldría impune, así que no me resistí más. Quería cenar un poco tranquila.

—Está bien, —les miré con parsimonia, ninguna me quitaba ojo, metí el cordero en mi boca y lo degusté—…mmm delicioso. —Esperé a tragar dejándolas con la incertidumbre. — Si, hay alguien.

—¡Hija mía! ¿Y cómo no me lo cuentas?—Mi madre saltó ofendida.

—Mamá—Rogué, ahora no iba a soportar una escenita de celos fraternales.

—Cariño soy tu madre, después del rato en el coche ¿cómo no me lo has contado?

—Bueno Reneé, al fin y al cabo lo ha contado, ya sabes cómo es tu hija. —Tía Jackie le quitó hierro al asunto. —Déjale que se explique bien. ¿Es guapo?—Me preguntó animada frotándose las manos.

Entonces ya no lo pude reprimir más, una sonrisa bobalicona se plantó perenne en mi cara.

—El más guapo…—dije soñadora.

Edward POV.

—¿Qué hacemos en la sección de libros Em?— Miré la sección en la que estaba mirando. — ¿Autoayuda?—Le pregunté extrañado.

—No tío—Sacó un libro. —Mira.

—¿Guía de la Sexualidad Femenina?—Le miré sorprendido asintiendo.

—El otro día Jazz me contó que se había leído uno, y que traía a Alice loca diciéndole lo que le iba a hacer—Em comenzó a hojearlo. — Y tío, yo quiero tener a Rose, más loca aún. Que el saber no ocupa lugar. —Dijo tocándose la sien metiendo el libro al carro. —Cuando lo termine te lo paso.

—Nunca está de más. —Le di la razón, todo lo que fuera hacer gozar a Bella tenía preferencia.

Saliendo de la sección cruzamos por los libros infantiles. Vi el libro “El hada de las mariposas”, sin dudar cogí el móvil.

—¡Edward tío!, no meretrases  que Rose llega en un par de horas. —Emmet me apremió.

Me acerqué hasta él.

—¿Tienes pensado qué vas a cocinar?

—¿Cómo?—Me miró vacilón—No Ed, quiero comida hecha, para todo el fin de semana. ¿Por dónde empiezo?—Rodé los ojos.

—Vamos a las delicatesen, por lo menos dale un poco de calidad a Rose. —Negué para mí.

—Si calidad le voy a dar. —Me contestó haciendo un sutil gesto obsceno con las caderas.

—Pero si te acabas de comprar el libro, no te va a dar tiempo a leerlo.

—Eso será para más adelante, este fin de semana toca ¡¡PURO Em!!— Sonrió orgulloso de sí mismo.

“Echo de menos a mi caballero de cabello broncíneo, necesito sus brazos a mi alrededor, su arrullo para dormir, su aliento en mi cuello para soñar. Te extraño Ed.”

Me llegó el mensaje en el momento que entraba en casa. Había estado tomando unos pinchos y unas cervezas con Phil y Chloé, uno compañeros de trabajo.

El mensaje de Bella hizo que mi pecho se ensanchar de gozo.

La extrañaba mucho, no dejaba de pensar en ella durante el día, dos semanas eran demasiado para estar alejados, pero habíamos quedado en seguir con lo que teníamos planeado. El día de vernos llegaría, y yo estaba claramente ansioso por que así fuera.

Marqué su nombre en la pantalla y por inercia le di al botón de llamada, quería escuchar su voz.

—Hola…—susurró.

—Dulce damisela insomne… ¿necesita de mi arrullo?— le pregunté con un tono bajo.

—Necesito su presencia caballero, la cama es demasiado grande y fría. —Me contestó seductora.

—Estoy en la ventana, ábreme que me estoy resbalando. —Rió con un gorjeo adorable.

—Edward…no me digas eso, que me lo creo y luego me decepciono al mirar fuera. Te echo de menos.

—Y yo princesa. ¿Ya en la cama?

—Mis tías están con mi madre abajo, pero ya me duele la cabeza de contestar a sus preguntas varias, les he dejado con su viaje a la India, repiten una y otra vez las mismas historias.

—Son viajeras entonces…se te ha pegado algo de tus tías, las primeras damas.

—Sí, yo viajo con la mente y ellas lo hacen realidad, son solteras, ya sabes, se están recorriendo el mundo. En realidad las admiro, no se les pone nada por delante. Tendrías que verlas, estoy convencida que sacan locos a los lugareños.

—Invítame…—Le reté.

—¿Lo dices en serio?, no sabes cómo son mis tías…—le sentí dudar. —Creo que…es un poco precipitado ¿no?

—Lo sé, pero es que no puedo esperar más a verte. — Cogí una cerveza del refrigerador y subí a la terraza.

—¿Estás subiendo escaleras?

—Sí, me voy a tomar una cerveza mirando las estrellas.

—¿Me dejas cinco minutos y te llamo?

—Claro…pero no te olvides de mí…a ver si me voy a emborrachar solo…—rió al otro lado de la línea.

Podría pasarme horas escuchando su voz, su forma de hablar, tan espontánea con todo,

Me senté en el sillón de la terraza mirando al cielo, al estar en frente de Central Park las estrellas se veían un poco mejor que desde otros sitios, pero aún así la luz de la ciudad era demasiado potente.

Sonó el teléfono a los minutos, la sonrisa volvió mi cara.

—Hola preciosa…cuéntame dónde estás. —Di un trago a mi cerveza.

—Estoy en la terraza encima del porche, da al oeste. Me he puesto una manta, la humedad aquí cala los huesos…—suspiró— y tengo una taza de chocolate caliente. El cielo está plagado de estrellas, está precioso Ed.

—El mío seguro que no tiene tantas, pero prefiero que estén contigo haciéndote compañía pequeña. — Me la imaginaba acurrucada y tapada, con sus preciosos ojos chocolate mirando al cielo. —Cómo te extraño Bella.

—Cuéntame tu día Edward, quiero escuchar tu voz…—me susurró.

—Además de trabajo…estuve con Em, haciendo la compra para su fin de semana del amor…—reí a la vez que la sentí a ella.

—Cargando la despensa para no salir del piso…—afirmó.

—Imagínate, es Em, quería no cocinar nada en absoluto. Después estuve con Phil y Chloé tomando unas cervezas, y ya cené por ahí…

—Chloé…no me habías hablado de ella, ¿otra médica de la Clínica?

—No, ella es la recepcionista, habíamos quedado solo Phil y yo, pero ella, parece ser que  insistió en venir.

—Si yo tuviera la oportunidad también lo haría. —Respondió chistosa. —No conozco a Phil, pero quedar un rato con el médico más sexy del planeta no se puede desaprovechar…¿es guapa?.

—Y eso… ¿Qué más da?—le pregunté extrañado.

—No da igual, quiero saber con qué clase de competencia me las estoy gastando. Quizá debería haber ido allí como Rose, a echar la meadita como los perros y marcarte como mío. —Me hizo reír.

—Tú no tienes competencia Bella, lo sabes ¿verdad?

—¿En serio?

—¿Estás celosa?

—No, estoy mimosa, y que esa tal Chloé haya disfrutado de tu presencia mientras yo he estado aquí aguantando el tercer grado por mi belleza inesperada ¡¡no es justo!!

—Estás haciendo pucheros…

—Si…

—Te quiero Bella. —Escuché cómo tomaba aire y lo retenía.

—Yo también te quiero Ed…me gusta…sentirme así…—susurró. Sonreí, estaba feliz, sin en vez de por teléfono estuviera a mi lado ya no podría pedirle más a esta vida.

—¿Qué es eso del tercer grado?— Cambié de tema repentinamente, si no, era posible que mañana cogiera un avión sin aviso y plantarme allí con ella. Bebí un trago.

—Mi padre se pensaba que estaba embarazada ¿lo puedes creer?—Me atraganté con la cerveza, me incorporé de golpe.

—¿¡Qué!?— Si habíamos tomado precauciones…

—Tranquilo rubio…Que eran suposiciones, que me ven guapísima. —Me tranquilicé. —Es el amor. —Me aclaró. Carraspeé para aclararme la garganta. —¿Estás bien?—Se reía por lo bajo.

—Si…me he asustado un poco…así que el amor… ¿y eso?

—He conocido a un chico estupendo en mis vacaciones, que me hace tan feliz que la belleza me brota por cada poro de mi piel. —Me dijo como si estuviera recitando.

—¿Eso se lo has dicho a tus tías?

—No me ha quedado otra, imagínate, cuando les he contado que eras el chico más guapo del mundo, me han pedido que les lleva a Nueva york a conocerte. —Comenzó a reír.

Estuvimos dos horas hablando por teléfono. Cuando me metí en la cama, agotado del día, estaba completamente seguro que necesitaba a  Bella cerca, que mí día a día sin ella no era viable.

Capítulo 13

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