#3_BRUJA DEL OESTE _

Llegué a casa como si hubiera tenido que ir a hacer algún rescate en alta montaña y hubiera pasado toda la noche entre la nieve y el hielo, literalmente destrozado. Con la diferencia de que no tuvimos ninguna salida, y no lo agradecí porque me pasé dando vueltas en la cama toda la noche pensando en cómo encararía el tema de la paternidad con Bella. En lo que ella estaría pensando tras la explosión, y la pequeña charla poco aclaratoria que tuvimos una vez terminado toda esa vorágine extraña en la que estábamos. Si pensaba en eso una niebla enturbiaba todo aquello.

Llegué y me tomé un café cargado, puse la radio para escuchar uno de los programas favoritos que además de música muy poco comercial, hablaba de las noticias con un punto sarcástico y que me hacía reír. La casa estaba recogida, pulcramente, debo añadir, y eso era raro, muy raro. Esto demostraba que Bella había estado tan ansiosa que le había dado por hacer limpieza general en mis horas de guardia. Los nervios se me acumularon como un nudo perenne en el estómago.

Pensé en la llamada de Jasper la tarde anterior, esa me dejó con la boca abierta y dudando de mi madurez.

—Ed tío, ¿cómo te va la guardia?

—Tranquila. ¿Cómo estás?

—Bueno, bien. La verdad es que mejor que bien.

—¿En serio? Pues es lunes tío, deberías patentar la fórmula que te hace estar así y venderla, te harías de oro.

—Bueno, supongo que tú también podrías estar como yo.

—¿Te refieres al resaca y me estás tomando el pelo? De todas maneras yo no tengo resaca, algo me la quitó.

—Si, a mí me pasó lo mismo. No sé si se puede hablar por teléfono de esto pero…es que estoy que no me cabe un piñón en el culo. —Mis amigos tenían un problema con sus ojetes respectivos y la felicidad.

—Dispara Jazz…—Algo me decía que iba a ver la otra cara a mi moneda de todo esto.

—Alice y yo vamos a empezar a hacer un bebé.

Y así, con esa soltura y esa alegría en la voz me lo soltó. Encantado con la decisión que habían tomado. Pasaron toda la tarde follando como conejos para practicar a pesar de que Alice no estaba en esos días…

Miré el café oscuro y di el último sorbo, frío para mi gusto a pesar de que hacía escasos tres minutos que lo había hecho, pero me gustaba o muy caliente o muy frio. Mientras el líquido amargo llegaba a mi estómago pensé en cómo mis amigos se habían tomado lo de que sus mujeres quisieran ser mamás. Con Emmet había tenido un punto en común, el susto, desde luego, pero Jazz…era otra historia. Él estaba con ello en mente desde hacía tiempo, parecía ser, y eso estaba lejos de tener algún punto en común conmigo.

¿Tan malo sería renunciar a la vida que llevaba ahora con Bella?  Desde que habíamos conseguido nuestros puestos fijos habían pasado cuatro años más o menos, a partir de ahí, compramos nuestro piso, viajamos mucho, en realidad todo lo que podíamos, fuimos a Alemania, Inglaterra, Italia, Grecia, España y recorrimos varios estados en coche, sin ataduras, sin hoteles, con total libertad, perdidos por esas carreteras con solo un mapa y nuestra locura.

Fueron viajes perfectos, siempre a nuestro aire, nunca sujetos a nada ni nadie más que a lo que nos apetecía. Eran viajes de risas, sexo, fiesta, turismo…solo nosotros y el destino. Nos encantaba el ambiente de aventura que nos rodeaba. Llegar empapados a un motel  porque la tormenta era tan intensa que no nos dejaba seguir, y hacer el amor sobre esas camas pequeñas porque no quedaban camas de matrimonio, igualmente empapados y calientes…todavía podía recordar los pezones de Bella sobresaliendo de su camiseta por el agua que le había calado. Cómo se cubrió tras de mí para que el dueño del motel no se fijara en la camiseta que se pegaba a su cuerpo. Me mordí el labio inferior recordando aquello, mientras mi polla lo recordaba igualmente, y eso fue el verano pasado, en septiembre, justo antes de que Bella empezara las clases.

¿Ser padres significaba que eso se iba a terminar? Claro, a ver cómo viajas con niños sin horarios ni lugares donde puedas dormir decentemente,  y sin que la pared parezca que se va a caer porque resulta que estas en un picadero que lleva por nombre Paris Motel y lo has encontrado al pie de la carretera.

La pregunta que me rondaba continuamente y que no me atrevía a formular, tapándola con viajes y coches deportivos era, ¿vas a ser capaz de compartir a Bella? La llamada de Jasper me hizo darme cuenta que mi madurez no era la adecuada para la situación en la que me encontraba, y además, el hecho de que hacía dos días me hubiera corrido dentro de Bella cuando estaba en sus días fértiles, me ponía ansioso. Era posible que ya estuviera encargado, y todo esto llegaría sin acuse de recibo…porque fue completamente involuntario por mi parte.

Estaba hecho un lío. Tenía toda la mañana para aclararme y además preparar la comida a Bella que llegaba a las tres de la tarde, eso me dejaba seis horas para seguir trastornándome, porque  a pesar de que ella ya había dicho, o más bien hecho, un sí a todo esto de ser padres, mi mente gritaba NO, de una manera tan clara y egoísta que me avergonzaba de mí mismo, y a la vez me daba miedo. ¿Y si decirle a Bella que no quería ser padre-todavía provocaba una separación inminente?, para eso sí que no estaba preparado.

Entonces me ponía peor, pensar en que me abandonara abría un dolor en el pecho asfixiante. Joder, no podía simplemente negarme, lo sabía, no te puedes interponer entre una mujer y sus ganas de ser mamá, porque sales disparado… ¿en serio?, ¿Dónde mierda había escuchado yo esa clase de máximas?…Algo me decía que tenía razón, y que si Bella accedía a mis deseos de no ser padres-todavía, la iba a convertir en una infeliz, y más cuando después de su aquelarre del fin de semana, sus amigas habían abierto la veda.

Comencé tranquilo a preparar los ingredientes para hacer una lasaña enorme, necesitaba mantener mi mente ocupada en algo. Y para cuando Bella llegó a casa con un precioso vestido largo y  púrpura, con los libros en sus brazos y un enorme bolso de piel marrón, ya tenía decidido que debíamos hablar largo y tendido antes de que mi mente  y su NO se pronunciara.

Necesitaba tener su punto de vista, hablar sobre por qué hacía dos días no me había consultado que tenía pensado albergar a uno de mis espermatozoides, el más veloz, en su vientre…necesitábamos hablar, y aunque esta vez no era como esas veces que te acojonan cuando llevas poco tiempo, o mucho con tu pareja, era algo tan serio que mi mente calibraba que me podría costar la separación dependiendo de cómo saliera todo.

—Hola. —Su voz tímida se alzó por encima del ruido del extractor. La apagué y le miré a través del vapor del agua que cocía las placas.

—Hola. —Devolví y miré el reloj pensando que se me había echado el tiempo encima.

—He salido antes, han acaparado las dos últimas horas para llevarse a los chicos a una excursión por el bosque con los de biología.

—Pensé que me había demorado. —Estaba temblando como una vara verde. Me moría por ir a su encuentro y besarle, abrazarle y pensar que no estaba pasando nada…nada más que nosotros.

—¿Ni siquiera me vas a besar?…Tan enfadado estás…— Dejó los libros sobre la mesa y se deshizo del bolso mirando al suelo. La sentí culpable.

Dejé la última placa sobre el paño y retiré la cazuela del hornillo. Me acerqué a ella en un impulso y la abracé hundiéndome en ese paraíso de magdalenas de chocolate y vainilla. Besé su cuello, le escuché gemir, o era yo ante su contacto, sus brazos pasaron por mi cuello y me estrecharon como queriéndome hundir en ella. Tras varios besos en su cuello y un “te quiero” desesperado por mi parte, le retiré y besé su boca deleitándome en sus labios blanditos y su presta lengua. Dios…si me faltaba Bella me faltaría el oxígeno.

Así nos quedamos durante un rato largo, besándonos en la cocina, sin soltar nuestro amarre el uno sobre el otro. Y sabiendo que quedaban cuentas pendientes, que esto no significaba que todo volvía a lo que teníamos cinco días atrás.

—Está deliciosa Ed. Me encanta tu lasaña. —Bella comía sin perder comba, y yo la miraba como si solo su imagen me alimentara.

Tenía el estómago cerrado, y el haber estado cocinando me había saciado completamente. De repente verla ingerir el pastel de pasta y carne con esas ganas hizo que una de las alarmas de mi cerebro embotado, el cual tenía la palabra NO en una pancarta gigante, saltara diciéndome: “Come tanto porque ya está embarazada”

Obnubilado estaba con la visión de Bella y sus gestos en cada bocado, hasta que ella se pronunció una vez que se dio cuenta de mi estado catatónico.

—Ed cielo ¿Estás bien?

—¿Eh?— Salí del letargo oscuro de mi mente— Claro…

—Pues come, te has salido con esta. En serio mmm…me encanta, espero que sobre para la noche.

—Hay suficiente, seguro que queda. — Y sabiendo que mi pedazo estaba intacto, sobras quedarían.

—Vamos a comer tranquilos y como tenemos toda la tarde para hablar de eso que tenemos que hablar, —elevó las cejas dando énfasis al ESO— luego hago un café rico y nos sentamos tranquilos en el sofá ¿vale?

Mi Bella, tan dulce y paciente. Lo expuso sin problemas, y a priori no parecía que debiera haberlos. Íbamos a hablar que es lo primero que hacen las parejas antes de ponerse en faena…claro que nosotros teníamos la faena rematada, y Dios no quisiera, en proceso…

Comencé a recoger la cocina mientras Bella cargaba la cafetera, sacando  el paquete de café tostado y molido del frigorífico, si, era allí donde lo metía desde que vio un reportaje sobre el grano adorado en casa, y este decía que guardaba sus propiedades y aromas perfectamente siempre y cuando estuviera envasado al vacío y refrigerado, entonces yo me preguntaba ¿por qué en el súper no estaba con los refrigerados?…

Seguí recogiendo, no era mucho, mientras cocinaba, a diferencia de mi preciosa y desastre de mujer, iba fregando cacharros, y limpiando la encimera. Cuando ella lo hacía, preparaba platos exquisitos, delicatesens, pero deshacía la cocina, sacaba todos los cacharros, y los cuencos, era un completo desastre con el orden.

Sentado en el suelo, pasaba canales sin mirar, recosté la cabeza en el sillón, me gustaba sentarme en la alfombra mullida y esponjosa que Bella se empeñó en comprar y que yo  no quería porque era complicada de limpiar, pero finalmente allí estaba…Como mis espermatozoides en su útero…Joder…el mono-tema acaparaba completamente mi cabeza, y estaba acojonado de obcecarme en la charla que tenía pendiente.

—Mira, he comprado un bizcocho casero de pepitas de chocolate en la panadería, se me ha antojado, tiene una pinta…—Depositó la bandeja con las tazas ya servidas y un plato con pedazos de pastel, esponjoso y…antojo…iluminado con luces de neón se grabó en mi cabeza, a la derecha de la palabra No. Estaba convencido que de esta al psiquiátrico.

Se sentó a mi lado, rozándome con su rodilla y picó un pedazo de pastel pasándome la mitad, siempre hacía lo mismo, era tan complementaria a mí, tan mía…

—Bueno, en primer lugar tengo que pedirte disculpas, estoy mal por lo que te hice, no pensé más que en mí, di por hecho que tú te pondrías como loco por ser papá y yo me lancé sin paracaídas al vacío.

Me metí el bizcocho entero a la boca, excusa burda para que ella continuara hablando y yo continuar en el modo atascado-atascado-por-comida-en-la-boca.

—Actué por impulso, y no está bien. — Puso una mano sobre mi rodilla y me miró directamente  a los ojos. — No quiero que nada se interponga entre nosotros, sé que fue una metedura de pata y que vine obsesionada contando mis días y bueno…—Negó varias veces perdiendo mis ojos. —…La postura de las piernas…

A mí se me arrugó el entrecejo, porque me acordé de eso, de la gravedad, de mis bichos descendiendo por su interior, buscando como locos el tremendo óvulo que se veía en “La Vida es Así”

—Vale…está claro…—no quería seguir pensando en ello. —Disculpas aceptadas. —Suspiré repitiéndome a mí mismo la frase “No quiero que nada se interponga entre nosotros”— Entonces…—Pensé en decirle claramente mis ideas sobre todo esto, pero algo me dijo que si sacaba a colación el tema del R8 y el viaje a Jamaica, se me iba a echar encima, a mí mismo me daba vergüenza en pensar en ello como razones de peso. — ¿Qué vamos  a hacer?

—Creo que lo mejor es ir hablándolo, poco a poco. Yo está claro que tengo ganas, y soy consciente de que para ti ha sido…—Un bajón. —…algo nuevo. —Sí, también valía como definición aplicada a mi sensación. —Por eso vamos con calma.

—Perfecto. —Inspiré profundamente, tras mis pensamientos apoteósicos de ruptura esto era un alivio.

Le miré y sonreí, esa era mi mujer, todo lo hacía fácil, excepto cuando se le cruzaba el cable. Iríamos despacio en esto, lo hablaríamos según surgiera y pondríamos nuestros puntos de vista…

—¿Qué opinas de tener un hijo?—Sentí fasciculaciones en mi ojo derecho, y no eran producto del cansancio…¿Ya? Bella me miraba sonriendo, pero con esa expresión en su rostro de “esto es serio”. ¿Pero no iba a ser con calma?—Es un punto importante en una relación. Somos sinceros entre nosotros y quiero poner estas cartas sobre la mesa… ¿un café?—Joder…¿una tila doble? ¿un mamporro en la cabeza que me deje inconsciente? sirvió las tazas, mientras yo trataba de encontrar mi lengua que calculaba debía de estar rondando por el culo.

Carraspeé intentando sacar voz, pero sin saber que decir.¡¡Di algo!! Gritó mi embotado cerebro. Ya, hijo de puta, piensa algo, que eres tú quien tiene esa función…le respondí…¿Qué pienso de tener hijos? Oh…si…pezones agrietados…un escalofrío erizó mi piel…joder…

—Bells…

—¿Si Ed?— Bien Edward, a lo que estamos, desvía el tema porque no tienes ni puta idea de que opinar al respecto de su pregunta.

—Yo…— Asentí con la cabeza varias veces y mis gestos comenzaron a ser exagerados, lo notaba, estaba perdiendo la capacidad de expresarme verbalmente. — Yo…creo…

—¿Estás bien cielo?—Se llevó la taza a la boca.

—Sheee…lo estoy. —Asentí para darle firmeza a mis palabras. —El caso…es que…

—¿No quieres hablarlo ahora?—Bendita mujer que me cazó en esa discoteca hace años y me hizo perder la cabeza durante un mes en el cual me fui a casa con un dolor de pelotas de mil demonios, cada uno de los días que me besaba con ahínco y no me dejaba más que mantener mis manos en su jodida pero perfecta cintura.

—Prefiero en otro momento…sí. —Respondí mientras mi cabeza se despojaba de la mordaza que tapaba su boca. Era increíble como a la velocidad de la luz había pasado de querer hablarlo a no tener ni idea de que decir.

—De acuerdo, no te quiero agobiar. —Sin dejar la taza en su plato se aproximó a mí y me besó en los labios, sin profundizar para nada, casto y puro.

Decidí salir a correr, Bella estaba corrigiendo exámenes y como era directora de su departamento tenía mucho papeleo que completar dado que estaban a final de curso.
Ni siquiera pensé en la siesta. Quería cansarme hasta la extenuación para dormir como un bendito. Antes de salir de casa observé cómo mientras mi mujer, que sin saber muy bien por qué, llevaba unos pantalones pequeños y pegados a sus dulces muslos, con una camiseta de tirantes, que mostraban más que tapaban sus pechos y sus jodidos pezones, corregía los exámenes distraída, pasando la goma de su lápiz por el cuello y bajo su oreja. Eso puso a mi polla en órbita. Estuve por pegarle un puñetazo, ¿acaso no se daba cuenta que ella todavía estaba con esos días del mes? No, esa pequeña tirana no tenía cerebro.

—Me voy pequeña. —Dije ya en la puerta con mi mente puesta en los veinte kilómetros que iba a correr.

—¿Y lo mío?—Su voz ¿sensual? me llegó desde el salón.

Entré decidido a darle un beso rápido y salir de allí, ¿por qué me encontraba en ese estado?, estaba excitado, cuando lo normal era que mi cabeza y su run-run sobre el tema de tener hijos, me desconectara de la parte que pedía sexo a todas horas.

Me puse a su espalda y ella se volvió alzando la cara. Posé mis labios en los suyos y sus manos agarraron mi nuca apresándome, para desvirtuar mi casto beso y transformarlo en fuego puro del infierno… ¡joder!!…sentí su lengua recorrer mi boca y mi polla volvió a pulsar, encontrándose con el respaldo de la silla y disfrutando del refrote contra la dura superficie.

Corté el beso ¿que se proponía? Me miró sonriendo y se lamió los labios, como si no tuviera suficiente con absorberme el seso desde la boca. Joder, quería tirármela sobre la mesa. Agité mi cabeza, y me di la vuelta.

—Vuelvo en…una hora…—Recoloqué a mi paquete tentado a estrangulármela.

—No te canses amor. —Canturreó desde su sitio.

Sí, claro, en eso estoy pensando…en que entre tú y mi paquete conspiréis contra mí. Pensando que empezaba a tener un problema mental me fui a correr con toda mi energía sobrante, que en esos momentos era mucho, si no resolvía el problema de mi pene con vida propia, siempre podría darme de golpes contra la pared.

Veintitrés kilómetros, sudado, extenuado, y con la cabeza todavía dándole vueltas al tema que sobrevolaba nuestras cabezas en casa. Un hijo…

—Hola pequeña…—Saludé pasando rápido hacia la habitación para darme una ducha antes de besarla.

Frené en seco y retrocedí mis pasos. No me había dicho nada, pero mis retinas captaron durante una décima de segundo su postura en el suelo del salón. Apoyada sobre su cabeza cuello y hombros, Bella elevaba sus piernas hacia arriba en una vertical perfecta. Tragué seco y parpadeé varias veces quedándome en el quicio de la puerta del salón.

—¿Bells?

—¿Aha?—No abrió los ojos.

—¿Qué haces?—Si tenía que decirle lo que pensaba que estaba haciendo, mi cabeza me iba a cortocircuitear. ¿Por qué estaba otra vez en esa postura del demonio? Mi mente se fue a ese tenista famoso al cual tras una mamada le adjudicaron un hijo, el cual se demostró que era  suyo. ¿En serio Ed estás pensando que Bella ha hecho algo parecido? Mi cerebro a un ritmo vertiginoso pensó en si hacía dos noches ella me hizo algo parecido a mi…no…me dormí como un bendito. ¿Se puede eyacular sin despertarte cuando te la están mamando?…no ¿no?

—Yoga…estaba saturada de papeleo. —Dijo con la voz estrangulada por la posición.

El aire entró en mis pulmones y pensé que de la saturación de oxígeno me marearía. Estaba demasiado obsesionado con ese tema, y esto me pasaría factura, estaba desconfiando de Bella.

—Me voy a duchar.

—Edward cielo, ¿estás bien?— Bella y sus grandes ojos marrones me miraron desde el sillón en el cual estaba sentada y mirando la tele.

Yo hacía rato que había dejado de prestar atención a la película de Nicolas Cage, y eso que era la fabulosa “60 segundos” donde salían esos coches geniales que a mí me volvían loco. Pero una especie de imantación hacia Bella me había hecho perder el hilo de la película. Joder… ¿por qué había crecido esa desconfianza con ella? Me seguía atrayendo sexualmente más que ningún otro día, debido a su forma de vestir estos días de inicio de calor, seguro, pero me daba miedo entregarme a la lujuria que desataba en mi…y el miedo a plantearle el uso de condón, y si…miedo a que ella y su apetecible sexo y cuerpo que obnubilaba mi mente me llevara a volver a correrme dentro, y más en esos días.

¿Cuánto se supone que duran esos días en los que los óvulos secuestran espermatozoides para crear niños?, ¿cómo la regla? Sentí unas ganas tremendas de ir al ordenador y googlear todos estos datos, necesitaba información. Y con esas estaba cuando mi mujer se preocupó por mi cara de acelga que la miraba atentamente.

—¿Yo?—Salí del trance.

—No…mi marido Edward.

—Claro…—Volví la vista a la película y escuché sus movimientos hasta que la sentí a mi lado, pegándose a mi cuerpo. Sin dejar de mirar como Angelina y Nicolas espiaban un pedazo de polvo en la pantalla, sentí su cuerpo acoplarse al mío, pasar su pierna por encima de mi regazo, y pegar su caliente y…joder…estaba rozándose contra mí como una gata en celo…

—Ed…—Metió su hombro bajo mi axila y se acopló sin dejar de hacer esos pequeños movimientos. Su susurro en mi oreja me hizo temblar, y su pierna sobre mí, ahora ya, despierta polla, hizo que apretara la mandíbula, menuda hija de puta estaba hecha esa traidora…— Creo que estás tenso…—Siguió susurrando y yo miré atentamente la pantalla, joder, estaban follando en ella.

—Bells…estoy…—Besó mi cuello y lo lamió despacio para luego soplar sobre esa banda húmeda…mieeeerda…era un facilón.

Sus manos comenzaron a acariciar mis pectorales por encima de la camiseta, y sentí su jodido coño caliente contra mí como si me estuviera mendigando casa sin descanso, y yo fuera el presidente de las ONG´s del mundo contra los homeless.

No me dio tiempo…lo juro, no me dio tregua. Bella ya estaba encima de mí y nuestros besos hacia segundos que habían alcanzado la definición de incendiarios. ¿Por qué?, pues porque la carne es débil, y más esa que a mí me colgaba entre las piernas, o más bien debería de decir, esa que ahora opositaba férreamente a entrar en esa plaza fija y caliente que mi mujer tenía entre sus piernas.

Le toque las tetas, esa que me volvían loco, y bajé los tirantes de la camiseta para amamantarme, porque esa mujer no llevaba sujetador, y eso era un pecado capital…y yo…al jodido infierno con ello. Sentí su mano firme rodeando mi pene duro, y embestí contra ella, ¿qué me estaba pasando? Joder…solo quería entrar en ella y volver a sentirla resbaladiza y apretada contra mí…

—Ne…na…— Se aplicó en la masturbación, tanto que no me acordaba de haber recibido una paja así en la vida, su dedo extendió mi primera gota delatora de mi estado, y no me esperé más. Bajé mi mano por su espalda y franqueé los pantaloncitos elásticos, acaricié su culo con ganas, y con mi mano ansiosa le toque sus empapados pliegues, calientes, resbaladizos, se me hizo la boca agua. Esparcí toda su excitación hasta llegar a  su ano, y jugueteé allí sin entrar, sabía que le gustaba, mientras llegaba una y otra vez hasta su sexo.

—Si cielo…—Lanzó de forma húmeda y caliente contra mi oído. Joder, la espiral lujuriosa me tenía completamente absorbido. — Ahora entra en mí…—Lamió mi oreja sin vergüenza ninguna, empapándome no solo esa zona, si no toda mi largura firme que sujetaba contra su entrada.¡¡No podía ser!! No tenía puesto un condón, esto iba a ser otro error demente.

Bella se incrustó contra mí llevándome con ella en esa locura, las fricciones sintiendo su carne sobre la mía…

—Por dios Bells…— Me sentía con las manos atadas.

—¡Dámelo Edward!—Rogó forzándome a mirarla. —¡Dámelo!—eso ya no era un ruego, era una exigencia en toda la regla, ¡¡por dios, otra vez aquí!!

Su cara se había convertido en una cara de bruja verde, como la de Mago de Oz…estaba convencida que los monos saldrían volando tras el sillón sino le daba lo que pedía. Traté de moverme y Bella brincaba sobre mi  polla como si tuviera un muelle. Desesperado intente pararle con las manos pero realmente las tenía atadas a ambos lados del sillón. Intenté gritar, pero no podía, Bella se reía. ¡¡Qué mierda estaba pasando!!

—¡¡No!!—Grité y abrí los ojos parpadeando y encontrándome a Bella en frente de mí con los ojos abiertos, asustada.

—Ed cielo…Ha sido…Ha sido una pesadilla. —Estaba sudando, llevé inconscientemente mi mano al paquete, ese estaba en su posición de relax, casi me dieron ganas de palmearle la cabeza cual perro fiel, había sido producto de mi mente. — Ya está— Acariciaba mi cuello sudoroso con cariño y la miré de nuevo, como si necesitara cerciorarme que la bruja mala del Oeste no le había cedido su cara.

—Joder…—dije casi bufando. —Me he dormido.

—Es que estás exhausto. La guardia, el salir a correr. — Su voz dulce llenaba mis oídos y mi mente completaba sola,…un hijo…— ¿Nos vamos a la cama?—Trepó por mi regazo y me abrazó apoyándose en mi pecho.

Sinceramente, yo estaba reticente a estas muestras de cariño, y no es que no me encantaran, quiero a Bella más que a mi vida, pero todavía estaba en shock tras ese intento de robo de simiente a lo falso…bueno…en realidad mi mente accedió a meterla sin condón, ya no solo no podía fiarme de mi falo, mi mente también actuaba por su cuenta. Esto estaba resultando conspiratorio.

—Si…Vamos a la cama…

_4.

2 respuestas a #3_BRUJA DEL OESTE _

  1. “Polla traidora”, “Óvulos secuestradores de espermatozoide” jajajajaja que ocurrente eres.

    Mujer nunca me habían hecho reír con un escena erótica, pues tu lo hiciste, me reí a carcajada limpia con la pesadilla de Edward, este pobre hombre de verdad se va a volver loco.

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